Plan de lucha: ¿quién cuida a lxs docentes universitarixs?

Plan de lucha: ¿quién cuida a lxs docentes universitarixs?

Lxs docentes piden una “dispensa por tareas de cuidado”. Enseñar en la virtualidad -con la multiplicación de largas jornadas laborales- y cuidar en forma permanente de hijxs y/o adultxs mayores, está resultando insostenible. Por eso ADIUC reivindica no sólo la urgente recomposición salarial sino también el derecho a reducir en forma total o parcial las horas de trabajo, con goce de haberes, para quienes sufren la superposición de actividades.

Mantener la Universidad en funcionamiento está afectando la salud física y emocional de muchxs docentes; en especial, de las que son madres. Quienes hacen permanentes esfuerzos para sostener las clases en la virtualidad, asumiendo nuevos desafíos tecnológicos y multiplicando las horas de trabajo, y además tienen a su cargo el cuidado permanente de hijxs o adultxs mayores, están exhaustas. La infinita cantidad de tiempo frente a la pantalla en casas que no tienen el espacio ni el equipamiento necesario -empezando por una silla adecuada que soporte días enteros sobre el teclado- y la demanda de niñxs que requieren ayuda diaria con la tarea escolar pero que también necesitan jugar, conversar y tomar aire, configuran un panorama preocupante en la vida de las docentes, que no será sostenible en el largo plazo.

“Es indispensable que en la paritaria nacional y local se apruebe una dispensa para docentes con tareas intensivas de cuidado, en el contexto de pandemia”, así lo expresó Leticia Medina, secretaria gremial de la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (ADIUC), quien además afirmó que las autoridades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) no han sido receptivas, hasta ahora, en la búsqueda de soluciones frente a la gravedad de la situación. “Tenemos algunos casos críticos -afirmó Medina- y necesitamos respuestas urgentes”.

En los primeros tiempos de la pandemia, cuando la suspensión de las clases fue una de las primera medidas, la ADIUC publicó un informe que mostraba con toda claridad la situación de la docencia en este contexto. Diversas encuestas, a su vez, reflejan que aproximadamente el 70 por ciento de lxs trabajadorxs docentes están experimentando una intensa superposición entre las tareas de cuidado y las actividades laborales. 

En ese marco, la ADIUC redactó un proyecto que hasta ahora no ha obtenido respuesta por parte de las autoridades universitarias locales. Al pliego de reivindicaciones que impulsa CONADU -el sindicato de docentes a nivel nacional- el gremio cordobés le sumó el siguiente texto, a modo de propuesta:

 1) Las trabajadoras y trabajadores que acrediten tener a su cargo, de manera única o compartida, el cuidado de niños, niñas o adolescentes; personas con discapacidad; o adultas mayores que requieran asistencia específica, tendrán derecho a solicitar una dispensa en su deber de prestar tareas (presenciales o remotas), con goce de haberes. En el supuesto que ambos progenitores trabajen en relación de dependencia laboral con la Universidad, podrá acogerse a la dispensa solo uno por hogar.

2) A elección del/la solicitante, la dispensa podrá ser total o parcial -en caso de pluralidad de cargos-, así como también podrá pactarse una adecuación, reducción o modificación horaria que concilie los trabajos de cuidado con las tareas laborales. 

3) Que a los efectos de garantizar la cobertura de las tareas esenciales de docencia en la cátedra, área o departamento donde se produzca la vacante, la Universidad constituirá un fondo destinado a asignar, a cada Unidad Académica o Dependencia, el crédito equivalente a un sueldo bruto de un Profesor Asistente Simple (PAS) sin antigüedad, por cada mes de licencia o reducción de jornada que soliciten los agentes.

Hasta el momento, ninguna autoridad universitaria de la UNC o a nivel nacional se ha sentado a discutir esta propuesta.

“La situación es insostenible”

La situación actual de lxs docentes, en particular de las mujeres, es de una enorme sobrecarga de trabajo y de una alta sobrexigencia, derivadas de la modalidad virtual y de la masividad a la que deben hacer frente. “Esta forma de trabajar lleva muchísimo tiempo, que se extiende a lo largo de toda la jornada, porque la reconversión y las adaptaciones que requiere este cambio en la forma de dar clases, evaluar y acompañar  hace que estemos todo el día y toda la semana conectados a las aulas virtuales resolviendo dudas, problemas, haciendo adaptaciones”, afirma la secretaria gremial de ADIUC. 

