Intersindical de Mujeres: unidas por el amor y la igualdad

Intersindical de Mujeres: unidas por el amor y la igualdad

Desde marzo del 2016 la Intersindical de Córdoba se ha consolidado como un espacio original y horizontal en donde coinciden dirigentes de gremios pertenecientes a las diferentes centrales obreras. Con diferentes recorridos y experiencias, se alinean en la lucha por la igualdad de género o, en algunos casos, abiertamente feminista.

Por Pate Palero

Coinciden en haber sumado a su condición de mujeres y trabajadoras, innumerables asambleas, reuniones, marchas, encuentros, y conferencias a sus estalladas agendas. Pero también, en los últimos cinco años, se han encontrado en nuevos acuerdos, basados en la construcción plural y colectiva.

Enfrentaron el embate neoliberal y anti-sindical del macrismo, y el 2020 las obligó a atravesar sus agendas con el contexto de pandemia. De Guatemala a Guatepeor, continúan unidas frente al espanto a fuerza de pura sororidad.

A propósito de la conmemoración del Día Internacional de las Trabajadoras y los Trabajadores, reconocemos las dobles y triples jornadas de estas compañeras y visibilizamos su experiencia organizativa preguntándoles por sus coincidencias, horizontes, desafíos y referentes.

SILVIA MARCHETTI
UEPC (Unión de Educadorxs de la Provincia de Córdoba)

El sindicalismo no es cosa de hombres. Donde yo milito hay un montón de mujeres ocupando lugares de conducción: secretarias generales, adjuntas… La pregunta sería si la conducción de los sindicatos son lugares de mujeres. Y ahí ya hay algunos problemas. Mientras los cargos que tengas que ocupar estén vinculados con tu territorio, es un poco más fácil. Pero si tenés que trasladarte a otro lugar (la Capital de Córdoba o de Buenos Aires), la cosa se complica mucho más. Las mujeres no acceden a esos cargos. No nos han construido culturalmente en el deseo de ocupar cargos de más poder. Si sentimos que estamos resignando cosas familiares, ya nos cuesta mucho trabajo. Mientras se pueda compartir con las tareas de cuidado, la inserción es mucho más sencilla, y mucho más si las personas no tienen responsabilidades familiares. Las circunstancias que inhiben tienen que ver con esto, con las tareas de cuidado.

El embate neoliberal sobre las mujeres que realizan actividad sindical también tiene que ver también con los territorios, con los recorridos de las personas, con cuánto las conocen. En nuestro caso, por lo general, las que conducen han sido maestras. Entonces, hay como un reconocimiento a esa persona que ha luchado por las mismas cosas, que siempre ha reclamado y ahora está ocupando un lugar de conducción. Hay cierto reconocimiento social, en los territorios donde las conocen. El descrédito es más hacia los varones, que son pensados como los corruptos, los que roban, los que se acomodan. A las mujeres se las piensa como más sacrificadas en el mundo laboral. Por eso es que las críticas las alcanzan menos.

En la Intersindical nos une pensar que podemos lograr mejores condiciones de trabajo para las mujeres en particular. Para el resto de la sociedad y de los trabajadores también, pero básicamente pensamos en las mujeres. Tratamos de solucionar algunas inequidades en cuanto a formación e información, que a veces en los sindicatos falta. Creemos que la construcción colectiva favorece para saldar esa deuda más fácilmente.
Además, todas estamos en contra de los modelos neoliberales, que son los que atentan directamente los derechos en el mundo del trabajo en general, y a las mujeres más todavía. Porque cuando hay desempleo o desocupación las primeras que quedan sin trabajo son las mujeres, y las que más dificultades tienen para conseguir empleo son las mujeres. Son las que más trabajo informal realizan. Cuando hay dificultades hacia adentro de la casa, las que salen a hacer todo tipo de tareas precarizadas para sostener y parar la olla son las mujeres. Por eso es que en tiempo de neoliberalismo las mujeres la pasan peor. 

