Quiénes hablan y qué dicen

Quiénes hablan y qué dicen

La pregunta “Mala madre / mala hija. ¿Cuál sos vos?” disparó más de un centenar de respuestas sobre la maternidad y sus “maldades”. Es una radiografía de los mandatos, las culpas y las cobranzas que nos acechan como madres e hijas.

Cantidad de respuestas por edad 

19 a 29 años: 12 
30 a 40 años: 37 
41 a 49 años: 40 
50 a 58 años: 16 
62 a 75 años: 7 
Total: 112 

Cantidad de respuestas por ubicación geográfica

– 63 de Córdoba Capital 
– 28 de Sierras Chicas 
– 11 de otras localidades de Córdoba: Anisacate, Alta Gracia, Parque Santa Ana, Paravachasca, San Francisco, Bell Ville, Los Hornillos, Mina Clavero, Villa Giardino, Capilla del Monte, Villa María 
– 9 de otras provincias argentinas: 5 CABA, 1 Entre Ríos, 2 Mendoza, 1 Puerto Madryn 
– 1 de Uruguay 

Cantidad de respuestas por definición 

Malas hijas: 35 
Malas madres: 53 
Ambas: 22 

¿Mala madre? ¿Mala hija? ¿Cuál sos vos?

Para mi papá fui toda la vida mala hija hasta que cumplí los quince (aunque él no estaba mucho para saberlo tampoco) y nació mi hermano. Desde entonces, que mi papá está solo, yo cuido a mi hermano, lo cuido a él y trabajo para aportar a la casa. Hasta ahí digamos que todo bien, pero él nunca me trató de acuerdo a mi edad y además de ocupar rol de madre-esposa también soy amiga, con la que él se siente libre de hablar de sus experiencias sexuales, de sus impulsos suicidas y demás temas con los que no me siento cómoda. Ya se lo he dicho. El problema con esto es que si yo no ocupo este lugar, sino soy diligente con él ya sea desde cuidar a mi hermano o escucharlo una noche porque está aburrido, después me castiga sin dejarme ver a mi hermano. 

Esto me ha afectado con mis estudios, con mi energía, con mis actividades y mi libertad; al día de hoy los hombres que actúan, hablan o tienen una expresión de masculinidad similar a la de mi padre, me ponen extremadamente incómoda y me desagrada incluso su presencia. Agrego que también tengo un hermano adolescente al que nunca le exigieron nada. Jamás fui buena hija, o hija en absoluto pero él nunca fue padre (19 años).


Como hija de una generación en la que a varias el feminismo nos atravesó en plena adolescencia, fue (y sigue siendo a veces) muy recurrente el sentimiento de sentirte “mala hija” al verte en situaciones de demanda o falta de consideración con tu vieja; siendo conscientes de la cantidad de exigencias que la estructura patriarcal pone sobre sus hombros como mujer, madre y pareja. Supongo que una cuestión del día a día es el re-pensarse una misma desde la individualidad como hija y mujer y desde el vínculo entre madre e hija. Roscas y más roscas jua, ¡las abrazo! (20 años).


Una vez me hicieron sentir mala hija porque decidí no ir a un «festejo» del día del padre, porque me sentía mal anímicamente. Algunes familiares consideraron que era una «falta de empatía» (21 años). 


Tengo una mala madre que padecí muchos años y que el feminismo me enseñó a reivindicar. Aguanten las madres que militan disfrutar de su vida por afuera de la maternidad, y aguante criar niñes libres e independientes (24 años). 


El primer año que estuve de novia, decidimos irnos a pasar las fiestas con la familia de él en Jujuy. Mis viejos no me dijeron nada, pero todo el mundo me reprochó «¿cómo no vas a pasar Navidad con ellos?». Hablé con mi mamá y me dijo «andá y conocé, lugares y personas que no conocés, no te quedes con las ganas y cuando vuelvan festejamos de nuevo» (26 años).


Creo que fui mala hija en mi crianza y adolescencia por hacerla sentir mal a mi vieja, porque no teníamos dinero para comprar cosas o porque me daba vergüenza  dónde vivíamos. También por reprocharle no seguir con mi papá, que tenía problemas de consumo o pensar de niña que era su culpa no aguantar. Capitalismo y patriarcado apoderándose de todo (26 años). 


En el colegio descubrieron que un mayor que conocí me desvirgó cuando tenía 14 y me obligaron a contarle a mi familia. Me trataron de pésima hija, y todos los insultos que se imagen, etcétera. Pero mi mamá me dio todo el apoyo del mundo. Es la mejor madre y sé que nunca fui mala hija para ella (27 años). 


Soy mala hija porque no acepto las facetas narcisistas de mi madre y no cedo a quedarme a su lado por mandato social. Puse mi tiempo, mi paciencia, posponiendo mi carrera, mi vida personal en pos del cuidado de ella, de su salud… y soy mala hija por priorizarme y tratar de salir adelante (27 años).


