Mimitos de nube rosa

Mimitos de nube rosa

Por Eva Schiaffino*

La mejor poesía que escribí en mi vida se queja de lo limitada que es la poesía, de la vergüenza que me da pretender arreglar alguito el mundo con palabritas rimadas. La realidad es de barro y polvo, de sol y abrojos; intentar resumirla en versos es insuficiente y un poquito estúpido.

Con vos me pasa lo mismo. Es poesía tu silueta dormida, tus brazos, tu panza, tus manos chiquitas y el pelo que no parás de manosear para que quede prolijamente parado y que siempre vuelve a caer sobre tu frente…pero tu nombre, ¡ay! tengo un problema con tu nombre: le falta poesía. Tu nombre me remite inevitablemente al pasto amarillento del otoño; brilla el sol y se escuchan gritos, la gente discute, ríe y ama a los gritos y con acento cordobés. Tu nombre tiene la indiscutible aspereza de lo concreto, de las cosas que no llegan a poesía porque solamente son. No es culpa tuya, por supuesto, ni del mundo; es culpa de la poesía que no llega a abarcarlas y prefiere siempre quedarse con fantasías sutiles, rosaditas, sosas.

Estos meses abundan en poesía derretida, gris de cansancio, de la que escribo sólo para mí. Es lunes por la mañana, el ruido del portón y los ladridos todavía me resuenan en el cráneo (me diste un último beso por la ventanilla antes de irte) y ya me duelen el cuello y la espalda. Abro el documento en el que armo las actividades; el de planificación, el de seguimiento semanal, la página del campus virtual, YouTube para copiar los enlaces de los videos y whatsapp web. Ni alumnes ni xadres contestaron las actividades de ayer.

Buen díaaa las actividades están subidas en el aula *emojis de corazones, plantitas y soles* Buen día Benjaa las actividades están subidBuen día Sofi las actividades estBuen día Ámbar las activ… Cuando apago la compu, a las seis de la tarde, un caleidoscopio de árboles lejanos me acuchilla los ojos. Estoy mareada y no sé qué está cerca y qué está lejos. Mañana es hoy, ayer 2016, las vacaciones la semana pasada, el fin de semana ya llega otra vez. Y las seis siempre es tarde para empezar a cocinar.

Me pierdo, me desencuentro, te explico el sábado abrazades en mi cama: estoy siempre lista para hundirme en algo, olvidarme de quién soy y qué quiero. Llorás cuando me ves llorar, qué demencia, qué belleza, y seguiría llorando solo para verte caer las lágrimas: me encantás. Sabés qué decirme, como siempre. Estoy harta de que sepas saltar las trampas que me pongo a mí misma.

Al día siguiente te corto el pelo comiendo postrecitos de chocolate y te mirás en la cámara del celular las entradas que te llegan casi a la mitad del cráneo.

—Me voy a quedar pelado pasado mañana, no puede ser— amar hombres es un ejercicio antropológico infinito, una permanente observación participante, ir de la mano del informante a un universo de sentidos ajeno. Y en tiempos feministas, en burbujas cuidadas, respetuosas, privilegiadísimas, donde la sororidad abraza los dolores de ser mujer y la revolución casi se hace costumbre, pienso que debe ser difícil ser varón.

Fantaseaba con que se frene todo por un rato y vino una pandemia; como la otra Eva, yo, personalmente, nos expulsé del paraíso de la normalidad, que no era tal pero a la distancia lo parece. Ahora el mundo dejó de girar y cae encima de mi cabeza como una catarata que solo para cuando estoy con vos; haceme un ratito de paraguas mientras aprendo a nadar.

Camino en círculos por el patio y el cielo me hace mimitos de nubes rosas, cada vez más rosas, que cambian solo para mí: cada vuelta las encuentro distintas. Me obligo a oler jazmines. Fragancia sutil, el jazmín, exactamente lo que necesito, sutil como patadón en la cara o abrazo de oso que te da el planeta.

El invierno se termina y este año también.

(*) Eva Schiaffino tiene 21 años. Vive en Córdoba hace 14 y nunca se le terminó de ir el acento porteño. Estudia Sociología, es guía Montessori y da clases a chiques de 10 y 11 años. Escribe cuentos y poesías desde que era una niñita de ciudad que le tenía miedo a las moscas. “Pienso cosas. En redes soy evasdementira (y en la vida real también, diría mi sociólogo favorito)”.