Otra de las cosas fundamentales es tratar de trabajar siempre sobre lo que nos une y tratar de disminuir o de esquivar las cosas que nos separan. No hacemos hincapié en las cosas que nos dividen, apostamos siempre a mantener la unidad. Mujeres referentes en la actividad gremial tengo varias. La primera es Olga Sayago, que es la persona con la que me he formado en el ámbito profesional y laboral y también en el ámbito sindical. Su modo de ser, de relacionarse, de construir. Otra persona que nombro siempre es Zuly Miretti, Secretaria Adjunta de nuestro sindicato. Zuly, con su tranquilidad, y su paz es muy firme y puede pararse frente a muchas cosas sin necesidad de gestos grandilocuentes, como a veces se espera que se debe enfrentar al poder. La tercera, un poco más lejana es Estela Díaz, que ha sido Secretaria de Género de CTA. Su formación, su generosidad, y la forma de llegar siempre al resto de las mujeres, además de su capacidad de lucha por nuestros derechos, es la tercera que puedo mencionar. Seguramente habrá más referentes, que me quedan en el camino.

KEKA BOSIO
ADIUC (Asociación de Docentes e Investigadorxs Universitarixs de Córdoba)

Una de las cuestiones que más cuesta a las mujeres para formar parte de los sindicatos y de sus Juntas Directivas es que las organizaciones del trabajo sindical muchas veces no tienen en cuenta el intenso trabajo de cuidados que tienen las compañeras en sus hogares, con sus familias. Muchas reuniones tienen lugar en horarios nocturnos, donde las mujeres seguro estamos atendiendo cuestiones ligadas a sostener cuidados familiares, ya que todavía no hay una distribución equitativa debido a pautas culturales hegemónicas que nos impone el patriarcado.

Es fundamental que las mujeres estemos en los sindicatos porque necesitamos de una agenda de género que revierta décadas de desigualdad en lo que tiene que ver con nuestros salarios, nuestras condiciones de trabajo, las situaciones de abuso laboral y violencia tan invisibilizadas y naturalizadas que se dan en los diferentes ámbitos productivos.

Desde que las mujeres comenzamos a estar en los sindicatos pudimos hacer avances significativos en derechos, como las licencias por violencia de género, licencias por maternidad de 180 días, fuimos los protocolos para prevenir y sancionar violencias en nuestros espacios laborales, entre otros. La agenda de género en los sindicatos la estamos peleando las mujeres porque sabemos lo que significa la desigualdad y la discriminación, la vivimos en carne propia.

El neoliberalismo construye un sentido común en las personas que promueve el esfuerzo y el sacrificio, sólo como compromiso individual, que genera beneficios y reconocimientos personales. No reconoce el trabajo colectivo para la defensa y demanda de derechos laborales. En este caso nos pone en el lugar de la «sospecha», como si no fuéramos lo suficientemente buenas para merecer un mejor salario o mejores condiciones. La lógica de la meritocracia neoliberal nos pone en el lugar de culpables de las injusticias, porque no las merecemos porque somo «kilomberas» «desobedientes» y no nos ajustamos a la norma de ser «buenas trabajadoras».

En la intersindical coincidimos en construir una agenda de género en los sindicatos y para eso compartimos experiencias, acciones que nos permitan avanzar más rápido. Somos muchas y tenemos todas las convicciones similares. Por ejemplo, compartimos los protocolos de violencia de género que se construyen en cada espacio sindical para poder denunciar y frenar la violencia machista que los propios compañeros del sindicato imponen, muchas veces de una manera muy naturalizada. Nos articulamos para compartir espacios de formación en temas específicos sobre derechos laborales y género, como el recientemente aprobado Convenio 190 de la OIT y cómo se traduce en cada uno de los espacios y ámbitos productivos.

En el marco de la pandemia, lo que más afectó a las compañeras es tener que realizar su trabajo en el espacio doméstico, La jornada laboral no se podía separar de los cuidados de les hijes, de la familia. Sin la actividad presencial de la escuela las mujeres se tuvieron que hacer cargo de la tarea de acompañar a les niñes en las tareas escolares, y  muchas mujeres están a cargo de las familias. El aislamiento no les permitía usar los apoyos (guarderías, redes familiares) para sostener y compartir esos cuidados.
Fue muy duro también tener que usar los propios recursos tecnológicos, y en la mayoría compartidos con otres integrantes de la familia. Todo sucedió en muy corto tiempo, lo que generó mucha incertidumbre, angustia, y sobrecarga laboral que afectaba a las mujeres sobre todo. Será también porque estamos cruzadas con ese mandato de que todo lo tenemos que hacer de la mejor manera posible, y la culpa de no cumplir (como un mandato patriarcal y capitalista) nos pone en una situación de mucha vulnerabilidad frente a nuestros empleadores y también en nuestras familias.