Mi vieja nunca me hizo sentir mala hija. Aunque me acuerdo de un día… Llegué a las ocho de mañana y no avisé dónde había estado. Mi vieja me dijo que casi se muere de un susto. Ahí supe que era mala hija por no considerar su preocupación.


Y mala madre me sentí cuando llené de más a mí bebé. Lactar es muy difícil. Y en ese proceso, una se siente que hace las cosas mal. Amo a mi bebita con todo mi corazón (28 años). 


Me hicieron sentir mala hija cuando no llegaba a realizar todo lo que se esperaba de mí. Ayudar en el negocio de la familia, estudiar en la “uni” y mantener la casa. Me hicieron sentir mala hija cuando no me daban el mismo trato que a mí hermano. Me hicieron sentir mala hija cuando no encajaba con mi forma de ser en lo «femenino» (28 años). 


Hoy pienso que me sentí muy mala hija cuando en la adolescencia, y tras la separación de mis padres, le dije a mi mamá en una pelea típica de la edad, que entendía por qué mi papá la había dejado, porque yo tampoco la soportaba más. Fue hace mucho, pero hoy que soy una mujer y que me cuestiono constantemente mis estructuras y patrones, pienso en lo doloroso que habrá sido para ella escuchar algo así, especialmente porque mi viejo es un violento y ella lo echó de casa por sus agresiones constantes a ambas. Me arrepiento profundamente de esa frase y de ese sentimiento (29 años). 


Mala hija por el momento. Sentir que irme de una relación violenta con mi madre me hacía mala hija por «abandonarla» (29 años).


Mala hija: no corresponder con los deseos de mi mamá, las exigencias de mis hermanos mayores y el ¡maldito! sentimiento de culpa. A veces poco y otras veces se siente mucho más. Pero con esos «problemas» hemos sido, y durante esta cuarentena, un gran equipo. Gran luchadora la vieja y excelente compañía (30 años).


Mala hija. Creo que el vínculo madre-hija es problemático per se. Me doy cuenta cuando me quejo de demandas de mi mamá que si fueran de una amiga las tomaría de otra manera (30 años). 


Me sentí (me hicieron sentir) mala hija cuando me «quejaba» de tener que viajar sola a Buenos Aires para cuidar a mamá internada en el Hospital de Clínicas. Tenía 17 años y llegué a viajar con el uniforme de la escuela puesto. Amo a mi madre, sólo que, ¿no podía expresar pesadez? ¿No podía sentirme vulnerable? ¿No podía ser adolescente? ¿No podían ayudarme les adultes? Unos años después me sentí mala hija por intentar suicidarme. Y un poco más adulta, me sentí culpable por irme de mi casa. Y luego, me sentí mala hija por (poder) expresar que me sentí sola, aislada, en la familia; de hecho me sentí mala hija al preguntar por qué dejaron que mis familiares me burlaran, me señalaran a mis espaldas (legitimando dicho accionar, aún sabiendo fui contención y presencia) (30 años). 


¡Mala hija! Me hicieron sentir mala hija cuando me rebelé ante los mandatos de mi familia de callar cosas por negación (30 años). 


Mala hija. Jugar al fútbol y tener gustos por actividades catalogadas como ‘masculinas’ (30 años).


Me sentí mala hija cuando aborté y decidí mentirle a mi mamá porque no quería que me juzgue. Ella estaba esperando que yo la hiciera abuela pronto. PD: ¡gracias por esto! (31 años).


Fui mamá a los 23. Era muy chica para mi gusto todavía, la maternidad me arrasó. Fueron meses muy complejos, de no dormir nada, de pasar migrañas a puro paracetamol porque estaba dando la teta. Sí, me han hecho sentir que era mala madre a veces, pero pese a que soy insegura en mil aspectos en mi vida, en cuanto a la maternidad no. Sé que lo doy todo, además sé que soy mujer y merezco mis tiempos en soledad o para mí misma. Cuando me quisieron voltear haciéndome sentir mala madre, fue cuando más fuerza sentí, porque sé que es todo lo contrario. Amo ser mamá y crecer junto a mi hija (31 años)


Me sentí mala hija cuando mi mamá me dijo «me voy a morir sin que ni vos ni tu hermano se hayan recibido» (31 años).


Me sentí mala hija al no terminar ninguna de las carreras que empecé y al embarazarme sin estar de novia ni nada “oficial”, luego ¡pude sanar esas culpas sin sentido! Y me sentí mala madre al dejar con su papá a mi hijo para salir de gira o tocar en las noches, pero igual nunca dejé de hacerlo ¡Por suerte! Ahora ya crecimos, tenemos un hermoso vínculo de amor, respeto e independencia, considero que en parte es por esa oportunidad (con un padre presente) de no abandonar mis espacios, trabajo y sueños (32  años).


