Liliana Paolinelli y el cine del entusiasmo

Liliana Paolinelli y el cine del entusiasmo

Nació en el 68, en pleno verano cordobés. Desde muy joven se atrevió a filmar y se embarcó en proyectos osados. Ya radicada en Buenos Aires, dedica su vida profesional al cine.

Por Gabriela Weller

La Lili, la Flaca, y más apelativos del orden privado, definen a esta cineasta cordobesa a la que cuesta encasillar en géneros. Liliana Paolinelli es autora de guiones y obras de teatro pero, sobre todo, es conocida por sus largometrajes. Mirar sus pelis es dejarse atrapar en historias de mujeres que no tienen nada que ver con la ficción hegemónica de la heroína o de la víctima. Desafía el análisis estructural, vuelve casi imposible encontrar actores y oponentes, aunque podría decirse que manipula: hace creer que cuenta una historia cuando en realidad describe el acto mismo de mirar. “Mirona”, le dijeron una vez, y soltó una carcajada.

En ocasión del estreno de Amar es bendito (2014), la directora declaró algo así como que “amar está por encima de cualquier crisis” y que “cuando se afrontan situaciones muy dramáticas hay como una tendencia a reírse, como un mecanismo para sobrellevarlas”. Al parecer este es el secreto de su encanto: la humanidad duele, pero a veces es tan ridícula… drama, comedia, absurdo; así en la vida como en el cine.

-Sos una amante de la literatura y en particular de las historias ¿el cine es tu herramienta, tu excusa favorita?

-Para algunas historias, sí. Ahora no filmaría todas las historias, ni siquiera una historia. Muchos años escribí guiones para cine, siempre proyectos propios -nunca fui guionista por encargo, aunque me hubiera gustado- y en un momento sentí cierto desgaste en esa escritura utilitaria. Los guiones se escriben con los verbos en presente, hay un formato para los encabezamientos, la narrativa es escueta por no decir pobre y bueno, las ideas se me fueron comprimiendo a la par del lenguaje. Con la última película (El baldío, 2021) filmé sin guion, sin saber, siquiera, si había una película en eso que a falta de una sinopsis era apenas un entusiasmo.

El baldío


Se dice que no había cumplido los 20 años cuando se propuso filmar el cruce de Los Andes. Tan arrebatada estaba que consiguió caballos, trajes de época, y hasta un San Martín. Cuentan detalles desopilantes sobre la producción de semejante hazaña, inversamente proporcional a los medios con los que contaba. Se han hecho varias películas sobre el Libertador. Pero no habrá ninguna como la de Liliana. Tratándose de ella, no sería de extrañar que también toque ese palo; sólo es cuestión de tiempo.

-En El baldío se advierte el entusiasmo y un cierto placer voyeur, como suele decirse. Pero es al menos curioso ese viaje de las mujeres de todas tus películas, a los gatos del baldío…

-¿El viraje, decís? No están muy alejados un tema del otro, a mí no me gustaban los gatos hasta que conocí a Paula, mi esposa. Ella tenía dos, y cuando empezamos a salir, adoptamos otros tantos. Somos una familia interespecie. Sí hubo un cambio al documental, yo venía trabajando en historias de ficción sobre lesbianas y con El baldío me tomé un recreo. Fue novedoso, había hecho algunos documentales: El circo, un trabajo colectivo de escuela, y ¡Motín! También hubo un viraje en la forma de producción, El baldío se realizó sin el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), por ahora, porque dadas las características del lugar no podía cumplir  plazos ni demorar en escribir el proyecto: en cualquier momento edificaban y chau película.  


La respuesta de Liliana pone en aprietos a la periodista. Efectivamente El baldío no es una historia de gatos, es más bien la mirada de la mirada de mujeres que miran y son vistas. Hay que verla. Mejor cambiar de tema.

La presencia del acento cordobés en tus pelis, el personaje de Marita, por ejemplo, ¿es una decisión estética, política, de qué orden? ¿Seguís siendo cordobesa?