Estela Diaz es una de las compañeras que más valoro en el campo de la actividad sindical. Con ella pudimos identificar las desigualdades estructurales que nos atraviesan a las mujeres en los diferentes espacios laborales, sus aportes en los Encuentros de Mujeres, en charlas realizadas en los sindicatos, su aporte desde la Secretaria de Género en la CTA fue pionero y nos permitió entender que la única manera de cambiar las cosas era estando articuladas y en diálogo, de manera transversal… Unidas y convencidas de que si no la peleamos nosotras, los varones no lo hacen, porque saben que pierden privilegios.

ROSSANA RODRÍGUEZ

SATSAID (Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos)

El sindicalismo ya no es un espacio exclusivo de hombres. Sin duda alguna la circunstancia que inhibe la actividad gremial es la distribución de las tareas de cuidado que existe en los hogares. Porque a la tarea de organizar y dividir las responsabilidades en el hogar, se suman las horas de empleo, y además la militancia sindical, que lleva tiempo, responsabilidad y compromiso.

Si bien se ha avanzado en derechos hacia las mujeres, falta que la sociedad (que ha crecido en la cultura patriarcal) cambie esa estructura. Con distribución equitativa de las tareas y responsabilidades del cuidado, las mujeres podríamos tener una mayor disponibilidad a las actividades gremiales.

Así y todo, ya somos muchas las compañeras que estamos en los sindicatos, y no llenando meramente una lista. Eso ya quedó en el olvido. Estamos trabajando codo a codo y a la par con los compañeros y nos nutrimos de conocimientos, aprendizajes y militancias. Esta apertura nos da la posibilidad de mirar las diferentes situaciones laborales con perspectiva de género y trabajar con esa mirada.

En las mujeres el descrédito a la actividad gremial nos atraviesa permanentemente de manera negativa. Cuando los conflictos requieren de una lucha y esa lucha nos encuentra en la calle, la sociedad nos mira muchas veces de mal modo. Se nos señala como si fuéramos los trabajadores y las trabajadoras quienes generamos los conflictos, y no las patronales que no cumplen con los convenios colectivos, los acuerdos, los sueldos, las leyes. Y si además en los conflictos estamos las mujeres se nos señala como si no nos gustara trabajar, como si no cuidáramos nuestras “responsabilidades del hogar” y como fanáticas, feminazis, luchonas que nos quejamos por todo.

La intersindical de mujeres es un espacio que nos fortaleció y nos enriqueció a todas quienes la integramos, sin diferenciar centrales obreras. Es un espacio solidario entre nosotras donde pudimos crear y crecer compartiendo actividades conjuntas. Nuestra preocupación principal es visibilizar y sensibilizar sobre violencia de género, pero mirando toda la problemática integralmente en cada lugar de trabajo.

Se generan acciones conjuntas, capacitaciones que nos ayudan a seguir creciendo y a que cada compañera refuerce su actividad hacia adentro de su propio gremio, aportando herramientas para la igualdad.

Lo que más nos marcó en esta etapa como mujeres fue el de tener que compatibilizar nuestro trabajo con la dinámica del hogar. Fue de mucho estrés. Estar presentes en casa con las responsabilidades laborales y la demanda de las tareas del hogar fue un combo muy estresante. Fue difícil poner límite a la conectividad, a estar conectadas y disponibles todo el tiempo. Terminamos cargando otra mochila más en nuestras espaldas y encerradas en el hogar. Para algunas fue terrible. Ahora estamos intentando moderarlo. Algunas compañeras siguen con régimen de teletrabajo, otras ya volvieron a la presencialidad.

Como referentes gremiales tengo muchas, por suerte. De cada una de ellas he tomado referencias para nutrirme. Hablo de todas las que integran la Intersindical, porque hemos aprendido unas de otras, en las reuniones, en las actividades. Pero también tengo referentes a nivel nacional. Dentro de mi sindicato, por ejemplo, Susana Benítez, Secretaria Nacional de Capacitación de SATSAID tiene una gran trayectoria, de mucha militancia, muy activa y responsable. O Marianela Mel, nuestra Secretaria Nacional de Mujer y Familia, que siempre está convocándonos, ayudándonos a crecer a todas en todas las provincias, alentándonos. A nivel provincial: Ilda Bustos, mujer dirigente, política, comprometida, honesta, luchadora, referente de derechos humanos, gran compañera, siempre está presente. A nivel nacional nombro a Vanesa Siley, de Sitraju. Admiro su capacidad de conducir a las mujeres sindicalistas y su compromiso como dirigente política con el movimiento de mujeres.

