Mamá, ¿pudieron aislar el virus?

Mamá, ¿pudieron aislar el virus?

Era apenas un ignoto virus aparecido en la recóndita ciudad china de Wuhan cuando cuatro grupos liderados por científicas cordobesas le pusieron el pecho a su investigación, reorientando estudios o asumiendo nuevos problemas. Todas apoyándose en sus experiencias para enfrentar lo que consideran el desafío de sus carreras.

Por Josefina Edelstein*

Fue así. Se veía venir la pandemia, estaba cada vez más cerca, y muchas científicas de Córdoba se pusieron a estudiar el virus del que hoy pende la salud mundial y la vida y la muerte de los habitantes del planeta. Intercambiaron conocimientos con grupos de investigación de diversos centros, incluidos algunos de China, donde surgió el Sars-CoV-2. Entretejieron mallas de experiencias con investigadorxs locales y nacionales que vienen aportando datos y hallazgos. Y desde el 3 de marzo -cuando fue el comienzo de la enfermedad por Covid-19 en la Argentina- comenzaron a buscar sus propias respuestas.

Uno de los equipos que empezó a trabajar tempranamente fue el que lidera la doctora en Ciencias Biológicas, Sandra Gallego, investigadora adjunta del Conicet en el Instituto de Virología Dr. J.M. Vanella (InViV), de la Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba.

Dra. Gladys Granero con parte del equipo

Cuenta Gallego que, cuando la pandemia asolaba China y Europa, comenzaron a ver que el uso de plasma de convalecientes para tratar a las personas que se fueran enfermando, se tornaría una necesidad en el país. “Me encerré un mes a estudiar el tema porque estaba muy preocupada y me olvidé del mundo”, recuerda ahora, después de que la Asociación de Medicina Transfusional de Córdoba le consultara si iba a poder disponer de ese fluido y de qué manera se aplicaría en la provincia.

Así, organizó un equipo para desarrollar y poner a punto una práctica que permite medir la concentración de anticuerpos neutralizantes específicos contra el virus Sars-CoV-2. “Con esta técnica podemos definir si el plasma de un paciente recuperado, cuando tiene una determinada concentración de esos anticuerpos, se puede usar en otra persona contagiada”, explica Lorena Spinsanti, doctora en Ciencias de la Salud y profesora asociada en el Laboratorio de Arbovirus del InViV.

“En el equipo somos seis: tres mujeres y tres varones, elegí a quienes consideré que son los mejores en sus líneas de trabajo para aportar al proyecto y lo dirijo de puro corajuda”, acota Gallego. “En el área de neutralización, mis compañeras, las doctoras Lorena Spinsanti y Brenda Konigheim, son las mejores”, asegura. Y agrega “por eso,  cuando me consultaron desde la Asociación de Medicina Transfusional, pensé que –efectivamente- nosotros tenemos el conocimiento básico para enfrentar el desafío sobre un patógeno que no sabíamos cómo se comportaría”.

Sandra Gallego, investigadora del Instituto de Virología

Así fue que escribieron la propuesta y la presentaron a la directora del InViv, Silvia Nates, y al decano de Ciencias Médicas, Rogelio Pizzi. “Creo que nuestra experiencia previa fue lo que nos ayudó a llevar adelante rápidamente el proyecto, porque una metodología así puede llevar muchos meses e incluso fracasar”, remarca Gallego.

“Nosotras teníamos cierta ventaja porque decidimos arrancar aportando materiales e insumos propios de nuestros laboratorios. Había que dar una respuesta al problema y desde marzo fuimos viendo qué podíamos hacer”, señala Brenda Konigheim, doctora en Ciencias Biológicas y profesora asistente, Conicet-Inviv.

Luego, el Ministerio de Salud de la provincia convocó al equipo y decidió apoyar su proyecto, considerándolo prioritario para la salud pública de Córdoba.  Un poco después, la línea de investigación resultó ser una de las 64 ganadoras -entre más de 900 que se presentaron- para recibir el subsidio a las Ideas Proyecto Covid-19, convocatoria que impulsó la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), coordinado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación (Mincyt).

