“Ahora que sí nos ven”, muchas siguen escondidas

“Ahora que sí nos ven”, muchas siguen escondidas

¿Cómo viven este contexto de emergencia las más vulnerables? Adultas o adolescentes. Creyentes o ateas. Solas o acompañadas. Urbanas o rurales. Entre la universalidad del virus y la homogeneidad de las respuestas del Estado, buscan estrategias para superar una pandemia desconocida, mientras sobreviven a la cotidianeidad.

Por Pate Palero

Por la radio se escucha la voz de una joven, expresando su preocupación porque quedó varada en Madrid, donde estaba paseando con unas amigas. Es la tercera entrevista sobre el tema que encuentro en el dial. Difícilmente ella conozca que entre el 2008 y el 2015 el PAMI promovió el programa HADOB (Hipertensión Arterial, Diabetes y Obesidad), con un abordaje no medicamentoso en espacios de encuentro y recreación para personas mayores. Se apostaba a estas actividades como principal remedio a los males de abuelos y abuelas. Si el macrismo se encargó de desfinanciar el programa, el coronavirus dinamitó lo poco que quedaba. 

“No hay actividad de nada en el Centro. Habíamos empezado el coro pero lo tuvimos que suspender”. María forma parte de la Comisión Directiva de un centro de jubilados del gran Córdoba. Se toma en serio su rol de liderazgo, alentando a sus pares con una circulación intensiva de oraciones místicas, videos religiosos y emojis de manitos rezando, los cuales son correspondidos y multiplicados en el mismo tenor. 

Consultada sobre cómo están, cómo viven la reclusión hogareña, Dios sigue encabezando el ranking: ‘Nosotros, gracias a Dios, encerrados pero bien’. ‘Hace una semana estoy en casa por recomendación del médico’. ‘Encima fallecieron dos familiares en estos días’. ‘Y estamos tratando de pasarla, acá… bien, gracias a Dios’. ‘Esto tiene que pasar pronto y Dios es el único que lo va a conseguir’. 

 ¡Todxs contra la violencia machista. Marcha 25N Córdoba 2019. Ph: @luna_albrichi

Alicia, en cambio, es atea. Muy atea. No puede comprender las imágenes que circularon por canales televisivos de todo el mundo, mostrando a personas enfrentando a la policía para concurrir a misa. Vive cerca del centro. No tiene celular, pero sí una activa participación en la red social Facebook. En menos de una hora de chat intercala sus respuestas con: medidas higiénicas para el hogar, receta de alcohol en gel casero, recomendaciones de productos y metodologías de limpieza, e indicaciones para concientizar a la familia. Entre medio, cuenta: “Leo mucho sobre el tema, me informo y escribo un poco. Esto no va a durar 14 días, y depende de que todos tomen conciencia”. Super informada y con la memoria intacta, recuerda cada palabra con las que la ex titular del FMI se refirió a la gente de su edad. “(Christine) Lagarde ya avisó que nos quieren borrar del planeta. Y las que más jodidas están son las mujeres grandes solas, con problemas de movilidad, y que no tienen recursos económicos. Es fundamental que vecinos y vecinas ayuden, que se ofrezcan para colaborar en esas situaciones. A mí todavía no se me ofreció ninguno, aunque yo sólo salgo a comprar comida para mí y para mi perra”.

Abundan en las redes sociales ingeniosos videos que retratan aburrimiento, soledad. Lejos de esas realidades urbanas, en las Sierras Chicas, las redes familiares se manifiestan como un recurso estratégico. Lili coordina un comedor y una huerta comunitaria cerca del arroyo Saldán en Unquillo. “La mayoría de los abuelos y las abuelas de esta zona vive con sus familias, o en la casa de al lado, a lo sumo a una cuadra. En muchos casos los hijos o hijas han tenido que volverse a vivir a la casa familiar porque no pueden pagar un alquiler. A su vez, como son familias numerosas siempre hay alguna nieta que les va a ayudar, o les hace las compras, o los acompañan viendo la tele. La organización familiar los tiene incluidos”.

En su experiencia también advierte como fundamentales las estructuras del Estado, y los equipos profesionales que subsisten a las “tormentas” neoliberales. “La única que está más solita es la abuela Elisa, pero ella se pudo comprar un celular, aprendió a usar wsp y ya está en el grupo de estudios del CENMA que armaron las profes”.

En el relato de Lili, el género de quienes acompañan, es siempre en femenino. Ella y sus hijas lo naturalizan, quizás por esto del pez y el agua y de las conductas normalizadas que se vuelven invisibles.

Todxs contra la violencia machista. Marcha 25N Córdoba 2019. Ph: @luna_albrichi
Pancarta casera con un fragmento de Luis Sepúlveda, en el ENM Rosario 2019. Ph: @luna_albrichi

El más allá

El hashtag #QuedateEnTuCasa supone una realidad habitacional que en los hechos es mucho más compleja. La población “en situación de calle” en Córdoba contabiliza unas 500 personas sólo en Córdoba. Son grupo de riesgo por donde se les mire. Susana trabaja en un hogar público para mayores al que llegan muchas de ellas, casi siempre afectada también por problemas de salud crónicos. Otros casos alojados responden a viejitos y viejitas que estuvieron bajo internación en otras instituciones y no las pudieron seguir pagando.