¡Resulta que decidí parir en casa, exactamente un día como hoy hace 10 años! En las fiestas de ese año, cuando sirven la comida, mis familiares me acusaron de prácticamente querer matar a mí hija haciendo eso. Es decir, desde el primer día. Ella fue creciendo y me acusaron de estar mucho tiempo con ella, pues de esa forma sólo iba a tener amor para darle y los chicos necesitan más cosas. Y ahora mis vecinos me acusan de cagarle la cabeza por respetar mínimamente la cuarentena (32 años).


Soy ambas en un círculo. Soy mala hija cuando mi hijo llora frente a mi madre porque apago la tele. Mi madre llora porque lo escucha llorar y entiendo el círculo (32 años). 


Me hicieron sentir una mala hija cuando le dije a mi madre que se debía separar del vínculo de mi padre para que pudiera vivir con autonomía (33 años). 


Cuando decidí divorciarme, sentí que rompía con las fantasías de hija perfecta. Por un lado fue liberador y por otro doloroso porque pasé a ser una desconocida. Romper los mandatos familiares para las mujeres puede ser muy difícil. Pasaron años hasta que pude hablar de eso con mi madre (33 años).


Las dos, hija y madre. Mala hija por ser diferente a las expectativas de mi madre sobre mí, mala madre por dudar de mi disponibilidad, poner por sobre la maternidad otros deseos individuales (33 años). 


Me hicieron sentir mala madre cuando decidí pasar un fin de semana con
mis amigas en Buenos Aires. Mi hija quedaba con su papá y abuelos, rodeada de amor y buenos planes para pasar esos días. Por lo visto, sigue estando mal visto que una mujer casada, madre, ama de casa y profesional, elija un momento de conexión con sus amigas y pase la noche fuera de casa. El estereotipo de la “puta”, la que deja la casa para tirar la chancleta sigue pisando fuerte. Me fui igual, mi hija y mi marido la pasaron bárbaro. Todos felices, y a la gilada ni cabida (33 años). 


Estando embarazada, cuando digo que tengo ganas de fumar o de tomar cerveza (34 años).


¡Mala hija toda la vida! ahora porque no llamo a mis padres lo suficiente y soy peor porque les pido que me llamen ellos a mí, si necesitan algo. ¿Mala madre de gatos cuenta? Mi gata tenía un diente medio podrido y el veterinario me dio una charla sobre la responsabilidad de mirarle los dientes todo el tiempo. ¡Yo ni enterada que podía pasar eso! También soy mala cuñada porque no le hice regalo del día de la madre a la hermana de mi esposo….(34 años).


¡Hola! Pues… soy una buena hija así que mala hija está descartado. Pero a veces no me porto bien como madre. Se me termina la paciencia, grito para que no rompa las cosas, me deje trabajar o para que no desequilibre mi estado mental. Pobre hija mía, estamos solitas. y me sale de esa manera. ¡No debo ser la única!  No me pone mejor… ¡pero al menos no me siento tan mal! (36 años). 


¡Casi siempre me siento mala madre, tengo cuatro hijes y casi nunca tengo tiempo para darles la bola que debería, entre los quehaceres del hogar y que laburo en casa cocinando para una colectiva feminista, mi compañero trabaja todo el día afuera o sea… sola contra el mundo! Ahora, además: maestra y profesora de tres y un bebé que demanda… ¡paren el mundo! ¡Me quiero bajar! ¡Horrible! (36 años).


Me hicieron sentir mala madre cuando recién acababa de parir a mi hija. Se la llevaron a neonatología sin motivo alguno y sin siquiera dejarme verla. Durante varios días podía visitarla cada tres horas un ratito, en las cuales la alimentaban con leche de fórmula. Cuando iba a verla, las enfermeras me decían con desprecio: «¿no ves que no sabés darle la teta?, “para mí que no tenés leche”, “ella se va a ir de acá cuando vos aprendás». Sufrí múltiples episodios de violencia obstétrica en ese lugar y sólo pude salir de esa situación cuando encontré las palabras para nombrar las violencias (37 años). 


El tiempo que miran tele durante la cuarentena me hace sentir mala madre (37 años).


Soy las dos: mala madre y mala hija, pero la mejor que puedo ser (37 años). 


Soy las dos y no soy ninguna. Soy mala madre cuando he dejado los chicos conscientemente liberados a su suerte porque estoy agotada. Pero no lo soy tanto, porque estoy agotada de servirles todo el santo día. Soy mala hija cuando siendo madre aún no logro empatizar con mi propia madre… Pero es que mi madre… ¡ustedes no conocen a mí madre! (37 años).


Todas, pero la que más culpa da es la MALA MADRE (38 años).


Treinta y ocho y sin hijos…. me cansé de escuchar que se me pasa el tren, que me voy a arrepentir, que no voy a sentirme realizada. Personas que opinan sobre la situación sin que nadie les haya pedido opinión…. creo que entro en los dos hashtags: #malamadre y #malahija (38 años).


Aún no soy madre, estoy embarazada pero comparto el cotidiano con los hijos de mi compañero, y a veces me he sentido mala madrastra al ponerle siempre onda para hacer cosas con ellos, y mala hija al no poner onda para hacer actividades con mis padres ¡Fuera culpa! (38 años).


