Mariana Tello, el cuidado sensible de la memoria

Mariana Tello, el cuidado sensible de la memoria

La presidenta del Archivo Nacional de la Memoria considera necesario “llevar el Estado a las personas”. Hacer accesibles los legajos de la dictadura y reconocer en cada papel el rastro de un ser querido; premisas de trabajo de una funcionaria que cree que esos documentos transforman vidas. La antropóloga también defiende la necesidad de una gestión con perspectiva de género, que sostenga las políticas de cuidado por sobre las de productividad. 

Por Jimena Massa

“Me llamo Mariana Eva Tello Weiss. Mi papá se llama Carlos y mi mamá Azizita. Nací el 22 de setiembre de 1975. El 12 de Julio de 1976 mataron a mi mamá conmigo en brazos y me apropió una pareja de policías. Mi abuela y toda mi familia me buscaron y lograron encontrarme. Me devolvieron tres meses después, hasta el día de hoy no sé por qué”. Con ese breve testimonio publicado en Facebook, más la foto que acompaña a esta nota, Mariana se sumó al desafío “Manos con Identidad”, organizado por Abuelas de Plaza de Mayo el 22 de octubre, en ocasión del Día Nacional del Derecho a la Identidad.

“Eso dejó en nosotrxs marcas imborrables -escribió Mariana- Sin embargo, me considero una persona afortunada, por la vida, por haber crecido en la verdad, por mi familia y por todxs los compañerxs que la historia me regaló. Porque sé quién soy, gracias y a pesar de eso”.

La niña que creció con sus abuelos en Jujuy, que luego se graduó como psicóloga en la Universidad Nacional de Córdoba y más tarde estudió Antropología en España -donde se doctoró- es la actual presidenta del Archivo Nacional de la Memoria (ANM), la institución que funciona en la ex ESMA[1] y que preserva los miles de testimonios en casos de violaciones de derechos humanos cometidas durante la última dictadura cívico militar. El Archivo, integrado por muchísimos fondos, es un reservorio fundamental que nutre los juicios por delitos de Lesa Humanidad.

Mariana militó durante 20 años en la agrupación HIJOS[2] y, después de graduarse, dedicó su vida académica a investigar distintos aspectos del terrorismo de Estado. Formó parte del área de investigación del Espacio para la Memoria La Perla[3], es investigadora del Conicet y docente de la licenciatura en Antropología de la UNC.

La presidenta del ANM, Mariana Tello Weiss (foto de Lorena Capogrossi)

Cuando atendió el teléfono, a las tres de la tarde de un caluroso día del pasado diciembre, y escuchó la propuesta de presidir el Archivo, no podía salir de su asombro. Aunque le habían ofrecido un cargo -que rechazó por motivos personales- durante la gestión del ex secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, ese día tuvo una sensación “de extrañeza total”. Dedicada por entero a dirigir un equipo de antropólogxs que investigan sobre violencia y represión, a escribir su libro sobre memorias “fantasmales” y a la docencia universitaria, la posibilidad de integrar el gobierno nacional “definitivamente no estaba en el horizonte”.

Le explicaron que hacía falta alguien “con ese perfil”, con formación académica y experiencia en la gestión de espacios de memoria. Cuando superó la sorpresa, pidió un tiempo para consultar con Salvador, su hijo de 12 años. Y a los pocos días ya había alquilado un departamento en Buenos Aires y se instaló allí para encarar una tarea que, por su historia y formación, la interpela de muchas maneras.

La designación le causó emoción pero también vértigo por la necesidad de “estar a la altura”. Su valoración de lo que implica “el Estado” y la responsabilidad que atañe a la función pública apareció en varios momentos de la entrevista que le concedió a El Tajo, a través un encuentro vía Meet que duró más de tres horas.

Una de las primeras satisfacciones al desembarcar en el Archivo fue encontrar que había una apuesta fuerte por las mujeres en la gestión de gobierno. En Derechos Humanos, las tres subsecretarías son ocupadas por mujeres, y Mariana es una de ellas. “Creo que es una voluntad política importante. Las otras dos subsecretarias son compañeras súper capaces. Pero, ya sabemos, el mundo está lleno de mujeres capaces que no necesariamente ocupan esos lugares”. Las tres dependen directamente del secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla.

