Los olores feos tienen su encanto

Los olores feos tienen su encanto

Sin creer en los destinos ni los azares, Rocío Revuelta se cruza del otro lado de la cordillera con la obra de Lucia Berlin, así, sin ninguna tilde y propone no desaprovechar los tiempos de sillón o hamaca para leerla. 
Berlín, Santiago y Revuelta. Tres nombres (y apellidos) poderosos que invitan con este relato vertiginoso para las mujeres que limpiamos. 

Por Rocío Revuelta

En enero del 2017 fui de viaje sola por primera vez. Elegí Chile como destino: estaba cerca, conocía el idioma, el pasaje no era tan caro para ir sólo por una semana. Cuando estaba en el último día, me quedaron unas horas para pasear por Santiago, ciudad que sólo había transitado velozmente. En ese rato caminando, entré en una librería, como tantas otras veces. En una revisada general, una portada y una frase. Cual melodía diseñada para encantar y obnubilar víboras me volvió su presa: “en la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados”.

El hallazgo consistió en Manual para mujeres de la limpieza, un libro de una autora estadounidense que se llamó Lucia Berlin. Lucia vivió una vida cargada de un montón de vidas. Tuvo cuatro hijos, tres matrimonios, una extensa lista de trabajos realizados de distintos oficios, una relación eterna y pendulante con el alcohol, con el amor y con el humor. En sus cuentos pone un poco de todo y mezcla. El resultado es exquisito. 

Las historias presentan distintas narradoras, que vienen a ser distintas Lucias a lo largo de su vida. Lucias en distintos vínculos, Lucias en distintos paisajes. Entre esas versiones todas diferentes, pero todas ella, se dibuja la relación difícil que mantuvo con su madre, el amor por su hermana, las marcas de los excesos. Su papá era ingeniero minero, lo que la lleva a vivir en paisajes muy distintos, entre ellos en Chile, donde llega a pedirle fuego para encender su primer cigarrillo al príncipe AlíKhan. Mismo país en el que algunos años más tarde, con suerte para mí, la encuentro.

En sus cuentos también hay retratos de sus amores y desamores, sus relaciones con amistades y los oficios en los que trabajó. Fue profesora de secundaria, recepcionista en un hospital, mujer de la limpieza, telefonista en una central de ambulancias y auxiliar de enfermera. Desde esos andares, con un sentido iluminado de la fragilidad y la melancolía, escribe. Siempre escribe.  

Quizá como consecuencia de su habilidad para retratar escenarios, paisajes, sabores, olores y sobretodo, emociones, una va avanzando cuento por cuento queriendo estirar el tiempo de lectura en cada párrafo. Y si fuera posible, cerrar los ojos para tornar bien consciente el placer de leerla. Sabe cómo narrar situaciones cotidianas y excepcionales, incluso las más insoportablemente dolorosas con una honestidad dulce, sutil y letal, invitando todo el tiempo a encontrar la risa en la desgracia. Una avanza en la lectura sonriendo, pero tragando amargo.

Hay desilusión y torpeza en los contextos desde los que escribe sus cuentos. Consignas en cajas de fósforos que invitan a la gente a no suicidarse, y mensajes de Alcohólicos Anónimos en los espejos de las lavanderías, dan cuenta de ese clima. Una sociedad que expulsa a quienes no encajan en sus mandatos: Lucia, algunos indios con los que comparte, sus compañeras del servicio de limpieza, mujeres negras, entre otras personas con quienes se va encontrando y frecuentándose. Una fórmula repetida hasta el cansancio en las sociedades occidentales de todos los tiempos: amontonar en un rincón aquello que no encaja. Dejarlo ahí. Desde ese lugar marginal de no-pertenecer, es que escribe con una prosa infalible y certera. Observa, registra, analiza y describe con ferocidad. Como si no pudiera evitarlo.

Gran parte de su obra fue producida en las décadas de 1960, 1970 y 1980. Algunos de sus cuentos fueron publicados mientras estuvo viva, pero sin mucha repercusión. En 2015, nueve años después de su muerte, su obra comienza a ser más valorada y Alfaguara edita con mucho éxito esta selección de cuentos que es Manual para mujeres de la limpieza. Luego son publicados dos libros más, también de cuentos: Una noche en el paraíso (2018) y la novedad de las librerías: Bienvenida a Casa (2019).

Manual para mujeres de la limpieza es un gran libro para quienes sienten que les cuesta engancharse con la lectura o sostenerla. Al ser breves los relatos y el lenguaje simple, la lectura se vuelve ágil.

La invitación es a leer a alguien que se sabe triste, pero con otrxs y consigo misma, consciente de que todo puede ser peor (o ya lo ha sido); leer a aquella que sufre, pero que resiste y continúa. Las narradoras de este libro no son modelos para armar, ni heroínas preciosas despeinadas: son mujeres vulnerables, deformes, fuertes y auténticas.

(*) Rocío Revuelta estudió Comunicación Social en la ECI, hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la UNC. Forma parte de la Red Par – Periodistas por una Comunicación no Sexista, y hace unos años colabora con No Tan Distintas – Mujeres en Situación de Vulnerabilidad Social. Piensa que el infierno debe ser un lugar sin libros, turrones ni placas de relajación.