Siendo puérpera se me ocurrió la pésima idea de asistir a una ronda de la Liga de la Leche. La reunión se hacía en una preciosa casona de zona norte. Fui con una amiga y, como buena primeriza, me senté a escuchar. Las experiencias de otras madres me resultaban de una trascendencia enorme, fundamental. Ahí sentada, sin bebé porque la había dejado con el papá (primer error, porque TODAS habían ido con sus bebés y demostraban “ao vivo” sus destrezas como madres) le conté a ese grupo de extrañas que necesitaba volver a trabajar porque era profesional independiente, (si no trabajaba no cobraba) y me sentía muy agotada físicamente, por lo que estaba pensando en destetar a mi bebé de 6 meses. Escuché el silencio y las risitas entre dientes, que parecían comprensivas pero eran nerviosas e indignadas. «Ups, la cagué, es obvio que voy a ser la rara del grupo, la mujer insensible que parece priorizar el trabajo a los imperativos de la OMS», pensé. Lo cierto es que lejos de escucharme y de registrar mi situación, en lugar de tirarme tips para el destete, esas mujeres, que lucían todas muy hippies y relajadas (y con pocas urgencias económicas), me sometieron a una serie de fuertes consejos y recomendaciones acerca de la importancia de continuar con la lactancia hasta el año de vida. Cuando salí de esa ronda -que pasó de la supuesta sororidad a un gran hermano terrorífico-, además de sentirme agotada, me sentí #MalaMadre. Huyan de los fundamentalismos amigas, por más progre que parezcan pueden convertirse en una verdadera pesadilla. La lactancia será deseada o no será (38 años). 


Mala madre por dejar que mi hije duerma en la cama entre papá y mamá (38 años).


Mala hija porque mis viejos me juzgan y «retan» como si tuviera 15 años todavía (39 años).


Me sentí mala madre porque no le puedo ofrecer a mis hijes una vivienda digna, una buena alimentación (a veces no alcanza para terminar el mes) soy el único sostén de esta familia (39 años). 


Mi primera experiencia como «mala madre» fue cuando decidí cortarle la teta a mi primer hijo. Las miradas de mi compañero, mi madre, mi suegra… fueron terribles. Me preguntaban el por qué, cuántos meses tenía mi bebé, ¡decían que eso no tenía que decidirlo yo! ¡me preguntaban qué pensaba el padre! (39 años).


Me hicieron sentir mala madre por no amamantar a mi hijo. Tanto que inventé excusas, como que mi leche no servía. También cuando lo dejaba en la guardería para estar sola en casa. Y así, ¡miles! (40 años).


Me hicieron sentir mala madre cuando no dejé que mis hijos durmieran conmigo a pesar de que lloraban y hacían berrinche (40 años).


La cultura patriarcal siempre nos quiere hacer sentir malas madres, pero afortunadamente vamos ganando esa batalla (40 años).


La primera vez que dejé a mi hija Martina de 2 años con su papá y viajé sola desde que soy mamá. Fue para ir a un congreso de Cuidados Paliativos en Bariloche. Fueron 4 noches. Yo estaba embarazada de 8 semanas, eso me ayudó a decidirme. En el fondo sabía que luego eran 2 años de lactancia y otra vez vería postergado mi deseo de concurrir a capacitarme. 


Una amiga me dijo: no sé cómo podés hacer eso, yo no podría dejar a mi hija e irme sola. Le contesté que me costaba decidirlo pero que confiaba en Juan, su papá, que podría cuidarla tan bien como yo. 


El resultado fue increíble, ella estuvo súper bien y yo… ¡pasé tres días maravillosos! ¡Horas dedicadas a aprender y en las noches disfrutaba de cenar con una amiga y descansar! (40 años).


Los primeros meses de maternidad fueron súper duros. Me sentía súper agobiada con todo, incluso la culpabilidad que me generaba tener tantos sentimientos encontrados… tantas ganas de llorar todo el tiempo, y no saber con quién hablar (40 años).


Me siento mala hija cuando la reto a mi mamá, como si fuera y la madre y me siento mala madre cuando les grito mucho a mis hijos (40 años).


Mala madre me sentí alguna vez cuando disfrute sola y sin mis hijes momentos de mi vida, mala hija me sentí cuando fui madre y registré malos tratos que tuve hacia mi mamá y mi abuela (41años).


Cuando no puedo cumplir con las cosas de mis hijas, llevarlas, traerlas o prestarles atención por algo mío (42 años).


Cuando me olvidé de buscar alguno de mis hijos, me sentí mala madre (42 años). 


Me sentía mala hija cuando mentía para hacer lo que quería, el problema era que ser buena madre para mi madre era prohibir mis deseos. Me siento mala madre cuando de repente pierdo la paciencia y digo «¡qué carajo querés! (42 años). 


Estoy agobiada, con dos niñes, separada y soy docente… Trabajo online. Esta cuarentena me asfixia y hay días en que quiero devolver a mis hijes (42 años). 


