Informe especial: mujeres científicas, una carrera desigual

Informe especial:  mujeres científicas, una carrera desigual

En Córdoba hay pocas mujeres en las categorías más altas de la investigación científica. La concepción androcéntrica de la ciencia condiciona las trayectorias académicas y los estereotipos de género marcan la elección de las carreras. Las asimetrías se profundizan por el reparto desigual de las tareas de cuidado y el trabajo doméstico. Y la pandemia, impacta en forma directa sobre la “productividad”.

Por Jimena Massa

Armar un telescopio para la investigación científica todavía es “cosa de hombres”. En la casa de una pareja de investigadores de Conicet, ella es la que sistemáticamente tiene menos tiempo para sentarse a escribir. Es frecuente que a la becaria posdoctoral sus compañeros de laboratorio le pidan que prepare “un cafecito”. Los proyectos tienen previsto un impacto similar, pero el equipo dirigido por “el profesor” obtuvo un financiamiento mayor que el de su colega mujer.

La investigación científica, como cualquier otro ámbito de la vida social, está atravesada por desigualdades de género. Por un lado, existen dificultades, según el género, para acceder a las posiciones de mayor jerarquía de la carrera científica, a los puestos de dirección y al financiamiento de proyectos de investigación. El reparto desigual de la tareas de cuidado, y en especial el maternaje, aparecen como el principal obstáculo para garantizar la equidad entre lxs investigadorxs. Por otro lado, existen discriminaciones naturalizadas: los estereotipos en torno a las profesiones y una concepción androcéntrica de la ciencia condicionan la elección de las carreras universitarias y definen intereses de conocimiento en el inicio de la vida académica.

Hablar de desigualdad de género parece contradictorio cuando las mujeres son mayoría en el sistema científico conformado por las universidades argentinas y el Conicet. En el organismo nacional de ciencia y tecnología, las mujeres representan un 53,8 % del total de lxs investigadorxs y el 60 % del total de becarixs, según los últimos datos publicados. Un dato bastante alentador en el contexto internacional, ya que según la Unesco sólo el 28 % de la investigación mundial es desarrollada por mujeres.

En la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) hay más mujeres en las aulas y también son mayoría en los equipos de investigación. Del total de investigadorxs registradxs entre 2014 y 2017, el 60 % son mujeres. En la última convocatoria de Becas Estímulo a las Vocaciones Científicas, otorgadas por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y gestionadas por la Secretaría de Ciencia y Tecnología (Secyt) de la UNC, más de la mitad corresponden a estudiantes mujeres. 

Pero esos datos promisorios en el inicio de la carrera se revierten en la punta de la pirámide, cuando se trata de las categorías más importantes del sistema científico, con mejores salarios y mayor reconocimiento social. Como bien señala la historiadora y socióloga feminista Dora Barrancos, “la feminización de una profesión no significa que se hayan alterado las reglas de poder por dentro”. En el sistema hay más mujeres que varones, pero las posiciones de mayor jerarquía son ocupadas por hombres

En los 42 centros de investigación que responden a Conicet en Córdoba se desempeñan unas cuatro mil personas: 1800 investigadorxs, 2000 becarios y el resto es personal técnico y administrativo. Las mujeres son mayoría entre lxs investigadorxs Asistentes y Adjuntos (las categorías más bajas de la carrera científica), entre lxs becarixs de doctorado y posdoctorado, y entre lxs profesionales de apoyo y el personal administrativo. Entretanto, representan un porcentaje menor en las categorías de investigador Independiente, Principal y Superior. Tal como sucede a nivel nacional, su presencia disminuye a medida que asciende la pirámide, hasta el punto en que las mujeres constituyen apenas un 25% en el nivel Superior. 

Fuente: Centro Científico Tecnológico Conicet Córdoba

Otro dato fundamental es el acceso a la dirección de proyectos científicos de acuerdo al género. Según el ministerio de Educación de la Nación, en Argentina hay una relativa paridad de género en la dirección (con asimetrías por área del conocimiento y categoría profesional) y una muy baja participación de las mujeres en la dirección de proyectos tecnológicos. A su vez, las investigadoras que dirigen proyectos científicos solicitan y reciben en términos generales un 25 % menos de recursos que sus colegas hombres.

