Huellas y latidos

Huellas y latidos

En septiembre pasado leí una nota publicada en La Tinta sobre un proyecto fotográfico que llevaba adelante la fotógrafa Julieta Cementerio. En la nota Julieta contaba que su objetivo fue buscar y retratar mujeres con cicatrices, mujeres operadas de cardiopatías congénitas. Yo compartía los requisitos: mujer, cardiopatía, cirugía, cicatriz.

Por Mariana Palmero* y Julieta Cementerio *

Leer y mirar los retratos me movilizó, me sentí menos sola. Fue un reencuentro con esa historia tan lejana, con mi historia, con mi marca. Me operaron a los 18 meses, no recuerdo nada. Sólo tengo algunos relatos sobre el hecho, todos recortados y matizados por las anécdotas de una beba al final de los 70, caminando por el Hospital Italiano de Córdoba.

Me puse en contacto con Juli. Acordamos un encuentro. Una siesta de febrero Julieta vino a mi casa. Hablamos de mi cirugía. Traté de reconstruir algún relato. Acordamos que mi cicatriz no era “tan traumática” porque no la veo, porque ocupa la mitad de mi espalda y necesito siempre un reflejo para verla, así medio de costado. Le conté que casi no tengo recuerdos de los momentos previos y posteriores a la operación pues por mi corta edad esos restos se fueron diluyendo en mi inconsciente. Una suerte quizás. Un dato del tiempo que, creo, me permitió hacer como si no estuviese ahí, minimizar la experiencia. Pensar la cirugía como un dato más en la historia de mi vida solo consciente a partir del relato de un otro. 

Cuando recibí las fotos de Julieta me encontré por primera vez de frente a mi cicatriz enorme. Es la huella de una historia recortada, pero ahí está. Recordé las palabras de la mamá de un amigo cuando hace un par de años me contó que mi operación fue un caso comentado en el pueblo, que hubo rezos, promesas y pedidos. Me acordé de mi mamá diciendo casi en voz muy baja que mi abuelo se negó a verme intubada y con vendas. Me acordé de un profesor de natación preguntándome si tuve un accidente porque la movilidad de mis brazos era diferente. Me acordé de mis radiografías para el psicofísico y la rotación de mi columna. De mis hombros en distinto nivel, de mi contractura por querer compensar esa diferencia. De mi omóplato distinto. De mi madre diciendo “casi no se nota”.

Pero también pude saber que no es sólo mi experiencia, que hay muchas historias y que hay también una lucha acá.

En nuestro país nacen aproximadamente 7000 niñes con cardiopatías congénitas. Es la primera causa de muerte en menores de un año de vida. La detección temprana disminuye esa posibilidad y debería ser un derecho. 

Necesitamos leyes integrales y políticas públicas que acompañen e integren. Necesitamos una ley de cardio que garantice el acceso al diagnóstico y tratamiento en todo el país.

Hay un proyecto en el Congreso de la Nación, hay voluntad de tratarlo y tenemos Ministerio de Salud. Necesitamos que los miles de corazón que andan latiendo lo hagan al mismo ritmo, que latan igual. Porque no paramos, latimos.

Como dijo Juli, “nuestras cicatrices ya no son dolor, son huellas y nos abrazamos a ellas”, por ellas seguimos latiendo. 

Que latir sea un derecho, para todes.

(*) Mariana Palmero: Comunicadora Social, militante feminista, hincha de Belgrano y madre múltiple. El 6 de junio de 1979 fue operada en el Hospital Italiano de Córdoba de una cardiopatía congénita denominada Ductus Arterioso Persistente.

(*) Fotógrafas:
Julieta Cementerio: Se la puede encontrar como @cementerial en IG