Me hacen sentir mala madre (y esposa también, lo agrego aunque no es parte de la consigna) porque no sé coser. No toco ni una aguja. Y muchas veces el que usa la aguja en cuestiones simples es mi compañero. ¡¿Para qué?! Digna de todo tipo de comentarios (42 años). 


Recuerdo que dejé a mis hijes -la más pequeña de un año (lactante)- para ir a ver el concierto de Paul McCartney ¡Fui lapidada por parte de mi familia política! Ay esa gente que no puede ver disfrutar a una madre puérpera y creen que sólo tenemos que abocarnos a tareas domésticas y de cuidado. Por suerte, hoy circulan nuevas imágenes sobre familias, maternidades y crianzas, partiendo de la premisa: ¡la maternidad, será deseada o no será! (43 años).


Siempre me sentí mala hija porque mi madre me lo dice y mala madre también porque soy retadora compulsiva (43 años).


Cuando a mi hijo de tres años en el 2015 le regalé un jueguito de escoba y pala por el día de la niñez, me dijeron: “eso no es un juguete”… ¡que ploma! (43 años).


Me sentí mala hija cuando me fui de casa siendo muy joven, 21 años, sin pareja y sin casarme. Después de un corto tiempo mi familia me acompañó en mi decisión y comprendí que mi mamá también había sido criada con enormes mandatos sociales (43 años). 


Cuando no podía/sabía amamantar a mi primer hijo (43 años).


Soy mamá de hije con discapacidad. El techo es muy alto, siempre seré mala madre (43 años). 


Cuando tuve mi primera hija y viajé por trabajo a Buenos Aires. Lo primero que me decían era: «pero ¿con quién se queda tu hija?”. Y yo respondía: “¡con su padre!”. Creo que si él viajaba nadie cuestionaba nada (43 años). 


Mala hija al no cumplir con las expectativas de mi papá. Con el tiempo, me acepté, me amé y sigo adelante. Mala madre: sentirme culpable de mis progresos aún en épocas pandemias y de sobrecarga doméstica. Aún lo sigo trabajando y va en progreso. Lo hablo con madre y mis compañeras feministas (43 años).


Tiempo atrás, cuando quería salir a cenar o juntarme con mis amigas y mis hijos eran chicos, debía dejarles hecha la cena a todos porque si no era como un abandono. Por suerte, ese mandato lo fui dejando de lado y ahora se organizan ellos (43 años).


Me sentía mala madre cuando tenía que dejar a mis hijes para reunirme con alguien.También me sentí mala madre cuando no quería darles la teta, No me gustaba amamantar (44 años).


Mala madre y mala hija. Igualmente me quieren (44 años). 


Mala hija antes de aprender a ser mala madre (44 años).


Mala hija me hicieron sentir cada vez que elegía desde el deseo, la libertad, la individualidad y la diferencia. Mala madre, sobre todo cuando pude amamantar sólo ocho meses a cada uno de mis hijos. Mala madre porque no logré partos naturales, por olvidar tareas, por no tener rutinas para todos los días de crianza, por ser relajada y no cumplir con las modas. Creo que todas hemos sido vistas como malas madres y malas hijas sobre todo cuando la libertad es la primera bandera que levantamos como símbolo de amor. Abrazororo (43 años).


Soy la mayor de cuatro hermanos. Los mandatos en la casa de mis padres siempre han sido muy fuertes. Viví y me mantuve sola desde que me recibí de abogada a los 24 años. Cuando tenía 31 viví por primera vez con mi novio, quien un año después y hasta la actualidad es mi esposo. Cuando mis padres se enteraron mi mamá me citó en un bar y me dijo que había desilusionado muchísimo a mi papá y a ella. Ella se «había casado virgen » y yo ya no lo era (45 años). 


Mala hija por no estar presente a disposición de la familia y priorizar mis tiempos personales. Rótulo puesto por el entorno más que por la propia familia. Mala madre… por lo mismo… jajaja. Rótulo que una misma se pone y genera culpa si una decide priorizarse en alguna situación (45 años).


Cuando mi hijo empezaba a caminar pasamos la Nochebuena en casa de mi vieja. Durante un rato largo estuvo a cargo de su papá, que le hacía upa y lo seguía mientras exploraba todo. Hasta que se cansó y me pidió que lo cuidara yo. En ese momento el pequeño explorador dio unos pasos rápidos y se metió a la habitación de su abuela, agarró un portavelas de vidrio, se le cayó y lo lastimó. Yo llegué atrás de él pero no pude evitar nada. ¡Vi cuando caía el portavelas! «¡Justo cuando vos lo tenías que cuidar le pasó esto!» me dijo el que era mi pareja. Me lo dijo ese día y varias veces más… porque esa lastimadura trajo varios problemas de salud para mi hijo. Me llevó tiempo poder verlo de otra forma. ¡Me sentí mala madre mucho tiempo! (45 años).