Sandra Gallego y equipo, junto a la directora del InViV, Silvia Nates, y al decano de Ciencias Médicas, Rogelio Pizzi

En la actualidad, el plasma de convalecientes se ha transfundido de manera compasiva (con consentimiento de los pacientes) a más de mil personas en toda la provincia, además de que se usa también en el resto del país. El tratamiento –que procura reforzar el sistema inmunológico de pacientes con la enfermedad– está ahora en su etapa de investigación clínica en distintos centros de la Argentina, aún sin resultados concluyentes.

Temores y ansiedad

Durante la cuarentena, lxs integrantes del equipo hicieron de todo: preparar el material de cultivo, lavar y esterilizar, buscar muestras en sus propios autos, cargar las planillas con datos y elaborar los informes; tareas que les ocupaban más de 12 horas por día, incluidos los fines de semana.

Lorena Spinsanti tiene dos hijos de 13 y 15 años y su marido también trabaja fuera de la casa. “Siento pena porque están solos todo el día y, como mujer, cargo un poco con la mochila de la culpa y -aunque llego tarde- siempre me apuro para tener presencia”, comenta.

“De lunes a viernes me desentiendo de las tareas hogareñas, salvo la cena”, explica en cambio Brenda Konigheim, cuyos hijos de 19 y 17 años se ocupan de los quehaceres junto con su marido. 

A Sandra Gallego la acusan de “intensa” porque -obsesiva como es con el trabajo- se queda todos los días hasta entrada la noche haciendo tareas. “Además, tuve que enfrentar mis propios miedos respecto de mi hijo, ya que estaba estudiando un patógeno que no sabía cómo iba a funcionar. Así que se fue a la casa de su papá”, confiesa la viróloga.

Al comienzo, todas tuvieron temor y lucharon contra sus propios fantasmas al asumir riesgos cuyos alcances desconocían. “Pero enseguida empezamos a trabajar en condiciones de bioseguridad adecuadas –asegura Gallego- y nos familiarizamos con el sistema, ganando en tranquilidad”. Sin embargo, los hijxs de todas compartieron la ansiedad por el desafío: “Y, mamá, ¿pudieron aislar el virus?”, fue la pregunta recurrente a lo largo de todos esos meses.

Circulación del virus e impacto ambiental

En mayo de este año se inició otra investigación cordobesa sobre el Covid-19 con el objetivo de detectar su circulación en las aguas residuales de la ciudad y de tres localidades en el Valle de Punilla. Este enfoque permite medir la cantidad de personas infectadas que excretan el virus en las cloacas, sin depender de pruebas para saber si tienen o no la enfermedad.

Gisela Masachessi, investigadora del Laboratorio de Gastroenteritis Virales del InViV.

“En agosto se empezó a detectar la presencia del genoma del Sars-CoV-2 en las aguas residuales de la ciudad de Córdoba debido a que cada día hay un mayor número de personas infectadas que contribuyen a la excreción del virus por materia fecal en el sistema cloacal”, explica la directora del proyecto, Gisela Masachessi, investigadora del Laboratorio de Gastroenteritis Virales del InViV.

El 35 por ciento de las personas contagiadas excretan el virus durante 21 días aproximadamente. “Los resultados obtenidos hasta ahora –agrega la bióloga- nos permiten conocer la frecuencia y la carga genómica del virus en las cloacas (a las que están conectadas el 50 por ciento de la población) y extrapolar esos datos para medir la magnitud de la circulación viral”.

La directora del InViV, Silvia Nates, impulsó a Masachessi a escribir y proponer el proyecto, en el que trabajan 12 mujeres. Esta línea de investigación también fue seleccionada para recibir  subsidios de la Agencia I+d+i y cuenta con el apoyo de los ministerios de Salud y de Ciencia y Tecnología de Córdoba.

“La unión a nivel mundial de todos los investigadores para tratar de dar una respuesta a esto que nos sucede” es uno de los aspectos positivos que la científica destaca de la pandemia. “Es maravilloso, –se entusiasma- hemos dejado de lado otras líneas de investigación para dedicarnos exclusivamente a tratar de entender la historia natural de este virus, comprender cómo se disemina y cuáles son las mejores estrategias para que los efectos negativos en la sociedad no sean tan profundos”.

