Voces de tiempos ancestrales

Voces de tiempos ancestrales

“Mujeres indígenas: las que bajaron del cielo” es un libro de reciente aparición que contiene las voces de mujeres pertenecientes a ocho etnias comprometidas en la recuperación de identidades, lenguas, mitos, creencias y luchas. Un texto que propone el registro cuidadoso de memorias ancestrales. 

“Aquí estoy siguiendo las huellas de aquellos que se fueron…
Estoy caminando por la senda de aquellos que se fueron…
sigo el rastro de sus pisadas…
Las huellas de aquellos que se fueron están aquí”
(canto selknam)

Buscarlas hasta encontrarlas: en poco más de dos años viajaron miles de kilómetros, de norte a sur y de este a oeste, para registrar las voces de mujeres invisibilizadas durante siglos; mujeres de diferentes etnias que preservan su identidad, para ellas y para sus comunidades. “Una identidad replegada como condición de supervivencia y símbolo de resistencia. ¿O resiliencia?”, advierten Graciela Pedraza y Yaraví Duran, autoras del libro. 

Autoras en el Año Nuevo mapuche 332

El resultado es un conjunto de testimonios, documentos, canciones populares y fotografías, además de 14 entrevistas, producto de los vínculos de confianza construidos a través de una vasta red de conexiones entre diversas redes indigenistas. “Ganas de hablar, de mostrar el camino transitado y también su urdimbre cultural: costumbres, ritos, creencias, educación, salud, trabajo, lazos familiares, relatos, luchas, desengaños y tristezas… y la decisión inquebrantable de exigir lo que, como pueblos preexistentes, les pertenece”, forman la materia prima en las voces de esas mujeres.

Amancia Qom

Lengua madre

Recuperar las lenguas originarias para que no sean secundarias en el hablar es central. “Las palabras encierran siempre un vacío: genocidio, matanzas, desapariciones, exterminio, tienen un significado tan general que se vuelven abstractas. No hay nombres ni rostros, no hay relato fidedigno. A lo sumo números, a veces aproximados, apenas un redondeo”, perciben las autoras. Ya en la introducción, titulada “La crueldad llamada olvido”, se citan las barbaries que se cometen hasta hoy cuando se habla de “culturas extinguidas o lenguas muertas”. “Algo así fue lo que nos impulsó a buscar las señales de quienes no están ni acabados ni apagados”, dicen las autoras sobre la decisión de escribir este libro.

Lucía sonríe en su jardín

Con el rescate de la lengua comienzan a escucharse los cantos y las palabras: las madres jóvenes de la cultura Qom recuperan una canción de cuna descubierta en las charlas con las mayores; coros de niñxs de la cultura Wichi y Qom interpretan coplas y fabrican sus propios instrumentos de percusión con frutos; una mujer habla de su mitología en la geometría de su tapiz mapuche.

Urdimbres del relato

Para Yaraví Durán, hay temas que las atraviesan a todas: la educación y la vocación de transmitir sus saberes. “La escuela primaria significó, para la mayoría, una experiencia traumática. Fueron niñas discriminadas que en sus casas hablaban la lengua originaria. Ese enfrentamiento las hizo vivir situaciones difíciles y trascendió generaciones; hasta cuando reivindican su identidad, un tema que sus familias ocultaban por miedo a las persecuciones. Ellas, sus hijas e hijos, empiezan a no tener vergüenza de ser indígenas. Y ahora, los nietos y las nietas van a escuelas bilingües. Están restituyendo la lengua oral y escrita y comienzan a buscar la genealogía  familiar, enfatizando la pertenencia a cada una de sus etnias y comunidades”.

Margarita Maldonado y la recolección de ostras.

La lucha por el territorio  es cada vez más fuerte: “El territorio no es sólo el pedazo de tierra que ven los huincas (como les dicen los mapuches a los blancos). Es el agua, el aire, los sitios de enterramientos, la espiritualidad… una cosmogonía diferente. Es la madre naturaleza puesta en un lugar, es en esa tierra donde ellas construyen y recuperan su cultura”, afirma Pedraza. 

Palabra y compromiso

“Las entrevistadas son las portadoras de memoria, las que van al rescate de sus ancestros y comparten su cosmovisión olvidada, mancillada, relegada. Después de miles de kilómetros y miles de preguntas y respuestas, sobrevienen muchas inquietudes: ¿Cómo hacer públicas las palabras privadas? ¿De qué manera proteger testimonios que nos fueron confiados? ¿Cómo respetar ese contrato de confianza y al mismo tiempo hacer visible lo negado, lo que permanece oculto en los pliegues de la historia? Escuchar -en nuestro caso- es más valioso que hablar, porque lo importante es su vida, lo que han decidido compartir. Escuchar y comprender, de eso se trata”. Ese es el desafío de quienes escribieron “Las que bajaron del cielo”: permitir que hable lo que estuvo silenciado para completar la foto de nuestros orígenes.

María. Misión Chaqueña

Voces de las autoras

Las voces que recoge el libro son las de: Lucía Villarreal (comechingona), Luisa Chico y María Ida Millaín (mapuches), Agustina Galian (kolla), Amancia Silvestre, Aureliana González y el colectivo Madres Cuidadoras de la Cultura Qom, Tibisay Kunadami Zamora Aray (wichi-kari’ña), María Palma (wichi), Francisca Mendoza (guaraní), Liliana Claudia Herrera (huarpe), Vanina Ojeda y Margarita Maldonado (selk’nam). Pertenecen a ocho etnias de las treinta y siete reconocidas y tres (según las comunidades originarias) en camino a serlo.

Myriam Mohaded