LUCIANA CÓRDOBA

SECASFPI (Sindicato Trabajadorxs de ANSES)

Creo que el sindicalismo hace rato que dejó de ser cosa de hombres. Las mujeres a lo largo de los años hemos luchado en esta inserción y creo que en este último tiempo hemos ganado muchos lugares con decisiones de poder y en las conducciones de varios sindicatos. Así mismo todavía falta un largo recorrido por intentar la igualdad y equidad en el ámbito sindical, como así también en cualquier otro ámbito de la vida social. Pero creo que estos avances son una motivación a la inserción de más compañeras a militar dentro de los sindicatos.

Creo que el neoliberalismo, sobre todo durante la época macrista, nos obligó de alguna manera a empezar a mostrar un poco más de unidad y fortalecer las luchas en las calles. Ya hace un tiempo que la actividad gremial venía mal vista por gran parte de la sociedad y si no ejercíamos una fuerza de unidad y lucha estábamos destinados los trabajadores y trabajadoras a perder derechos, a que desaparezcan los Convenios Colectivos, etcétera. De hecho, en Córdoba, se forma la Intersindical de Mujeres a partir de un 8 de marzo de 2016. Porque cuando ocurre una crisis, las que más la padecemos siempre somos las mujeres y creo que así lo entendimos y fue el motor que nos movilizó.

Creo que las principales coincidencias que nos unen en la Intersindical es la lucha por disputar espacios de poder, el cupo femenino, visibilizar el doble trabajo de las mujeres como las tareas de cuidado que no solamente no son remuneradas, sino que no son reconocidas como tal. Otra de las cuestiones es seguir luchando por la igualdad en la remuneración por el mismo trabajo entre varones y mujeres. Esta diferencia aún se da mucho en ámbitos privados. Y lo más importante: tratar de combatir todo tipo de violencia hacia nosotras las mujeres y disidencias.

La mayor demanda que tuvimos en el contexto de pandemia sin dudas fue de mujeres. Quienes tuvieron que abocarse a las tareas de cuidado, hogar, hijes menores en edad escolar o bebés que demandan mucho tiempo sumado al trabajo remoto. Debimos negociar con la empleadora los horarios y la cantidad de trabajo, ya que las tareas se triplicaron.

Podría mencionar a muchas compañeras referentas del movimiento obrero. Hay compañeras de las que aprendí mucho del feminismo dentro de la intersindical, pero quisiera destacar a Ilda Bustos, una compañera histórica de la lucha por los derechos, que nunca negoció ni entregó un trabajador. También Beatriz Biolatto quien se animó a reemplazar a un dirigente como Rubén Daniele y que está liderando un sindicato como el SUOEM, con la lucha que ameritan sus afiliades.

Estela Diaz es otra compañera a quien admiro por su lucha y visibilización. En lo personal a nuestra compañera de prensa de nuestro gremio, Soledad Alonso, quien motiva e impulsa políticas de género dentro de nuestro sindicato y quien hoy ocupa una banca en diputados de la Provincia de Buenos Aires, gracias a su lucha constante.

MARIANA MANDAKOVIC

CISPREN (Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba)

El sindicalismo ya no es cosa de hombres. Muchas más compañeras nos vamos animando a ocupar lugares de decisión, como una necesidad. Si no tomamos la iniciativa, va a seguir siendo cosa de hombres. Pero también es cierto que en muchas actividades sigue habiendo una mayoría de afiliados varones, como en la nuestra donde siguen siendo más los afiliados varones que las afiliadas mujeres. Eso se traduce en la elección de delegados, en la Comisión Directiva. Es complicado modificar porque la propia práctica sindical sigue teniendo una mirada muy masculina. Creo que se va a ir modificando a medida que nos sumemos a la participación.