Mariana conoce el valor de los archivos y la importancia de los testimonios no solo por su trabajo de campo como antropóloga. Además de integrar como investigadora el equipo de gestión de La Perla, fue testigo en el juicio contra los asesinos de su madre, que se realizó en 2011 en Tucumán. El represor Antonio Domingo Bussi no estuvo sentado en el banquillo, pero miró a la cara a otro de sus verdugos.

– ¿Qué significa, en lo personal, estar al frente del Archivo Nacional de la Memoria?

– Asumir un cargo así tiene un significado sumamente importante para mí. Los procesos de memoria llevan varias décadas y produjeron una cantidad de documentos impresionante. Entonces tenemos que generar las condiciones para que sea un patrimonio colectivo, que es el espíritu con el que se crearon estas instituciones; un patrimonio de la sociedad. Y que en el futuro, cuando no existamos, estos archivos estén preservados pero también sean accesibles. El desafío es que por la proximidad temporal, estos archivos son como laboratorios vivos de memoria, porque lxs sobrevivientes y lxs descendientes de lxs desaparecidxs están vivos. Son quienes impulsaron estos lugares, y muchxs gestionan estos lugares. Esto hace que tengan una dinámica muy singular. Este es un lugar donde se guardan cosas nuestras, nuestras en todo el sentido de la palabra (dice con  los ojos llenos de lágrimas).

– Debe ser intenso el hecho de ser “custodia” de documentos tan trascendentes para la historia argentina.

– Sí; alguna gente me dice “ahora que estás vos, voy a llevar tal cosa para que esté en el Archivo”. Esa confianza es increíble y, al mismo tiempo, siento muchísima responsabilidad. Sobre todo, sabiendo que durante los cuatro años de macrismo fue totalmente abandonado. Yo me encontré con un Archivo muy entero porque el compromiso de los trabajadores es enorme. Ellos solos sostuvieron la función de preservación. Esa tarea de guardar la foto, la zapatilla, el archivo de la Conadep[4]… Ese acervo es el fondo madre del ANM y está en perfecto estado de conservación porque los trabajadores y las trabajadoras asumieron ese compromiso; no porque a la gestión anterior le importara… De hecho, no había plata ni para guantes.

Mariana Tello Weiss en el Espacio para la Memoria La Perla (foto de Nenad Vukosavljević)

Restituir legajos, un acto amoroso

– ¿Cuáles son los lineamientos principales y la impronta que pretendes darle a tu gestión?

– En función de las líneas políticas de esta gestión y de mi propia idea de lo que deben ser los archivos, estamos trabajando no solo con la preservación de la documentación sino también para hacer más accesible este espacio. Es decir, desburocratizarlo y hacerlo más federal. Una de las cosas que comenzamos hacer hasta que se inició la pandemia es la entrega personal de los legajos Conadep.

– ¿Qué significa desburocratizar y federalizar, concretamente?

– Básicamente, que sea más accesible acceder a la documentación, tanto en los mecanismos de consulta como en llevar el Estado a las personas y no al revés. Y federalizar porque muchas de estas personas que requieren información viven en el interior. Soy soy jujeña y sé muy bien que muchas veces Buenos Aires es tan lejano como Marte. Entonces el Estado tiene que ir y poner estos documentos a disposición de las víctimas y de la sociedad en su conjunto. Es una deuda del Estado nacional con la memoria colectiva.

– También es frecuente que los familiares de las víctimas no sepan de la existencia de esos legajos… 

– Exactamente. Es común que te digan “vino una gente una vez, hace 40 años, y le tomó testimonio a mi abuela”. Pero esa persona no sabe que existe el Archivo, cuál es su función ni cómo pedir los papeles. Y tal vez ni puede llegar a Buenos Aires. Entonces no podemos esperar a que la gente venga. Lo que estamos planeando es descentralizar por medio de los archivos locales. Queremos generar las colaboraciones que sean necesarias para que en cada archivo provincial se pueda gestionar la restitución de legajos a los denunciantes originales o a sus descendientes. Aunque el acervo original permanezca en el ANM, es importante acercar copias a sus respectivas comunidades.

– ¿Entonces entregaste documentos en forma personal a las víctimas?

– Durante el poco tiempo que estuve en la presencialidad, a las personas que pedían su legajo se los entregaba yo. A esto me refería con desburocratizar. Ir a buscar este tipo de documentación no es un “trámite”; es ir a buscar un papel que habla de tu historia, entonces eso no puede “pasar por ventanilla”. Es una obligación del Estado -ese Estado que primero desapareció a alguien y después maltrató a sus familiares, negándoles información sobre su paradero- ofrecer un trato personal. Por mi propia experiencia y por haber trabajado en La Perla, sé que esos papeles tienen una función subjetiva enorme. Cuando estamos hablando de la pérdida de una materialidad tan preciada como es una persona, cualquier otra materialidad tiene un sentido enorme; cualquier rastro tiene un sentido inmenso. Entonces, la restitución de esos papeles tiene que ser un acto del Estado, y tiene que ser un acto amoroso también.