Me hicieron sentir mala madre cuando empecé a trabajar en la SENAF haciendo espectáculos por el país y… ¡tenía que dejar a mi hijo con el papá! Por aquellos días él tendría tres años (45 años). 


Mala hija, cuando le adelantaba el reloj a mi mamá para poder salir antes para el colegio y pasar un rato con mis amigas y amigos. Mala, sí, pero ¡cómo me divertía! (45 años).


Recuerdo que de niña y adolescente fue muy difícil responder a las exigencias del mandato de ser una buena hija. Siendo la mayor de 6, recaían sobre mí muchas miradas, la mayoría implícitas. El temor a equivocarme era enorme, la posición de dar el ejemplo por ser la mayor fue muy dura… Obviamente me equivoqué mil veces y la culpa me llevó a varias crisis existenciales… Hacia la adolescencia y l juventud, las peleas interminables con mi madre dejaron un tendal para terapia… En mi adultez me fui reconciliando con mi mamá leona y capitana al acercarme yo misma a la maternidad y experimentar en carne propia ese gran desafío que implicaba la responsabilidad de sostener la crianza de mis hijas… Crecí pensando qué no haría o qué si haría cuando fuera madre (porque antes era un destino casi ineludible), y al serlo me reproché tantas veces los errores… Hoy a mis 45 años disfruto más, aunque la vocecita interna del dedo acusador siempre siga estando… (45 años).


Desde antes de ser madre ya sentía que la palabra MADRAZA -que se usa a menudo- está atravesada por mandatos sociales que deja afuera muchas «versiones» y diversos modos de maternar y hace sentir MALA madre a muchas, y me incluyo ahí (46 años). 


Las madres que afrontamos solas la crianza de nuestros hijos siempre somos carne de cañón, todo es nuestra responsabilidad. Sólo reproches. ¿Se egresa de esto? ¿Nadie avisa, locx? 1000 (cuarenti aprox).


Mala madre me siento muchas veces. No es fácil, para nadie ser mamá. ¡Siento que soy mala madre cuando se me sale la cadena ante diferentes situaciones de la vida cotidiana! (46 años).


Me siento mala madre o mala hija por no sentir culpa… o mucha culpa de serlo. Ja… No es de superada, simplemente entiendo que es una opción en esto de tratar de hacer lo mejor posible. ¡Abrazo y gracias! (46 años).


Me hizo sentir mala madre el padre de mis hijes y su familia; los juzgados machistas y corruptos. Te hacen sentir mala madre el sistema judicial cuando los operadores no saben cómo silenciarte y adoctrinarte y te enchufan un Falso Síndrome de Alienación Parental. Te hace sentir mala madre cuando llegás tarde al zoom de la reunión del cole. O si tus hijes adolescentes del embole capaz faltan a clases en un rateo virtual o no hacen sus tareas a tiempo porque se pudrieron de que los trataran como robots. Salvo por eso: “fush” a todos los que quieren adoctrinarnos porque SE VA A CAER. Y como sea todas somos madres a nuestra mejor manera. Gracias por el espacio catarsis que parece un juego! (46 años).


Me hicieron sentir mala madre cuando, con tres hijes pequeñes, dije que no me hacía nada bien, tampoco feliz, ni me gustaba en lo más mínimo, ocuparme de las tareas domésticas y que mi amor por esos pequeños seres que había engendrado, no tenía ninguna relación con el mandato de sentirme feliz por limpiar el hogar, asistirles, estar siempre dispuesta o disponible, etcétera. (46 años).


Me siento mala hija por no haber comprendido a mi madre en el ejercicio de su maternidad, que los tiempos que corrían  su rol de madre y esposa estaban sujetos a la autoridad y control de una sociedad y una familia netamente patriarcal (47 años). 


¡Soy las dos! Recuerdo que me sentí mala hija cuando fui madre y quise empezar a dejar de darle peso a ese día… Y mala madre me hicieron sentir unas amigas cuando les contaba que para mí era muy importante no dejar de ser mujer y sentirme independiente por ser madre… Hoy a 15 años, el tiempo me da la razón y estoy feliz de ser quien soy y haber actuado de esa forma (48 años).


Un día vinieron a visitarnos unas compañeras/amigas de la facultad. Había sido madre hacía unos meses. Vinieron a conocer a la niña. Yo estaba tan entusiasmada con la maternidad y mi nueva condición, que lo único que hacía era parlotear como lora. La beba dormía plácidamente en su cochecito, cerca mío. En las dos horas que estuvieron tomando mate y escuchándome pacientemente, la niña ni se mosqueó. ¡Creo que mi voz le provocaba más sueño! O quizá había comido y estaba feliz durmiendo el sueño de los justos, que es como duermen lxs bebxs cuando están bien. En un momento una de mis amigas me dice: ¿No la alzás nunca? Me quedé sorprendida y una sombra de angustia se paseó por mi corazón. ¿Acaso era tan desalmada que no acunaba a mi hija, no la tocaba? ¿Era para mí más importante la charla que mi hija? Pasada la sorpresa y el desconcierto contesté: «No me gusta molestarla mientras duerme» (48 años). 