El embate neoliberal nos incide en el hecho de que mientras menos organización gremial tenemos, menos son nuestras posibilidades de conseguir derechos y derechos específicos además. En esto, las tareas de cuidado son fundamentales. El neoliberalismo se basa en ocultar e invisibilizar esas tareas. El descrédito es no reconocer derechos laborales y en estos derechos que son parte de lo gremial también. Tenemos que tener en cuenta que la lucha por el reconocimiento de las tareas de cuidado es la lucha por aquellas tareas que garantizan la fuerza de trabajo. Somos productoras y reproductoras de esa fuerza de trabajo y eso se invisibiliza permanentemente.

La experiencia de la inter es maravillosa. Tiene la dinámica de la lucha feminista y la posibilidad de la transversalidad. Es el espacio donde nos ponemos de acuerdo en debates y discusiones que tienen que ver con violencia de género, en la lucha por el Paro Internacional de mujeres. Es algo que se da particularmente entre las compañeras que participamos activamente en la vida sindical de nuestros gremios. Creo que entre los varones eso es mucho más difícil porque es mucho más competitivo, o hay más especulación. Esas son las coincidencias: la forma en que pensamos y encaramos nuestros reclamos, las preocupaciones comunes y cómo surgen los acuerdos. Y los criterios que establecemos tienen un fuerte perspectiva de género, en la capacidad de horizontalizar los debates, las luchas y ponernos de acuerdo en alcanzar objetivos comunes desde diferentes posiciones políticas. Eso creo que es lo más rico que tiene la experiencia.

En contexto de pandemia se han profundizado algunas cuestiones propias de la actividad, asociadas al teletrabajo. Las compañeras en algunos casos están estalladas. No es lo mismo hacer sus seis horas de trabajo según convenio fuera de tu casa, que en medio del hogar y teniendo que atender las tareas escolares virtuales y ocuparse de los roles que en otras situaciones se comparten con la pareja, o se delegan. Al menos esa es una de las cuestiones que más nos han hecho llegar. El teletrabajo ha visibilizado esta situación que se viene dando de hace mucho. Ese rol de muchas compañeras que terminan perjudicadas.

Agregar que en algunos medios inclusive la opción de asistir a piso se la han dado a varones y no a mujeres. Esto es lo que vamos a tener que transitar respecto de las negociaciones que son parte de la Ley de Teletrabajo porque se supone que se puede optar concurrir a las empresas.

Se me hace difícil pensar referentes, y esto habla de que a pesar de los esfuerzos, nos siguen faltando referentes. Se me ocurre pensar en Marta Maffei, Secretaria General de CTERA, Adjunta de la CTA con Víctor DeGennaro, por su coherencia, su capacidad de construcción. Aún hoy jubiliada y retirada es un placer escucharla, fijar posiciones, participar de debates, sus análisis de coyuntura. Otra fue Mary Sánchez. En la actividad actualmente hemos hecho mucho para que la Federación de Trabajadores de Prensa de la República Argentina incorporara a dirigentes como Carla Gaudencis, que es delegada de TELAM y que es la primera vez que tenemos una mujer como Secretaria General. Es una referente joven, con mucho camino por delante por recorrer y que hará la punta junto a las que se han ido sumado ahora en la construcción colectiva del sindicato.

SOLEDAD BARRIONUEVO

SUOEM (Sindicato Unión Obrerxs y Empleadxs Municipales)

En este tiempo, lo que ha sucedido, es que se ha visibilizado más la participación de las mujeres en los sindicatos, acompañadas por el momento político y social de las luchas feministas, que han tenido impacto en todas partes de la sociedad. En más o en menos, lo seguro es que se han movilizados muchas estructuras. En el sindicalismo hemos avanzado mucho, aunque todavía nos falta romper ciertas estructuras patriarcales. Por ejemplo: nosotras hemos apoyado las luchas por paridad en cargos electivos legislativos, pero todavía nos cuesta que al interior de los sindicatos se cumpla con la ley de cupo del 30%, y ni hablar de las estructuras de las centrales obreras, como lo es la CGT Nacional que sólo tiene a UNA mujer ocupando un cargo. Hay que continuar avanzando en la distribución de cargos en los que se toman de decisiones, para que la perspectiva de género sea transversal a toda la organización. Esto también nos lleva a reflexionar sobre qué tipo de compañeras queremos que ocupen esos lugares. Considero que deben ser mujeres que lo hagan desde una mirada feminista, para que no se siga reproduciendo el modelo machista y personalista con el que se ha construido el sindicalismo.

