Las mujeres de la “Coopi” resisten

Las mujeres de la “Coopi” resisten

La Comisión de Géneros y Diversidad de la Coopi consolidó en Carlos Paz una valiosa experiencia en visibilización y erradicación de violencias de género al interior de la organización y con proyección hacia la comunidad. Hoy en medio de la incertidumbre por la continuidad de la cooperativa, el Colectivo de Mujeres acompaña la lucha y propone estrategias propias como resultado del protagonismo constante.

Por Pate Palero

Por estos días, Córdoba asiste al intento de desguace de una de las experiencias cooperativas más importantes de la provincia en los últimos 50 años. Desde siempre, se la conoció por su sobrenombre: “La Coopi”, aunque en los registros oficiales figura como Cooperativa Integral Regional de Provisión de Servicios Públicos, Vivienda y Consumo Limitada de Carlos Paz. Afincada en el turístico Valle de Punilla, cuenta con más de 40 mil socios y presta servicios a Villa Carlos Paz, San Antonio de Arredondo, Mayu Sumaj, Villa Icho Cruz, Tala Huasi, Cuesta Blanca y Estancia Vieja. Desde hace algunos años, libra una batalla legal con el municipio carlospacense, que ha decidido dejar caer la concesión del servicio de agua para tomarla por su cuenta, mientras permanecen en la incertidumbre la provisión de gas y la gestión de cloacas. Recientemente, la Cámara Contencioso Administrativa de 2° Nominación hizo lugar a un amparo pedido por trabajadores de la Coopi y frenó el traspaso del servicio de agua al municipio, previsto inicialmente para el 26 de febrero. Se abre así un paréntesis de esperanza en el conflicto.

En ese marco de inseguridad, el Colectivo de Mujeres de la Coopi lleva adelante una estrategia de lucha en la que reúne no sólo a las trabajadoras, sino también a las familiares de trabajadores. El espacio las encuentra en su condición de mujeres (socias, esposas, hijas, hermanas) atravesadas por la falta de certezas y dispuestas a emprender gestiones en las que sienten que pueden ser voceras y protagonistas. La resistencia desde esa identidad de género, es una construcción que tiene un recorrido silencioso, perseverante e inédito en la mayoría de este tipo de instituciones, y destacable en la Coopi en particular, instalada en una ciudad donde la presentación de las mujeres en condición de objetos es moneda corriente.

Culos y tetas

Capital de la farándula, Carlos Paz ha sido históricamente la localidad cordobesa con más índice de vedettes y “estrellas” contratadas cada temporada veraniega. La acción cultural de la Coopi contrastó siempre con esa identidad promovida como imán turístico. Desde sus recordados encuentros de debate y reflexión política, económica y filosófica, hasta la creación de un auditorio que albergó ciclos teatrales, musicales y literarios de excelencia, o la puesta al aire de Radio Villanos con una impronta periodística que ha sido referencia en el valle, se contrapusieron a las propuestas de entretenimiento comercial de consumo masivo.

Mientras tanto, al interior de la organización, las mujeres fueron ganando espacio propio. De la planta total de 233 trabajadores/as, actualmente el 30 por ciento son mujeres. Esas 70 trabajadoras tienen un promedio de edad de 39 años, 27 de ellas son sostén de familia y 7 están cerca de cumplir la edad para jubilarse. Difícilmente quieran salir a buscar trabajo en alguno de los teatros de revistas o como extras en la compañía de Flavio Mendoza.

Por otra parte, la antigüedad promedio de quienes trabajan en la Cooperativa es de 9 años, y esto la convierte en una de las pocas instituciones en Carlos Paz que brinda estabilidad laboral. Esto, en el caso de las mujeres, es prácticamente excepcional.

Pero hay un dato más: 17 de esas trabajadoras ocupan cargos de conducción. Una “foto” que se advierte bastante más acorde a los tiempos que el organigrama de la actual intendencia de la villa serrana, donde sólo un “raviol” ha sido reservado para una mujer. No en Economía, ni en Obras, por supuesto. La única funcionaria del gabinete ocupa el área de Desarrollo Social, Educación, Género y Diversidad (un poco de todo y nada a la vez), que son las cosas “de las que las mujeres sabemos”.

La presencia de mujeres en cargos de responsabilidad ejecutiva es también un recorrido construido lenta y tenazmente. La Coopi fue una de las primeras instituciones del movimiento cooperativo en la que ellas ocuparon la presidencia del Consejo de Administración; las compañeras destacan los nombres de las presidentas Edith Manera y Alicia Clérico.