El siguiente gráfico muestra la amplia mayoría de varones en la dirección de proyectos financiados por Conicet en el ámbito de Córdoba. 

Fuente: Centro Científico Tecnológico Conicet Córdoba

“Es muy pertinente hablar de desigualdades de género en el campo de la ciencia porque en él se reproducen las mismas jerarquizaciones que en otros ámbitos y se expresan en innumerables aspectos”, afirma la investigadora del Centro de investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (Conicet y UNC), Lorena Capogrossi, investigadora del área de antropología del trabajo y docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC). 

El llamado “techo de cristal” es, según la investigadora, uno de los aspectos más visibles en que se traducen las desigualdades.
“Esto significa que las mujeres y otras identidades no masculinas llegan sólo hasta ciertas categorías dentro del sistema científico que, en general, no son las más altas. Y esto se reproduce en el acceso a financiamientos y a dirección de proyectos”.

En la UNC conviven lxs investigadorxs de la propia Universidad con aquellxs que, siendo también docentes universitarixs, investigan en el ámbito de Conicet. La pertenencia a ambas instituciones es casi la norma, dado que gran parte de las unidades ejecutoras del organismo nacional están radicadas en centros de investigación universitarios.

En este sentido, cabe recordar que la mayoría de las investigadoras argentinas trabaja en el sector público, es decir en organismos gubernamentales o en universidades. Son muy pocas las investigadoras insertas en empresas privadas: en 2015 sólo el 26,1 % contra el 73,9 % de varones, según la Encuesta sobre Investigación y Desarrollo (I+D) en el sector privado (ESID). 

Lejos de las “ciencias duras”

En la UNC, en áreas como ingeniería, matemática, computación y astronomía, la cantidad de alumnas de grado y de investigadoras es sustancialmente menor que en las áreas sociales o humanas y en las ciencias de la salud. La trayectoria de las mujeres en el campo científico está condicionada por estereotipos que van mucho más allá de la educación inicial, atraviesan todo el sistema educativo y terminan configurando una nueva división sexual del trabajo.

En todas las unidades académicas de la UNC la población de sexo femenino es mayoritaria, excepto en las facultades de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (conocida como “Ingeniería”), y la de Matemática, Astronomía y Física (Famaf). Estos índices se repiten a la hora de contabilizar investigadorxs: en todas las carreras hay mayor cantidad de mujeres que hacen ciencia, excepto en las dos facultades mencionadas.

Otro dato interesante surge al analizar la formación de lxs investigadorxs, donde también se perciben diferencias que cruzan género y área. En 2017, más de la mitad de lxs investigadorxs de la UNC (52%) tenía como formación máxima el doctorado, seguidos por quienes habían alcanzado sus títulos de grado (16%), los magísteres (11%) y los especialistas (4%). Pero ese alto porcentaje de doctorxs pertenece, mayoritariamente, a las facultades de Matemática, Astronomía y Física (92%), Ciencias Químicas (83%), Odontología (79%) y Ciencias Médicas (76%).

UNC: proporción de docentes investigadores según sexo por unidad académica (2017)

En el Observatorio Astronómico de la UNC, donde se asientan dos institutos de investigación que albergan a un centenar de investigadorxs de las llamadas “ciencias duras”, el 60 % del plantel está integrado por varones. “A ese total, se le suman otras 40 personas que son técnicxs y no docentes, y en ese sector las mujeres ocupan mayoritariamente las áreas de secretaría, biblioteca y contabilidad. En ese sentido, están claramente delimitados los trabajos de cada unx”, describe la astrónoma Carolina Scharalambous, becaria posdoctoral de Conicet y docente en Famaf.
“En el área de ingeniería, donde se desarrolla el armado de telescopios, son todos varones”, dice la investigadora. Y agrega “de hecho, hace un tiempo vino a trabajar en el telescopio una investigadora de Brasil y se fue llorando”.