En nuestro sindicato, tenemos a una mujer en la Secretaría General -Beatriz Biolatto- y se cumple con la ley de cupo, pero consideramos que podríamos superar ese porcentaje, y alcanzar hasta el 50%, ya que tenemos muchas compañeras con gran compromiso militante que deberían acceder a la estructura organizativa en las próximas elecciones.

Las limitaciones en cuanto a participación se dan mayoritariamente por los roles asignados, socioculturalmente. La tarea sindical insume mucho tiempo, con reuniones interminables e imprevistas. Y a las mujeres, dentro del sistema patriarcal, se nos considera las responsables principales de las tareas del hogar y del cuidado familiar. Muchas creen que no pueden asumir una responsabilidad de tipo sindical, porque estarían mucho tiempo fuera de su casa.

No creemos que pueda generalizarse el efecto que tiene embate neoliberal. Pero las mujeres sindicalistas que apostamos a la organización para conservar y luchar por derechos laborales tenemos en este contexto una lucha doble: estar afuera de una organización muy patriarcal, y por otro lado participar para que sea otra cosa, y que la perspectiva de género impregne la organización sindical. Por un lado trabajamos para que el descrédito respecto de las organizaciones sindicales no arraigue en los compañeros y las compañeras, y por otro lado trabajamos para ser incluidas en la organización. Como mujeres lo particular es que nos sostenemos en la histórica intención de seguir cambiando las estructuras que generan desigualdad. El impacto en nosotras es distinto, por la lucha doble para desterrar el descrédito y ser parte. Un doble y triple trabajo.

En la Instersindical de Mujeres, confluyen las cuatro centrales obreras de Córdoba y la UTEP, lo cual ya es una muestra de unidad. Coincidimos en que la lucha debe ser colectiva, necesitamos la fuerza en la unidad para lograr los cambios que queremos. Tanto al interior de nuestras organizaciones, como en nuestros espacios de trabajo, y en la vida de los trabajadores y trabajadoras necesitamos incorporar la perspectiva de género en estos tres ámbitos, la igualdad y equidad de género, desnaturalizar y erradicar la violencia laboral, luchar contra la precarización laboral y el desempleo que afecta mayoritariamente a las mujeres y disidencias. Así mismo es urgente incentivar la participación de las mujeres y avanzar en la conquista de espacios de decisión en nuestras organizaciones sindicales. Nos preocupa que en momentos de crisis como estos, las más vulnerables y la variable de ajuste sean las mujeres.

Durante el 2020, al no haber escuelas, la recarga familiar en torno al trabajo virtual y el acompañamiento de la educación de los hijos ha recaído sobre las mujeres. En el área salud eso no se ha traducido en reducción de jornada laboral para aquellas con hijos a cargo en edad escolar. Tampoco hubo disminución horaria ni licencias. Esto es complejo porque en esa área siempre -y en pandemia mucho más- gran parte de la actividad operativa también recae mayoritariamente sobre las mujeres.

Respecto del personal de la municipalidad podemos decir que hay mucha heterogeniedad, por lo que no a todas las compañeras les afectó por igual. Muchos sectores no eran esenciales y no asistían a trabajar; otras trabajaban desde su casa, por lo cual las demandas fueron variadas. Algunas querían volver a trabajar, otras necesitaban licencias para estar en su casa.

Más allá de estas consideraciones, todas coincidieron en que las mujeres fueron y son las que en pandemia asumieron más intensamente las tareas productivas, reproductivas y de cuidados. Dentro o fuera de casa, su jornada se triplicó.

En cuanto a las referentes, destacamos a Beatriz Biolatto, la Secretaria General del SUOEM, por lo que representa para la historia del sindicato, y por haber sido la primera mujer luego de más de 30 años de que un varón estuviera al frente. Ella asumió esta responsabilidad, y el desafío de tener que lidiar con los estereotipos patriarcales que impone el gremialismo. Beatriz está dejando huellas para la historia del feminismo sindical y de las mujeres de nuestro gremio. Además creo que la llegada de ella incentivó a que más compañeras se sumaran a participar de la vida sindical.

Otra referente a nivel local, es Ilda Bustos, compañera de la Intersindical de Mujeres, Secretaria General de Gráficos. Ilda va abriendo camino a otras mujeres y a la juventud. A nivel nacional: Vanesa Siley y Estela Díaz.

Audiovisual elaborado por la Intersindical de Mujeres de Córdoba para el Paro Internacional de Mujeres del 2019.