Puertas adentro: un lugar afuera del mundo

Puertas adentro: un lugar afuera del mundo

Por Soledad Herrera*

Lilia Lardone es una escritora cordobesa que ha publicado novelas, cuentos, poesía y textos para niños y jóvenes. Su primera novela, Puertas Adentro, ya lleva tres ediciones, lo que constituye una rareza en sí misma e impulsa a revisitar esa historia de una familia de pueblo a través de las marcas de género, que también aparecen en su libro Esa chica y en los personajes femeninos de los relatos Vidas de mentira.

La mamá tiene razón, al puchero hay que espumarlo con cuidado para que la grasa no flote. Los ojos siguen el dibujo de esas palabras y nos metemos en otro mundo, el mundo de Ottavia, de su vida puertas adentro. Recluida por mandato, pero también por la convicción de que atender a sus hermanos es su lugar en el mundo: Yo sirvo y escucho, sentarme no me siento porque para qué, sí a cada rato les tengo que alcanzar algo. Solo los miro, mi cuerpo cuchara listo para llenar, repartir, raspar, para atender a mis hermanos porque soy la mayor y ya me quedé para vestir santos como dice doña Concepción… Ella acepta su destino sin chistar, orgullosa de su obediencia.

Lilia Lardone nos da un empujoncito, nos mete en esa casa y cierra la puerta. Adentro, Ottavia nos enseña cómo dice la mamá que se debe hacer el puchero, cómo se usa la plancha, cómo hacer esto y lo otro. Una casa donde el deber ser es una marca de nacimiento: …el lugar de la mujer está adentro de la casa puertas adentro está y yo tengo que atender a mis hermanos sacar la tierra hacer la comida lavar la ropa planchar acomodar coser los repasadores cuidar a la nena, a la calle para qué voy a ir si estoy bien así sin foto ni nada, libreta cívica para votar que voten las otras si quieren.

Lilia nos da otro empujoncito… ¿Lo mando al Ñato a buscar al médico?, pregunta Ottavia, y la madre dice que no, lo que esta desgraciada necesita es una partera, Cristo Santo. Después agrega: Ottavia, que lo traigan a Francisco, que venga, súbito. La voz de la madre, el tono, la orden, súbito, y nos damos cuenta de que la ternura no tiene lugar en esa casa, esta madre es miedo en el corazón de las hijas. Pesa sobre ellas la herencia de un sentido común intra familiar, nadie cuestiona el lugar de la mujer y la que lo hace es una loca… para qué me sirve a mí votar si no salgo nunca, la Milena todavía porque ella escucha por la radio a esa que habla con voz gritona y le gusta cuando dice que todas las mujeres tienen que saber para defenderse, defenderse de qué digo yo, si una en la casa está bien, segura como en la iglesia, como decía mamá.

Además está el pueblo ese “otro adentro”, un lugar de límites bien definidos, en donde el “qué dirán” marca el ritmo de los días y forma la trama de la vida. Francisco está sentado, la cabeza apoyada en las manos. Ya lo sabe todo el pueblo, dice, qué vergüenza, con qué cara salgo a la calle. En esta historia los varones de desplazan en otro plano, presencias esquivas, siempre afuera de la casa, en el trabajo, en el bar. Deben preservar el honor de las hermanas, mantenerlas a raya, alejar de la casa el veneno de los chismes. Su miedo es otro. La madre estruja el pañuelo seco, caro figlio mio caro. La madre no ha cedido ante el ruego de Ottavia, no quiero descansar porque para eso la muerte, dice, de nuevo la muerte en la casa.

Otro empujoncito y esta vez la voz de Tesa que se nos mete en la cabeza, habla desde nuestro interior: A nadie vas a contarle. A nadie. Vas a guardar el secreto adentro como Ottavia guarda en una lata las cáscaras de naranja secas, vas a guardarlo hasta que cambie de forma y se rompa con un crujido… Tesa crece y nos muestra otra casa, con otras luces, con otras sombras, las puertas ya no guardan como antes los secretos, por las rendijas se cuelan el polvo y el deseo. Los trapos sucios se lavan atrás, le oíste decir a Ottavia muchas veces, y vos sabés que no podés contarle esto a nadie. Dar vuelta la piel, dejar del lado de adentro ese temblor que sentís cuando las manos de Pablo te acarician los pechos… Tesa avanza, su mirada cambia y va por todo, abre las puertas y las telarañas de esa casa se desprenden, caen con estruendo de piedras en el piso. La identificación es inmediata, esa voz es casi igual a la tuya. Un empujoncito más y estás afuera, puertas afuera estás, sintiendo el aire frío del pueblo contra tu cara.

Desde la primera línea Lilia Lardone nos introduce en la casa de la familia Ferraro. Vamos por ahí espiando las habitaciones, la cocina, el zaguán. Entre silencios y misterios, entre palabras mordidas y gritos, detrás de Ottavia y adentro de Tesa. Los vapores de la cocina se mezclan con los sueños y en la casa hay un aire que no deja respirar, siempre en vilo, siempre a punto de estallar. Puertas adentro tiene la potencia de una historia universal, contada desde lo particular, lo personal y es por eso que nos reconocemos en ella.

1ª Edición: Alfaguara, Buenos Aires, 1998.
2ª Edición: Babel Ediciones, Córdoba, 2008.
3ª Edición: Editorial Comunicarte, Córdoba, 2016.

(*) Soledad Herrera es lectora, actriz, instructora de yoga, aprendiz de escritora y de panadera.