-Soy cordobesa impura. Y siempre que pueda me daré el gusto de llamar a esas actrices extraordinarias como Mara (Santucho), Eva (Bianco), María Pessacq, y a Carlos Possentini, Maxi Gallo, tantísima gente a la que además le tengo un enorme cariño. Una vez, me hiciste acordar, alguien criticó mi corto La botella por la tonada, dijo que no pegaba con el celuloide. Esa persona era más cordobesa que la Cañada y por eso me resultó muy desconcertante. Entonces empecé a observar dónde se producía ese desfasaje entre lo que somos y cómo nos representamos. Estaba a la vista: periodistas locales imitando el habla porteña, enseñanza del tono neutro en las escuelas de teatro, en la televisión…Todavía no había aparecido Héctor Anglada en la serie de Polka, ese actor maravilloso que descubrió Adrián Caetano y que se hizo famoso justamente por su personaje, El Cordobés. Luego seguí convocando a actores cordobeses, la diferencia es que ya sabía lo que esa decisión podía significar en términos de receptividad y no me importaba. No fue chauvinismo, simplemente reconocía en la tonada un modo de decir en los actores que me sonaba más auténtico, menos impostado. Ojo, hay una sobreactuación de lo local que me irrita; Luis Juez, por ejemplo.


No queda claro a qué se refiere exactamente con “cordobesa impura”, quizás a esa manera tan suya de distanciarse de los esencialismos. Repreguntar implicaría violar una de sus señas de identidad: amablemente convincente, entusiasta de sus dudas, asombrada de todo, tan universalmente curiosa.

-Elegís trabajar con mujeres, delante y detrás de la cámara ¿Hay una mirada femenina, mujeril y/o feminista en tus pelis? ¿Te parece que existe un punto de vista propio de las cineastas?

-Cuando trabajo no hago presupuestos sobre la mirada, tampoco con las películas terminadas. Supongo que contienen mucho de lo que soy. Sí te diría que la palabra femenina no me representa. No suelo analizar el trabajo de cineastas bajo estas categorías: a las películas las disfruto o no. En cuanto al detrás de cámara, cuando empecé a cuestionar la no-paridad en los festivales de cine, me di cuenta de que tenía que empezar por casa y llamé a técnicas para encabezar las áreas de fotografía, sonido, montaje, producción. Luego ellas llamaron a sus asistentes.

-¿Podrías compartir con El Tajo algunas de tus películas favoritas? ¿Y alguna cineasta? ¿Y algún libro?

-La ciénaga por siempre. Hace poco volví a verla, me gustó más que antes, y eso que ya me había deslumbrado. Todo (Carl) Dreyer, (Yasujirō)  Ozu, (Roberto) Rossellini. De aquí y ahora: Mujer Nómade de Martín Farina y Si estoy perdido no es grave de Santiago Loza. Cineasta: Lucrecia Martel. Libros: todo Lillian Hellman, Isak Dinesen. Herta Müller, que me recomendó Roberto Videla. El chico y Perla, de Roberto Videla. Los árboles caídos también son el bosque de Alejandra Kamiya y, si se me permite, Cambio de ramo, de Liliana Aguilar. Mi mamá.

El baldío


Las Lilianas se admiran mutuamente. Hay algo de ellas en Lengua Materna (2010), una película nada costumbrista, estrenada en el contexto político del debate del matrimonio igualitario y la identidad de género. El amor entre mujeres, el aborto, la relación madre-hija, se abordan con el entusiasmo omnipresente de Paolinelli: ternura, absurdo, comedia, ese dejarla picando para pensar y poner el tema sobre la mesa. Recordando estas películas, y con ganas de que se hagan muchas más producciones sobre el tema, la pregunta se impone.

-¿Cómo ves la industria cinematográfica, en caso de que exista una, en Córdoba y en la Argentina?

-Existe una industria, por supuesto, el año pasado se la descuidó mucho. El sector tenía enormes esperanzas en la actual conducción del INCAA y lamentablemente está dejando sabor a poco.  

Liliana Paolinelli es guionista y directora. Estudió cine en la Universidad Nacional de Córdoba. Entre 1991 y 2001 realizó cortos y mediometrajes en video. Escribió y dirigió Lugar común, obra presentada en el ciclo Teatro x la identidad, Córdoba, 2002.

Su opera prima Por sus propios ojos (2007) obtuvo premios en los festivales de Toulouse (Cine en construcción), Mannheim-Heidelberg, Cero Latitud, Biarritz y Gramado, entre otros. Produjo Rosa patria, documental dirigido por Santiago Loza. En 2010 estrenó Lengua materna, en 2013 Amar es bendito y en 2019, Margen de error. En 2021 estrenó El baldío, en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), actualmente disponible en la plataforma Vimeo.

Amar es bendito, Lengua materna, Por sus propios ojos y el cortometraje La botella están disponibles en Cine.ar

Margen de error, en Apima