A deconstruir, a deconstruir

No conformes con poner en agenda el cupo femenino, desde 2018 se formalizó un proceso que muy pocas instituciones sociales se animan a emprender: la famosa “deconstrucción”. Una palabra que se puso de moda a partir del 2015, y que muchos/as creen conseguir con el certificado de cursado de la Ley Micaela o hablando con la “E”. Por el contrario, el reto que el feminismo le ha propuesto al mundo capitalista y patriarcal implica revisarse, registrando las marcas de la violencia machista en nuestras propias biografías y prácticas.

Es en ese camino que la Coopi adhirió al “Pacto Cooperativo por la No Violencia de Género”, propuesto por la Confederación Cooperativa de la República Argentina (Cooperar) y conformó la Comisión de Géneros y Diversidad. Las fauces de la violencia machista ya habían dejado una herida en la institución, cuando en 2016 una de sus empleadas -Ingrid Vidosa- fue asesinada por su pareja. Como suele ocurrir, luego del femicidio a muchos/as “les cayeron las fichas”. Recordaron gestos, actitudes, pistas imperceptibles para una cotidianeidad acostumbrada a la violencia machista… hasta que culminaron en lo peor. Ya era tarde para salvar a Ingrid, pero no querían perder ninguna oportunidad más. Ese espacio impulsó entonces espacios de reflexión y talleres de capacitación para trabajadoras/es y comenzó a desarrollar un Plan de Acción para informar, sensibilizar, acompañar e intervenir en situaciones de violencias laborales y de género.

Tanto la comisión como el Plan de Acción y Protocolo quedaron institucionalizados a partir de la modificación del Convenio Colectivo de Trabajo, debatido y aprobado en asambleas y firmado por la Cooperativa y el Sindicato del Personal de Obras Sanitarias (Si.P.O.S Córdoba), que se encuentra en proceso de homologación en el Ministerio de Trabajo de la Provincia. En el Convenio se estableció la elaboración de un Acuerdo de Convivencia donde estará incluido el Plan de Acción. Se trata de una herramienta de construcción colectiva para definir buenas prácticas laborales y para prevenir, atender, sancionar y erradicar las violencias laborales y de género en el ámbito de la Coopi.

A su vez, se incorporó un cupo para que -como mínimo- el uno por ciento de los cargos sean ocupados por personas transgénero, travestis y transexuales; y otro del cuatro por ciento para personas con discapacidad. También, se definió que los cargos de coordinación deben estar ocupados en una proporción no inferior a un porcentaje del 30 por mujeres e/o identidades disidentes.

Futuro imperfecto

“El movimiento cooperativo nació a fines del siglo XIX, en pleno apogeo de la Revolución Industrial, como respuesta a la necesidad de generar un cambio económico y social frente a un sistema que sostenía relaciones sociales de explotación, individualismo e injusticia. En ese marco, grupos de obreros se aunaron en defensa del bienestar común y la igualdad, organizándose a favor del beneficio colectivo. En nuestro país, las primeras iniciativas se dieron a principios del siglo XX y, a mediados de ese siglo, el contexto sociopolítico mundial resultó propicio para el fomento de asociaciones comunitarias”.

El relato refiere a un proceso histórico en el que el debate por un Estado fuerte, garante de derechos frente a las desigualdades sociales, ha atravesado vaivenes con resultados no siempre satisfactorios. De hecho, pueden constatarse a diario gestiones y proyectos políticos en los que el acceso al Estado se produce con el objetivo más o menos explícito de mejorar la renta de los negocios privados y particulares. En este contexto, el interés de la intendencia de Carlos Paz por debutar gestionando un servicio público, que la Cooperativa viene garantizando hace más de 50 años, no deja de preocupar en los imaginarios ideológicos más estatistas.

Mientras, el Colectivo de Mujeres de la Coopi no baja los brazos, organizando acciones propias: notas entregadas en el Arzobispado, en la Defensoría del Pueblo, en la casa del gobernador Schiaretti. Incluso, cuando la inusual temporada 2021 tocaba a su fin, se organizaron para manifestarse frente al Estadio Arena en la tradicional entrega de los Premios Carlos, con carteles y pancartas reclamando que se garanticen las fuentes laborales.

En una localidad en la que el trabajo en el que se desempeñan mayormente las mujeres se caracteriza por ser precarizado y temporario. En una ciudad cuya economía local se basa en la actividad turística y en la que se registran prácticas sistemáticas del sector privado y público de trabajo informal o no registrado. ¿Será el estado municipal capaz de dimensionar lo que construyó la Coopi en materia de avance de los derechos de las mujeres y de la igualdad de género?