El estudio se realizará durante un año, pero para ella “es importante seguir con el monitoreo de las aguas residuales, ya que inciden sobre otras matrices ambientales”. Se refiere a los efluentes crudos o mal tratados del sistema de eliminación de excretas de Córdoba, que llegan a aguas superficiales utilizadas posteriormente como fuente de abastecimiento, con fines recreacionales y/o para el riego en sistemas productores de hortalizas. “Esto abre nuevos escenarios ambientales con potencialidad de transmisión viral a la población expuesta”, advierte.

En cuanto al impacto en lo profesional y personal, está contenta de participar en un proyecto que considera relevante junto a investigadorxs “que tiran para adelante sin aflojar”. Como mamá de 4 niñxs de 12, 10, 8 y 5 años, dice que no fue fácil adaptarse y que -con su marido- acondicionaron los espacios de la casa para que pudieran continuar con sus clases. “La inquietud que me atraviesa muchas veces por estar fuera de mi hogar tantas horas se ve compensada por los resultados obtenidos, ya que cada granito suma a la causa”, finaliza afirmando.

La inmunidad bajo la lupa

Claudia Sotomayor, profesora asociada de Inmunología e investigadora de Conicet en el Departamento de Bioquímica Clínica –Cibici-, en la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC, dirige un ambicioso proyecto para desarrollar una técnica de inmunofluorescencia para determinar anticuerpos en personas infectadas con el virus Sars-CoV-2. Una vez que esta técnica esté probada, servirá como  herramienta complementaria de diagnóstico y permitirá realizar estudios epidemiológicos.

Claudia Sotomayor, investigadora en el Departamento de Bioquímica Clínica de la Facultad de Ciencias Químicas

“En el caso particular de esta metodología se requiere el uso de células que deben ser cultivadas, y de técnicas de biología molecular que permiten que esas células expresen o muestren las  proteínas del virus”, explica. El proyecto apunta a producir tests diagnósticos que se distribuirán en hospitales y centros de salud, pero también se podrán procesar en la plataforma automatizada con que cuenta el CibiciPara ella, la plataforma que están desarrollando “permitirá múltiples determinaciones en muy corto tiempo”. También estudiarán las citoquinas, “cuyo rol como predictores de la severidad de la enfermedad es muy importante para definir las conductas terapéuticas a adoptar con los diferentes pacientes”, agrega Sotomayor.

Consultada sobre cómo llegó a dirigir un equipo que involucra a muchxs investigadorxs y docentes de muy dilatada trayectoria y de distintas áreas, dice que el proyecto fue “una construcción colectiva” y que la dirección fue una decisión consensuada por el grupo de trabajo, así como también la codirección a cargo Adriana Gruppi, investigadora superior de Conicet en Cibi.

Como la comunidad científica en general, Sotomayor piensa que se está viviendo un momento histórico de unión de esfuerzos y conocimientos. La pandemia “ha permitido que diferentes Investigadores y sus grupos, converjan en un trabajo coordinado y único en busca de un bien común para la sociedad, que trasciende todas nuestras individualidades. Creo que es un verdadero hito para las carreras propias y en la trayectoria de nuestra facultad”, señala. “Me siento honrada –concluye- de formar parte de este fantástico grupo humano y orgullosa de afrontar con todos ellos este desafío”.

Cabe aclarar que también participan del estudio el Ministerio de Salud de Córdoba, el Sanatorio Allende, los hospitales Privado y Ferreyra y el Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas de Córdoba.

Máscaras microbicidas

Gladys Granero es otra de las investigadoras cordobesas que reorientó su línea de trabajo al calor del avance de la pandemia.  Actualmente está desarrollando una película o filtro con un compuesto antiviral (nanopartículas de plata) que se usa para recubrir máscaras plásticas y así neutralizar el Sars-CoV-2. La idea es que estos protectores faciales puedan ser utilizados por toda la población y no solamente por grupos específicos como el personal de salud.

Desempeña su actividad en la Unidad de Investigación y Desarrollo en Tecnología Farmacéutica (Unitefa, Conicet, UNC). Hasta la aparición del Covid-19, el equipo que dirige Granero diseñaba películas poliméricas destinadas a la ingeniería en tejidos para aplicaciones en el área de la salud. En el actual proyecto participan 3 mujeres. A su vez, también aportan otrxs investigadorxs del Centro de Microscopía Electrónica y del InViV.

* Josefina Edelstein, Periodista especializada en Ciencia y Salud.