Ratas madres y embarazos no deseados

Ratas madres y embarazos no deseados

La consigna “cero alcohol” durante el embarazo es insuficiente para un abordaje integral del consumo de sustancias. La vivencia de la maternidad es más compleja que la situación de las ratas-madres con las cuales se investiga el problema en el laboratorio. La educación sexual integral también tendría un papel clave en la prevención.

Por Jimena Massa

La campaña #MamáCeroAlcohol impulsada por la secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones incluyó una serie de flyers y videos publicados en redes sociales y estuvo seguida de un curso on line sobre Embarazo y Alcohol en el que especialistas detallan los efectos del consumo, siendo una de sus posibles consecuencias el síndrome fetal alcohólico. Con base en distintos estudios científicos, se insiste en que no debe haber ningún tipo de consumo durante el embarazo, ya que aún cantidades muy bajas de alcohol pasan rápidamente a la sangre de la mujer / persona gestante y al líquido amniótico del feto, afectando la salud del futuro bebé y aumentando su probabilidad de consumo en la adolescencia y adultez.

“Cuando empecé a informarme sobre los posibles efectos del alcohol me parecía importante trabajar la idea de que en el embarazo ninguna dosis es segura”, explica la bióloga Paula Abate, investigadora del Conicet en el Instituto de Investigaciones Psicológicas de la UNC y autora de algunos de aquellos trabajos citados por especialistas. “Entonces, yo adhería a este mensaje ‘cero alcohol’, que en términos ideales nadie puede discutir. Pero, actualmente, creo que esa postura no alcanza. No sólo porque está anclada en un contexto de laboratorio -las pesquisas fueron realizadas con ratas madres- sino porque la consigna por sí misma no atiende la complejidad de esta problemática”.

En su trayectoria como bióloga investigadora, los primeros estudios estuvieron enfocados en determinar qué puede llegar a aprender el organismo en desarrollo cuando está expuesto a la contaminación del alcohol de la madre. Esas pesquisas de referencia en el campo científico no pueden ser desconocidas, pero Paula también cree necesario advertir sobre los riesgos de extrapolar experimentos de laboratorio a experiencias sociales. “Cuando hablamos de estos efectos, debemos situarlos y hacer referencia a sus contextos de producción. Es importante reconocer, como en cualquier investigación científica, cuáles pueden ser las limitaciones de nuestros experimentos, y en especial si se trata de usarlos como evidencias para formular políticas públicas”.

La investigadora considera necesario informar sobre los efectos del consumo, pero entiende que una campaña no puede limitarse a transmitir esa información a las personas gestantes. “Es necesario indagar en esas historias de vida, qué consumen y por qué consumen, y abordar esas causas con otro enfoque; de lo contrario, se genera una postura acusatoria que puede resultar contraproducente. Pienso, sobre todo, en pibas con embarazos no buscados: sienten que tienen un problema, y encima se sienten culpables de lo que le puede pasar a otra persona”.

En ese sentido, suma un elmento de prevención fundamental: la necesidad de hacer énfasis en la aplicación de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) y en garantizar derechos sexuales y reproductivos, como el fácil acceso a métodos anticonceptivos, a toda la población. “Creo que la ESI, más que cualquier otra campaña, tendría una alta incidencia en el porcentaje de embarazos deseados y en las estrategias de cuidado de las personas gestantes”, concluye.