Durante la adolescencia de mi hija, ella decidió pasar más días con su papá. Creí que no había podido acompañarla hasta que entendí que no era personal… eso gracias a las hermanas, amigas y terapia (48 años).


Soy muy mala hija porque le tengo cero paciencia a mi madre. Pobre… estuvimos acostumbradas a que no existía y ahora está envejeciendo, pobre mi vieja (48 años). 


Me han hecho sentir mala madre por viajar por mi trabajo y «abandonar» a mis hijes al cuidado de su padre (49 años). 


Nueve horas de jardincito para mi hije Gregorio son suficientes para miradas condenatorias hacia una madre sostén de familia (49 años). 


Mala de toda maldad (50 años).

¡
Hola! tengo de los dos, mala hija por muchos motivos, pero el más gracioso -me parece- no llegar virgen al matrimonio, amén de que no hubo matrimonio con ese con el que perdí la virginidad. Ja Ja. Me sentí mala madre, por trabajar mucho y no dedicarle tiempo (parece que siempre era poco) a mi hija en sus primeros años de vida. Ahora tiene casi 11 y sé que le dedico un montón (50 años).


Me hicieron sentir mala madre cuando mi hijo me reclamó que no lo acompañaba a la entrada del jardín, porque era mi horario de trabajo. Me hacían sentir mala hija cuando me comparaban con mi hermana mayor que era más obediente, prolija, casera, dócil. Y yo: lo contrario… (50 años).


Cuando veía a otras mujeres decir que todo era maravilloso y yo estaba harta de no dormir de noche, de trabajar a deshora, de hamacar a mi bebé para que durmiera, de no poder ni ir al baño en paz… Y si me quejaba, todos te miraban como si fueras una verdadera mala. La mayoría miente pero nadie se atreve a decirlo porque es muy fuerte el choque entre el imaginario y lo que sucede en cada cuerpo (54 años). 


Durante veinte años acusé a mi madre de no trabajar… Durante veinte años violenté a mi hija con frases tipo «Qué bien un 9, pero por qué no sacaste 10» (54 años). 


Siempre sentí que era mala madre. Crié a tres hijos con padre «borrado» y todo lo que hacés está mal. Salir a trabajar está mal, porque los dejas. Si no trabajás está mal, porque no podes darles de comer. Ese mandato de hacer todo sin redes de contención social, genera una inmensa frustración (55 años).


«Sentate con las piernas cerradas… sos una señorita» -mi mamá cuando yo tenía 14 años más o menos-. «Y, lo que él hizo está mal, sí… pero, fijate: vos trabajás mucho, estás mucho fuera de tu casa” -madre y suegra-. «Ma… te fuiste a las 5… 1,2,3,4 (contando con los deditos)» (uno de mis hijos cuando tenía 10 años y yo trabajaba y estudiaba) (55 años).


Cuando era niña, muchas veces me hicieron sentir una mala hija. Por suerte a medida que crecí, entendí que el problema estaba en ser mujer. Sobre todo para mi madre. Me tocaba competir con mi hermano, aunque por suerte fuimos muy unidos. He tratado de hacer las cosas de manera diferente con mis hijos. Igual cometí errores. Pero ellos nunca me han hecho sentir una mala madre. Les agradezco, sobre todo a mi hija, haberme ayudado a mirar las cosas de otra manera. No sólo por ellos, sino por mí. Por mi vida, por mis deseos, por mis sueños sin cumplir (55 años).


Tengo una madre de 82 años que siempre me hizo responsable de casi todo, por ser la mayor (somos dos hermanas). Siempre me ocupé de ella, ahora que ya tomé distancia, la dejo hacer, etcétera, soy mala hija (56 años).


Cuando no dejé lo que hacía (el espacio de trabajo profesional y militancia), cuando nació mi hijo con síndrome de down. El comentario médico y de algunos espacios especializados referían a la abnegación y entrega. Destacaban que las necesidades más importante eran las de este hijo por sobre mi pareja, mi otro hijo, las mías. El feminismo me ayudó a entender que las necesidades son diversas y múltiples, que el desarrollo de cada una es fundamental, y que desde esos lugares y posibilidades construimos con el otro, en este caso con mi hijo y con todes. El feminismo fue fundamental en mi vida (56 años).


Me sentí mala madre un día que mi hijo de 7 años había invitado a un compañero a la salida de la escuela y como yo estaba trabajando (en esa época estaba muy desbordada), habíamos quedado con su madre que se venían juntos en el transporte. Pero me olvidé de avisar a la señora que cuidaba les niñes y ella no lo quiso recibir. Así que el nene se tuvo que volver a la escuela en el transporte y de allí lo buscó su mamá. El agravante era que mi hijo tenía pocos amigos y este era uno de ellos. Obviamente, al nene nunca más lo dejaron venir a casa ni invitaron a mi hijo. Un desastre. Creo que aún no me recupero de ese episodio jajá (56 años).