– ¿Esta restitución tendría un carácter reparatorio también?

– La idea es que sí lo tenga. Entonces ritualizarlo es también darle un lugar especial. Yo recibo a la gente personalmente en mi oficina y le dedico todo el tiempo que haga falta a leer esos papeles. Esto lo aprendí de Daniel Rafecas, que además de hacer bien su trabajo es un juez al que todos quieren. Él, desde el principio, recibió a familiares y sobrevivientes en su despacho. Y no necesariamente lo trataban bien. Era la primera vez que alguien les abría la puerta y la gente estaba enojada. Son frías las instituciones del Estado. Y vos en ese momento sos el Estado y tenés que escuchar, bancarte el enojo y dar cuenta de toda esa deuda histórica. Eso es algo que -tomando esa enseñanza que él compartió conmigo- elegí hacer y me resulta muy gratificante. Ayudar a leer esos papeles es algo que también hacía en La Perla. No es fácil leer esos papeles. Para la otra persona ese papel es lo único que le queda de alguien querido.

Datos biográficos sensibles

– ¿Y qué están pudiendo concretar de todo esto en el actual contexto de pandemia?

– Lo que estamos haciendo ahora es normalizar los archivos que hay. Normalizar suena raro, pero es un término técnico que básicamente significa saber qué hay y cómo buscarlo. Esto que parece tan sencillo, cuando te llega una montaña de papeles, no es tan fácil. Es necesario normalizar el archivo para poder ponerlo en acceso de todos los usuarios, que son básicamente tres. La Justicia, con la cual el Archivo funciona muy bien, los investigadores y las víctimas. Una idea es mejorar el acceso a los investigadores, sean académicos o periodistas. Y también mejorar el acceso por parte de las víctimas, que no siempre llegan, salvo por medio de sus abogados. Hay que desplazar el foco de la gestión de un archivo “de la conservación” a “el uso” de los papeles. Ese es otro de mis objetivos; que se sepa que con esa documentación se pueden hacer muchas cosas, más allá de los fines judiciales.

– En el marco de los juicios de lesa humanidad, la tarea del Archivo ha sido fundamental…

– Por supuesto, esa ha sido la prioridad. Y está perfecto. Pero también tenemos que pensar que cuando los procesos judiciales terminen, esto será material de investigación y de memoria. Y hay que prepararlo para que sea consultable con ese fin. La Justicia busca determinar víctimas, represores y hechos delictivos. Pero los investigadores académicos se hacen otras preguntas. Entonces las formas de búsqueda tienen que contemplar todos los potenciales intereses, incluidas las memorias familiares. Esto último requiere que sea ahora. Íbamos a hacer la primera restitución de 100 legajos, el 24 de marzo. Y la pandemia nos anuló la posibilidad.

– A la hora de hacer accesibles estos testimonios supongo que aparece la tensión entre la información que puede ser pública y la necesidad de preservar la intimidad de las personas que declaran…

– Hay un debate eterno sobre la accesibilidad de los documentos de este tipo, porque tienen información sensible y datos personales. Entonces es necesario preguntarle a los denunciantes si quieren autorizar o no la consulta. Más allá de la consulta pública general, que es un mecanismo previsto, es necesario preguntarle a cada testimoniante qué quiere liberar y qué no. Es un trabajo que hay que hacer. Uno por uno.

– Pero eso suena como algo inacabable…

– No. Tampoco son infinitos los papeles. Es cuestión de poner recursos para eso, porque no siempre es prudente decidirlo según nuestros propios criterios. Existen situaciones como los delitos sexuales o las denuncias de información arrancada bajo tortura, por citar algunas, que requieren ser consultadas. Lo más frecuente es adoptar una política de disociación de datos. Entonces los tramos sensibles, en principio, están disociados de la identidad de las personas. La mayor complejidad en relación a este tema se presenta con los testimonios de sobrevivientes. Tal vez no nos alcancen estos años de gestión para hacer la consulta individual, pero hay que empezar en algún momento.