“Y a esto se suma -agrega- que todas las familias están con sus niños, niñas, niñes, en casa; los adultos mayores y todas las personas que requieren cuidados especiales, a cargo”. Es un problema que se planteó desde el inicio de la pandemia, porque en particular las mujeres, sobre quienes ha recaído históricamente la tarea del cuidado, no tienen instituciones que las reemplacen o las apoyen en estas tareas a las que se suma, además, el acompañamiento escolar a los niños, niñas y adolescentes que están en casa”.

Esta sobrecarga de trabajo, a su vez, se desarrolla en hogares que no están preparados para este ritmo de vida laboral familiar. No hay infraestructura y en muchos casos las herramientas de trabajo y la conectividad son insuficientes, o directamente nulas. “Las condiciones que tenemos en nuestros hogares, no sólo por la infraestructura tecnológica sino también por la falta de espacios para llevar a cabo el trabajo profesional y al mismo tiempo cuidar, vuelven la situación de muchos y muchas docentes prácticamente insostenibles”, dice Medina.

Tanto desde la ADIUC como desde CONADU han intentado dar respuesta a estas situaciones que se generaron desde el inicio de la pandemia y que empeoraron con el paso del tiempo. Según informó Medina a este medio, “la situación es grave y ya no se puede sostener con la voluntad y el esfuerzo individual de la docencia”. Reclaman una respuesta específica, a esta altura indispensable. Y si bien es cierto que a nivel nacional se tomaron medidas en relación con lxs trabajadorxs irremplazables en el cuidado intensivo de niñxs o adultxs mayores, cosa que se está haciendo en muchas empresas que mantienen los puestos de trabajo y el salario a quienes están en esa situación, estas resoluciones prácticamente no han llegado a las universidades, que tienen autonomía suficiente para regular sobre estas cuestiones. “Por eso estamos pidiendo que la UNC adopte las medidas que puede y debe tomar para preservar la salud y garantizar los derechos de los y las docentes que hoy no tienen condiciones para seguir sosteniendo su tarea”.

Gestionar las emociones, también

Profesora con el máximo de horas semanales, Susana se sumó como la inmensa mayoría al compromiso de mantener la universidad abierta. Muy rápidamente hubo que mutar a la enseñanza virtual, sin la más mínima preparación previa para trabajar en esta modalidad. El conjunto de lxs docentes coincide en que la capacitación se hizo en el camino; esto es, nadie interrumpió sus clases sino que se fueron adaptando y aprendiendo mientras cumplían con sus tareas docentes. 

“Con tres cargos, en uno de los cuales soy profesora titular, tengo que cumplir 50 horas semanales. Y si ya en la normalidad tenía que trabajar en casa, ahora en la pandemia la cantidad de horas de dedicación es insostenible”, relata Susana. La situación se agrava en las asignaturas que requieren de trabajos prácticos en terreno: “Tenemos que reinventar todo y llega un momento en el que nos preguntamos qué estamos enseñando, qué profesionales estamos formando, porque no todos los contenidos son adaptables a la virtualidad”, agrega.

“En las clases teóricas, frente a 160 estudiantes, se pueden exponer los temas del programa, aunque falte la riqueza de la interacción del aula. Pero en las comisiones de los prácticos, que son grupos más chicos, no sólo sufrimos porque no estamos haciendo las prácticas como se debe sino también porque hay que gestionar todo tipo de problemas que afectan a la vida de cada estudiante”, relata la profesora. “Es que en todos los grupos hay quienes se quedaron sin Internet o sin computadora, o directamente no tenían; alguien que se enfermó o que vive con un familiar que se contagió; otro que perdió el trabajo, y una cantidad de situaciones que son individuales pero que afectan la capacidad de enseñar y de aprender, y que en muchos casos obligan a lxs docentes a gestionar las emociones de los demás, cuando apenas pueden con las propias”.

Susana tiene tres hijxs de 14, 12 y 8 años. Es decir, no encuadra en las generales de la ley que prevé licencias cuando hay menores de seis años. Con la pandemia, ya no puede contar con el apoyo de la abuela ni tampoco con la trabajadora doméstica. Se pasa entre 10 y 12 horas frente a la pantalla, de lunes a domingo, y sólo se levanta del escritorio para dejar el lugar a otro, a otra, que tiene que hacer la tarea de la escuela y no hay dispositivos suficientes para la totalidad de la familia. 