Cuando me separé y les hijes se quedaron con el padre, de común acuerdo. Todo el entorno me hizo sentir muy mala madre, aunque yo sabía que fue un acto de amor incondicional. Hoy luego de 6 años lo confirmo (57 años). 


Mala madre, porque me costaron muchos años de terapia dejar de ser la hija correcta y la madre correcta, ahora lo celebro: Soy mala madre… ¿y qué? Me hicieron sentir mala madre cuando dejaba que mi hijo se ensuciara toda la ropa jugando, «Ay, ¡mirá los hijos de Fulana, siempre están tan prolijos!». Cuando comíamos o dormíamos tarde. Cuando le daba mucha teta, cuando mi hijo dormía en mi cama (58 años). 


Como mamá, siento que hice lo que pude, algunas cosas bien y otras mal. Soy docente y siempre tenemos esa cuestión de no poder acompañar a nuestres hijes en algunas ocasiones especiales de su escolaridad, por ejemplo. No diría que me sentí una mala madre, sino más bien una mamá con muchísimas presiones y poco acompañada. Como hija, muchas veces sentí que no era o no hacía lo que se esperaba de mí. Sí siento que debería haber reconocido mucho más los mandatos que vivió mi mamá y las desvalorizaciones que ella sufrió como mujer (58 años). 


Como militante, llevar a tu hija pequeña a una reunión, o dejarla un rato con el padre u otro familiar para asistir a actividades políticas o sindicales, luego de trabajar fuera del hogar, hubo quien lo vio mal. Eso sí, las horas que se pasan en los shoppings, llorando por el aburrimiento, ¡¿no cuentan?! (58 años).


Mala madre y buena hija. Cuando me recibí de doctora en Estudios de Género, y cuidando a un nieto-bebé, una persona a la que amo -a pesar de que no coincidimos en casi nada- me dijo: «espero que ahora te dediques a ser madre». La verdad es que la recomendación me hizo mella por unos minutos. Después, supe que la oscuridad no podía opacar la luz que nos habíamos encargado de repartirnos mis dos hijas y mi hijo. Y sigo siendo mala madre para ser libre y parir familia libre cada día (58 años). 


En realidad nunca me hicieron sentir ni mala madre ni mala hija… La única que se incriminó en la culpabilidad fui yo misma. Mala madre por exigir que hicieran las cosas como yo, que era la mejor, por ser un bloque con mi compañero, a veces difícil de penetrar, pretender que mis niños fueran adultos que aprendieran las consignas de lucha cuando todavía debían jugar… Y mala hija por irme del lado de mi madre para hacer mi vida. Cuando ella me despedía con un gran abrazo de felicidad porque me animaba a encontrar mi destino. Cuando se enfermó y por estar lejos no pude estar todo el tiempo con ella. Cuando me animé a decirle lo que no me gustaba de ella y sus decisiones. Siempre la valiente diciendo todo y haciendo todo, pero con culpa. En realidad creo que había algo cultural y ancestral que hacía que mi culpa apareciera a pesar de que terceros nunca me la hicieron sentir (62 años). 


Toda la vida me dijeron que era mala madre porque parezco hombre en muchas actitudes: hago el asado, arreglo las cosas de la casa. Crié a mis hijos libres, porque sabía que me iban a contar las cosas si confiaban en mí. Y me salieron tres hermosos y buenos chicos. Perdí muchas amistades por diferencias así en el camino. Estoy orgullosa de ser una mala mamá jaja. Un beso (63 años). 


Me sentí mala madre cuando no les dejaba ir a lugares porque me daba miedo (64 años). 


Cuando no seguí el mandato heterosexual normativo y me enamoré de una mujer… y con ello encontré mi plenitud de goce, no sólo sexual, sino también para expresarme íntegramente sin prejuicios y allí pese a algunas discriminaciones encontré la felicidad (67 años). 


Me sentí mala madre cuando mi hija me dijo que los dejaba demasiado tiempo con niñeras y siendo más grandecitos solos, por mi trabajo (69 años). 


No creo en mala y/o buena….no tengo hijes (por elección) ni madre ahora…. Supongo que ella habrá hecho lo que creyó mejor. ¡Creo que la función se ejerce como se puede!…y “la madre” es un buen nombre para que los comerciantes vendan mucho en el día de-signado a tal efecto. A mejor regalo: ¿mejor hije? Luego:¿los ricos son reee-buenos? A madre más: «dejá, nomas. No gastes», ¿mejor madre? Luego: ¿madre gozosa mejor madre? A los que no les importa recibir ni dar regalos (chocolates flores helados) pero cuidan los lazos todo el año: ¿son boludes? Ningún absoluto me interroga. ¿Mala? ¿Buena? No tengo hijos (mi mayor coherencia) No tengo madre… Cada una hará con la función lo que pueda. ¿Qué es SER Buena o Mala? (75 años).