“La falta de personal aquí es un problema estructural de muchos años, y sin embargo en situaciones críticas el equipo refuerza su energía y despliega al máximo su solidaridad. En este contexto todas las actividades de laborterapia están suspendidas. Por eso, son las propias enfermeras y el personal de servicios generales quienes están agudizando su creatividad para ofrecer actividades especiales: tejido, pintura”. 

La mayor parte del personal está integrado por mujeres, muchas de ellas son madres con hijos e hijas a cargo y en algunos casos son sostén de hogar. “Es difícil cuando tenemos que plantear, en el seno de la familia, nuestro compromiso con el trabajo. Tenemos que dividirnos entre la casa y nuestros ‘viejos’”. 

Esta vocación de servicio incluye también brindar información y tomar decisiones delicadas. “Cuando tuvimos que avisarles que cerrábamos las puertas a las visitas de familiares, fue duro. Pero es que no podemos tener certezas de los cuidados que sus parientes asumen. Finalmente lo han entendido, y lo asumen como necesario. Mientras tanto, les hemos instalado ‘plasmas’ en los pabellones y de a poco vemos que se generan ciertas rutinas de mayor encuentro, grupos que empiezan a relacionarse más, en esta situación particular”.

Los noticieros repiten una y mil veces las imágenes de “turistas” que entienden la cuarentena como vacaciones y congestionan las rutas de la costa. Mientras, en los márgenes, los dispensarios son una trinchera que arde. “Las que trabajamos en salud estamos ‘a pleno’. En los barrios las situaciones de violencia se complican con el aislamiento, pero además tenemos muchos casos de dengue y con tanto hablar del Coronavirus nos olvidamos hasta de ponernos repelente. Son tiempos de mucha adrenalina y mucho miedo también por momentos, porque estamos sin barbijos, sin repelentes, sin alcohol en gel”. 

El texto de Laura se intercala en un grupo de wsp, entre memes, placas con números telefónicos de emergencia y sugerencias de películas francesas.

Ella es psicóloga y sabe que las violencias no se toman cuarentena. “Nos preocupa cómo se traducen las medidas ‘macro’ -que son buenas- al nivel micro de las instituciones territoriales. Frente a esquemas de emergencia y guardias mínimas, las articulaciones se complican, se saturan”.

Cuenta también sobre un comentario que sonó como al pasar en su centro de salud: “Tanto aislamiento, tanto aislamiento, y a mí me están cagando a palos”. El equipo, entrenado en la escucha, toma nota e interviene, pero la preocupación subsiste en relación con aquellas voces que no llegarán a oír. “A nosotras nos han bajado la directiva de que no podemos atender a ‘personas sanas’ (en un sentido estrictamente biologicista) y nuestra función prioritaria es ahora articular con centros vecinales, jardines o escuelas para la distribución de leche, comida o elementos de primera necesidad. Estamos suspendiendo tratamientos”.

Otro aspecto a considerar es lo relativo a atención de ILE (interrupciones legales de embarazos). “La cartera de salud municipal había iniciado gestiones para proveer a los centros con misoprostol. Se estaban esperando envíos de otras provincias. Todo eso quedó frenado y hay que esperar que pase esta emergencia”. Queda la pregunta sobre cómo se abordarán los embarazos producidos por violencias sexuales, que registran sus mayores índices en el interior de los hogares. En los servicios de salud pública, saben que las mujeres que deciden abortar y no cuentan con recursos ni con el respaldo del sistema estatal de salud, se exponen incluso a arriesgar sus propias vidas.

Todavía más allá, está el interior del interior. “Acá en las sierras, el entorno natural ofrece ciertas ventajas. Con las plantas, las gallinas, la huerta, no se siente tanto el encierro. Es muy distinto a lo que le ocurre a mi mamá, en un piso 9, de 40 mts2 en plena Capital Federal”. 

Mujeres del Comedor MP La Dignidad Malvinas Argentinas (Proyecto Ronda/SEHAS)

Pero los problemas son otros, y Liliana desde Traslasierra conoce lo que viven muchas mamás adolescentes. “A veces están descubriendo y aprendiendo a vivenciar el puerperio, y en muchos casos se trata de maternidades forzadas. Para ellas, la decisión de mandar un niño/niña a una sala cuna está atravesada por inseguridades y prejuicios. Está instalada la idea de la “abnegación”, que se contradiría con “dejar” a los chicos con otras personas. Muchas de estas chicas, que quizás están tomando por primera vez la decisión, hoy están viviendo un retroceso”. Si bien se despliegan estrategias de contención e inclusión con modalidades virtuales, “en estos lugares muchas veces los celulares están sin cargar o sin señal”.

Las crisis permiten hacer evidente lo invisible. Si el mundo viene advirtiendo la crisis del cuidado, en los pueblos serranos las redes de acompañamiento y contención no existen. “Si bien la circulación de información está garantizada por los canales masivos, no siempre se puede chequear, comparar o validar con otros y otras. Y no hay redes de contención frente a la incertidumbre y la angustia. 

Escuché una noticia comentada de “alambrado” a “alambrado” en el que se referían a un “Glade” que supuestamente prevenía el coronavirus. ¿Quién intermedia con esa ‘fake’?

Como en todo, las desgracias también se distribuyen con desigualdad.