“Tengo problemas de visión que se han agudizado por tantas horas frente a la pantalla -relata la docente- y ahora un problema de espalda, por el mismo motivo. Pero además, mi casa no está preparada para que cinco personas estudien y trabajen en ella. ¡Y la cuestión emocional! Soy yo quien debo cuidar de la paz y la armonía en el hogar, para que atravesemos esta situación de la mejor manera posible”.

Consultada acerca de la responsabilidad de las tareas de cuidado, responde que vive con su pareja y comparte todas las tareas domésticas. Pero ambos están sobrexigidos y ella, además, carga con la culpa de no estar suficientemente disponible para sus hijxs.

Calladas, dóciles y voluntariosas

“Creo que la situación es de un voluntarismo extremo -dice la docente- y lamento que en estos momentos en que el feminismo y las mujeres están tan unidas y luchando tanto por los derechos, estemos las universitarias tan calladas, tan dóciles, sin actuar colectivamente”. Según afirma, “hasta en las facultades más progresistas han naturalizado esta situación y aunque entre las compañeras hay comprensión, está ganando la idea de la profesora y la madre sacrificiales”.

Aun al borde del colapso físico y nervioso, Susana no quiso pedir una carpeta médica para no dejar tres cátedras y sobrecargar aún más la tarea de sus compañeras. Por eso tramitó una dispensa, para seguir trabajando en al menos una asignatura. El expediente lo presentó el 11 de agosto pasado y aún no ha obtenido respuesta. De la Facultad al Rectorado, de Asuntos Jurídicos otra vez a la Facultad con un pedido detallado de sus tareas, y de allí nuevamente al Rectorado, mientras su salud y su vida se siguen deteriorando. “¿Qué vamos a poner en la evaluación del año 2020? ¿Quién puede pretender que seguimos formando profesionales, que garantizamos excelencia académica? A quién queremos engañar -se pregunta- estamos en medio de una pandemia, nada puede ser normal”.

Al cierre de esta edición la situación personal de gran parte de las docentes se agrava día a día. Pero la burocracia no responde. Los esfuerzos del gremio encallaron con la cancelación de la paritaria, aunque intentan otras vías como la Defensoría de la Universidad o la Unidad Central de Políticas de Género de la UNC

La conciliación de la vida familiar y laboral sigue siendo una quimera. Y el orgullo de la universidad activa e inclusiva se está cobrando en salud unos resultados que son, como mínimo, inciertos.

Al borde del colapso

Un panorama similar describe Josefina, profesora Asistente con dedicación semiexclusiva, que vive con dos hijas pequeñas. El sueldo nunca le alcanzó para pagar a una persona que trabaje en su casa y la ayuda de su madre, ya mayor, se truncó con la pandemia. “Hay que aguantar, hay que salir de esta como podamos, lo importante es seguir adelante”, dice la docente con más deseo que convicción. Reconoce que está muy cansada, que trabaja muchas más horas de las que le obliga su cargo y que no está nada segura de la calidad de la enseñanza que está ofreciendo. 

Es conciente, además, de que “la peor parte se la llevan mis hijas; no tengo tiempo de estar con ellas, apenas las ayudo con la tarea. Pero, con o sin pandemia, la universidad es así; hay que hacer muchas tareas, hay que investigar y realizar actividades de extensión, hay que garantizar la carrera docente porque si no te quedás afuera”, afirma. Y al parecer es cierto que la academia es cada vez más una carrera que exige más productividad que profundidad, dejando a la enseñanza en el lugar más rezagado. Por eso llama la atención que en esta época tan rara, en estos momentos extraordinarios, el peso principal recaiga en el cuerpo y la tarea docente. 

Las políticas públicas de cuidado apenas comienzan y las excepciones para quienes tengan que llevar adelante cuidados intensivos, previstas en los decretos nacionales, no se materializan para lxs docentes de la UNC. Son innegables las condiciones de autoexplotación que viven muchas docentes de la Universidad, que se perciben siempre al borde del colapso pero que hacen poco o nada para cambiar la situación. Pero también es cierto que para quienes se atreven, porque de verdad no pueden más, a pedir una dispensa que legal y legítimamente les corresponde, el trámite se alarga indefinidamente.

“Siento que la no respuesta -dice Susana- es profundamente patriarcal. Es una manera de decirnos te la tenés que aguantar”. 