Entre las aproximadamente 40 investigadoras del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE) – uno de los institutos que funciona en el Observatorio – sólo dos o tres son madres. En cambio, casi todos los investigadores varones son padres. “Si perdés el tiempo siendo madre, no llegás a ser investigadora”, concluye Scharalambous, poniendo en evidencia que “el problema no es tener hijxs sino el reparto desigual de las tareas de cuidado”.

El Observatorio de la UNC nunca fue dirigido por una mujer y, actualmente, ambos institutos de investigación son conducidos por hombres.

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Científicas en tiempos de coronavirus

Por Josefina Edelstein*

La pandemia de Covid-19 pone a prueba la capacidad del sector científico para aunar esfuerzos en la búsqueda de soluciones al servicio del país.

Convocados por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), muchos grupos cordobeses han trabajado en una lluvia de ideas recurriendo a las fortalezas entre equipos. No hay tiempo para perder ni es el momento de trabajar puertas adentro en busca de originalidades. Por el contrario, la coyuntura plantea un terreno propicio para el aporte solidario de know how e, incluso, en muchas personas se percibe que lo hacen movilizadas por un sentido patriótico.

Desde la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ) de la UNC se presentaron nueve propuestas, informó el decano Gustavo Chiabrando. Cuatro enfocadas en el diagnóstico del nuevo coronavirus; una de ellas en conjunto con investigadores de Estados Unidos. Mientras que para abordar el tratamiento, se presentaron cinco ideas-proyectos. Las propuestas seleccionadas recibirán un financiamiento de hasta 100 mil dólares.

“Con un grupo de investigadoras (somos todas mujeres, no sé por qué) trabajamos en un proyecto a partir de lo que sabemos de inmunología y de la infraestructura que tenemos, pensado para ayudar a tomar decisiones terapéuticas a los médicos que se enfrentan con esta situación”, adelantó Belkys Maletto, investigadora de Conicet y directora del grupo de Vacunas del Centro de Investigaciones de Bioquímica Clínica e Inmunología (Cibici), en la Facultad de Ciencias Químicas de la UNC.

“Tenemos gente muy bien formada y bastante buena infraestructura, remarcó, pero el problema es que dependemos de insumos de afuera”. Con ese inconveniente se enfrentan todos los equipos de investigación del país y los laboratorios que actualmente están haciendo análisis. Mientras tanto, los recursos para adquirir reactivos así como otros insumos, se van distribuyendo entre lo probado y lo que posiblemente sea una mejora en el diagnóstico y en el tratamiento.

También se aprovecha la coyuntura para reafirmar el rol de la ciencia en la Argentina. “Hemos pasado por distintos vaivenes, con gobiernos que nos dan apoyo a otros que son más reticentes, por eso nos parece importante enfatizar que en este momento de la pandemia del COVID-19, en nuestro país se esté atendiendo a lo que dicen los expertos”, apunta Liliana Cancela, quien firmó un comunicado en ese sentido como presidenta de la Sociedad Argentina en Investigación en Neurociencias.

La globalización, la alta tasa de contagios y la rapidez con que se producen generan un ritmo de trabajo inédito en la comunidad científica mundial para hallar formas de hacerle frente a las consecuencias del virus Sars-Cov-2. “Recibí una invitación para revisar un trabajo de coronavirus sobre un proyecto que busca antígenos para vacunas, y si en general las revisiones llevan entre 2 y 3 meses, ahora te piden que la hagas lo más rápido posible”, describe Maletto ilustrando la tensión del momento.

(*) Josefina Edelstein Periodista especializada en ciencia y salud. Docente en la Universidad Siglo 21. Camina la vida con perspectiva de género. Miembro de Red PAR y de RADPC. Ciclista intermitente.

Ilustración LA NOTA: Ilustración de Bárbara Puliga para el artículo de Iris Sancho 
El día que conocí a Anna Volkova, de Principia.