– No parece fácil tener la responsabilidad de gestionar esos “pedazos de vidas” que contienen información tan sensible

– Es complejo. Una vez que una persona declara, esa información es pública. Pero resulta que ésta tiene consecuencias en la vida privada propia o de terceros. Si tengo conciencia de esas posibles fricciones entre lo público y lo privado, lo que tengo que hacer no es evitarlo: es gestionarlo. Hay que evitar que el interés público entre en conflicto con la vida privada de la gente. Sobre todo, porque esa gente expuso su vida privada justamente para que se sepa. Para el futuro, para la historia, para la memoria, pero no a cualquier costo.

Una gestión feminista

– ¿Cómo vivís el formar parte de una gestión de gobierno que pone un acento tan marcado en la cuestión de género?

– Es muy fuerte. Según el grupo de wapp Mujeres Gobernando que integro, hay cerca de 400 mujeres gestionando en cargos de alto rango. Esto no quiere decir que estén todas las batallas ganadas, hay que seguir dando la pelea para que se deconstruyan muchas prácticas patriarcales que están naturalizadas.

– Aunque todavía no sea posible hablar de equidad de género en el gobierno, la presencia de tantas mujeres es significativa.

– Y en buena medida se lo debemos a las pibas más jóvenes. A las chicas que estuvieron en la plaza con los pañuelos verdes, que marcan la agenda y sostienen una expectativa fuerte… Pero esas pibas llegaron a la plaza porque durante muchos años muchas otras, que hoy no son ningunas pibas, vienen generando las condiciones para que eso suceda.

– Supongo que es un desafío convertir esa visibilidad numérica en cambios concretos. Me refiero a revisar las prácticas patriarcales de la política.

 – Hace varios años estuve en Suecia y visité el Parlamento, que tenía el cupo de género establecido hace un montón de tiempo. En esa época yo creía que esas políticas eran solo cosméticas. Pero a la larga… la posicionalidad de las mujeres, que vienen con otras realidades y trayectorias, cambia las cosas. Hay un montón de batallas que hay que seguir dando. Pero el solo hecho de que vos a las seis de la tarde te tengas que ir porque es la hora de la cartulina, la cena y el baño, ya plantea algo distinto. En primer lugar, se visibiliza que hay alguien que a cierta hora compra la cartulina, hace la cena y baña a los chicos. Claro que los demás pueden seguir haciendo la reunión sin vos. Pero cuando ya estás ahí, es muy probable que pelees para que la hagan en otro horario. Y eso hace que se muevan otras cosas también. Es una apuesta a largo plazo.

– ¿Cómo sería pensar la gestión del Archivo con perspectiva de género?

– Hay dos aspectos. Por un lado, lo referido al contenido del Archivo y, por otro, la gestión de una institución que tiene alrededor de 100 empleados y empleadas. En relación al primer punto, ya lo hablamos con el tema de la violencia sexual y las nuevas preguntas a la documentación. En relación al segundo punto, no podés gestionar sin pensar en las medidas que permiten compensar en los cuidados y sin pensar en las violencias que existen en el ámbito laboral. Lo que yo quiero hacer es una gestión con perspectiva de género que sostenga las políticas de cuidado por sobre las políticas de productividad.

– ¿Qué significa eso en concreto?

– Saber cosas elementales; como que si una mujer tiene hijos a cargo no puede trabajar del mismo modo que quien no los tiene, y que si esa mujer se enferma, se le desacomoda toda su vida. Y que si una mujer comparte la casa con alguien que la maltrata, esta institución debe hacerle lugar a esa problemática. Me ha tocado desde el inicio acoger un montón de situaciones de este tipo, y como mujer y funcionaria no podés permanecer indiferente. Son cosas que, de acuerdo a tu lugar, podes ir peleando. A mí me parece que hacer una gestión feminista vale la pena.

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[1] Centro Clandestino de Detención que funcionó en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la dictadura cívico militar (1976 – 983) en Buenos Aires, Argentina.

[2] HIJOS es una organización de derechos humanos de la Argentina conformada principalmente por hijos e hijas de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico militar.

[3] La Perla fue el principal Centro Clandestino de Detención del interior del país y funcionó en Córdoba (Argentina) desde aproximadamente el año 1975 hasta 1979. A partir de 2007 es un espacio de memoria gestionado por organizaciones de derechos humanos.

[4] CONADEP: Comisión Nacional por la Desaparición de Personas, organización creada en 1983 para investigar la acción del terrorismo de Estado en la Argentina.