Salarios y otros reclamos

“Este plan de lucha -que se inició el 28 de septiembre- y que tiene como primer punto la actualización del salario, porque en los últimos cuatro años hemos perdido más de un 30 ciento del poder adquisitivo, y en lo que va del año ya llegamos a un 8 por ciento de pérdida, es una reivindicación importante porque tiene que ver con las condiciones de trabajo y el modo en que esta pandemia, más allá de la cuestión sanitaria, está impactando sobre la salud de quienes somos responsables de la enseñanza universitaria”, afirma Medina. 

Una reivindicación clave es la posibilidad de reducción de la jornada o dispensas parciales por tareas de cuidado. Aunque el gremio también está pidiendo que se contemple la realidad de lxs docentes que ejercen tareas profesionales fuera de la Universidad, consideradas esenciales -áreas de la salud, industria de la alimentación, prensa, etc- y que también requieren de una dispensa específica para poder seguir cumpliendo su tarea esencial. 

La provisión de equipamiento y de conectividad también ocupan un lugar destacado en el pliego de reivindicaciones. Pero este plan de lucha incluye, de manera fundamental, un reclamo central de las docentes y de otras profesiones feminizadas: políticas públicas para democratizar las tareas de cuidado y la dispensa oficial, con garantías de mantenimiento del puesto de trabajo y goce de sueldo, para quienes sean irremplazables en el cuidado familiar.

Considerandos de la propuesta de “dispensa por cuidados”

* Que por Ley N° 27.541 se dispuso hasta el 31 de diciembre de 2020 la emergencia en materia sanitaria. Que en reunión paritaria, tanto local como general, se reconoció el esfuerzo que las trabajadoras y los trabajadores docentes y las investigadoras e investigadores universitarias vienen realizando para sostener la educación con calidad, cuidar la salud y promover la inclusión social en este contexto; 

* De forma homogénea, diversas encuestas han reflejado que más del 80% de los y las trabajadoras docentes están experimentando una sobrecarga en sus tareas laborales; y aproximadamente el 70% relata una superposición entre las tareas de cuidado y las actividades laborales. En esa línea, el contexto global de COVID – 19 ha puesto de manifiesto la centralidad e importancia de la economía del cuidado en el bienestar de la población y en el desarrollo económico. 

* Tal es así que la Ley N° 27.532 de Encuesta Nacional de Uso del Tiempo exige desarrollar políticas públicas que promuevan una equitativa distribución del trabajo remunerado y no remunerado entre mujeres y varones; siendo esperable que tanto unos como otros hagan uso de las licencias de cuidado existentes en la actualidad. Del mismo modo, tratados internacionales de aplicación plena y efectiva garantizan que el trabajo debe realizarse en un entorno seguro y saludable; compatible con el bienestar, la dignidad humana y de posibilidades reales de satisfacción y realización personal (OIT, 1984). 

* Que si bien no existe actualmente una regulación legal específica, sí encontramos disposiciones y criterios tendientes a la recepción de soluciones como la que aquí se propone: en tal sentido, la Resolución Nº 3/2020 de la Jefatura de Gabinete de Ministros estableció “Para el caso que las autoridades sanitarias o de la educación establezcan una suspensión de clases en establecimientos educativos de nivel secundario, primario y en guarderías o jardines maternales, los funcionarios indicados en el Artículo 1º podrán autorizar -a solicitud del interesado- la justificación de las inasistencias de los padres, madres o tutores a cargo de menores de edad que concurran a dichos establecimientos, mediante la debida certificación de tales circunstancias obrantes en sus legajos, encuadrando las inasistencias en razones de fuerza mayor, de conformidad con lo establecido en el artículo 14 inciso c) del Decreto Nº 3413/79 y sus modificatorios o normas equivalentes de otros ordenamientos que regulen las licencias, justificaciones y franquicias del personal. En el supuesto que ambos padres trabajen en relación de dependencia laboral en la Administración Pública Nacional, la justificación se otorgará sólo a uno de ellos”. 

* En el mismo sentido, se encuentra receptada la posibilidad de subsumir la situación conforme lo previsto en el art. 50 inc. “d” del CCT aplicable a los docentes universitarios. Finalmente, también se han acogido, judicialmente y de forma cautelar, pedidos de esta naturaleza, en consonancia con la protección de los derechos fundamentales mencionados supra.