Políticas públicas: reducir daños es mejor que prohibir

Políticas públicas: reducir daños es mejor que prohibir

Jimena Massa

“La necesidad de una campaña referida al consumo de sustancias durante el embarazo no se discute”, comienza la bióloga Paula Abate, investigadora de Conicet con larga trayectoria en pesquisas sobre los efectos del alcohol durante la gestación. “Lo que sí está en discusión es el abordaje, porque desde el Estado se construyen sentidos claves respecto de a quién se le habla y para qué. En principio, creo que hay una postura prohibicionista y reduccionista del problema”.

Según la profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y autora de varios papers sobre el tema, existe una mirada restringida a la prohibición del consumo y a los efectos nocivos de las sustancias, sin una perspectiva de reducción de daños “que implica un enfoque más contextualizado y actual”.

Para entender la complejidad del problema, cabe recordar que buena parte de las organizaciones que trabajan con consumos problemáticos de sustancias no se limitan a promover la abstención (“si estás embarazada, no bebas”) sino que incorporan el paradigma de la reducción de daños que implica, entre otras cosas, poner el acento en la capacidad de autonomía de la persona que, como sujeto de derecho, es responsable de su propia salud.

“Infelizmente, hay una lectura a veces sesgada o incompleta del paradigma de reducción de daños, como si se tratara de una perspectiva que habilita el consumo”, explica Eugenia Decca, del Programa del Sol, y señala que, en realidad, es una línea de trabajo que viene dando resultados concretos, y menciona experiencias de países como Canadá, que contemplan políticas de riesgos para mujeres embarazadas y lactantes. “Hay una serie de consejos, basados en estudios, que indican cuánto tiempo está la sustancia en el organismo, qué cantidad de sustancia produce tal efecto, o en qué intervalo de tiempo es aconsejable no amamantar”.

Y continúa: “Si yo prohíbo como única acción estoy, de alguna manera, cercenando la capacidad del otrx para problematizar su consumo y pensar qué recursos puede poner en práctica para que ese consumo no sea problemático. Cuando prohíbo, niego que el otrx pueda poner en práctica formas de cuidarse. Si una persona asume que hay un consumo y un riesgo asociado a ese consumo, y se le proveen acompañamiento y herramientas, puede desarrollar sus propias estrategias de cuidado”.

Con espíritu pedagógico, la trabajadora social explica que quienes trabajan en el terreno con el consumo de drogas piensan siempre en una tríada: unx sujetx, una sustancia y un contexto. Y la clave es cómo se relacionan estos tres elementos. “Qué determina que un consumo sea o no problemático depende también del contexto. No es lo mismo estar embarazada y, en determinada stuación social, tomar una copa de vino, que tomar media botella en forma cotidiana. Por eso decimos que el consumo es algo situacional y no una enfermedad crónica. Y esto condiciona el modo de pensar las políticas públicas”, concluye Eugenia.