Ilda Bustos, a barbijo quitado: recuento de una vida militante

Ilda Bustos, a barbijo quitado: recuento de una vida militante

Secretaria general de la Unión Obrera Gráfica, ex legisladora provincial por el peronismo oficialista y actual secretaria Adjunta de la CGT Córdoba. Desde la Unión de Estudiantes Secundarios hasta la conducción de la central de los trabajadores, Ilda Bustos nunca paró de militar. La conciencia, para ella, “es dar tiempo a lo colectivo”. Y en eso se pasó la vida.

Por Pate Palero

Agosto llega a su fin, y esperamos que pronto Santa Rosa de Lima se haga climatológicamente presente. Su poder meteorológico, estrenado en 1561, evitó la invasión de un corsario holandés a El Callao, convirtiéndola en la primera santa americana y Patrona de decenas de ciudades a lo largo de todo el Cono Sur. Una de ellas, ubicada a 100 kilómetros de la ciudad de Mendoza, a orillas del Río Tunuyán, donde hace más de cincuenta años nació Ilda Bustos. Hoy, la única mujer en la conducción del máximo órgano de representación gremial en Córdoba.

Una familia matriarcal

La mamá de Ilda llegó de la Italia vencida en las guerras mundiales, trayendo consigo poco más que sus ideas “comunistas” como dote para casarse con Bustos. Junto al camionero mendocino se instalaron en una casita rodeada de viñedos. Cuando “Ildita” tenía seis años y un hermano varón más pequeño, la familia se trasladó a Colonia Caroya. Pese a las similitudes vitivinícolas, Ilda recuerda haber extrañado su Mendoza natal. Lo cuenta y sus ojos escondidos detrás de un flequillo estratégico, parecen proyectar postales de calles angostas, paredes de adobe y un borde montañoso azul de fondo. La nostalgia seguramente se asocia a la reciente pérdida de esa figura materna que fue clave en su identidad.

-En mi familia fueron todas mujeres muy fuertes. Las mujeres conducían. Mi vieja siempre fue la que tomó las decisiones. Quizás hasta se iba de mambo, más que igualitaria ella era un poco autoritaria. Pero esa educación me sirvió para ser así, para sentir que no existían barreras. Por eso para mí es tan importante la educación. Si te criás en un lugar así, no vas a ser una mujer que acepta lo que le digan así nomás. Yo trabajé siempre rodeada de varones. Pero me preocupé por conocer, por saber del Convenio (reglas laborales) y todo eso te da la autoridad del conocimiento.

¿Nunca un acoso?, ¿nada de eso?

-No, sí. Eso sí. Pero eso les pasa a todas, es lo que han vivido todas las personas. Pero no en lo sindical, ni en lo laboral.

¿Y en relación con la maternidad?

-Tampoco. Tengo una hija, pero el padre asumió la crianza en igualdad de condiciones. Eso me permitió mucha autonomía.

Feminismo con signo de pregunta

“Te advierto que de feminismo, género y esas cosas no le gusta hablar”. La advertencia de una conocida en común llega como aporte a la periodista equivocada, que toma la recomendación como un aliciente para preguntar.

¿Por qué no te gusta hablar de feminismo, de género…? ¿Cuál es tu relación con esos temas?

-¿Cómo que no? Sí. Pasa que mi actividad está siempre vinculada con temas sindicales, no me preguntan tanto sobre cuestiones de género. Pero he participado siempre. Yo desde los ’80 ya venía haciendo cursos de capacitación, buscando formar a delegadas mujeres. Te hablo de cuando todavía no se instalaba el tema tanto como ahora.

¿Y cómo ves a este movimiento feminista?

-Veo mucha más participación. Antes, si hablabas de esto, la mitad directamente te decía “no me vengas a joder”. Ahora el movimiento de mujeres lo puso en un plano que no se lo puede ocultar. Eso es un triunfo en sí mismo. El único tema que me hace ruido son las miradas que no son integradoras. Hay algunas compañeras que creen que ese es el único camino para lograr cambios. Yo creo que no. Hoy, por ejemplo, vamos a salir de una pandemia en la que las mujeres han sufrido doblemente las violencias, sobre todo las domésticas. Pero la pandemia ha afectado de una manera más generalizada, no sólo a las mujeres, y en eso creo que el movimiento de mujeres debiera posicionarse más, politizarse más. No habrá igualdad sin justicia social.

¿Y por qué creés que hay tan pocas “Ildas”?

-El campo sindical sigue siendo muy masculino. Las mujeres tendrían que involucrarse más en las políticas para cambiar la realidad. Somos sometidas en un territorio de sometidos. Las mujeres deben tener más presencia en los sindicatos. Si no participás para que cambie tu lugar de trabajo, es difícil avanzar en otras transformaciones. Falta fortalecer nuestro rol en ese espacio, tomar conciencia de la pertenencia a la clase trabajadora, que es una identidad que se deterioró desde los ’70.

¿No te parece que la participación en estos sindicatos patriarcales tiene costos altos todavía para las mujeres?

-Y, sí. Cuando participás, relegás. Tu tiempo personal queda a disposición de un colectivo. Y eso es un posicionamiento político. Yo empecé a militar en el secundario y tengo la claridad de saber cómo era esa militancia de los ’70, de personas que pusieron a disposición su tiempo y su vida. Yo hoy ¿qué puedo relegar? En vez de volver anoche a mi casa a ver una película o a leer, me quedé con unas compañeras que querían reunirse para organizar una historia… Y es relegar. Cuando hemos organizado reuniones con compañeras, siempre he dicho que hay que hacer las reuniones temprano, porque ellas no pueden disponer de su tiempo hasta medianoche. Son pequeños cambios para tratar de que releguen lo menos posible. La conciencia se traduce en eso: en dar parte de tu tiempo a lo colectivo. Para mí el tiempo es lo más valioso. Hay compañeras que tienen sus hijos, y tienen horarios ineludibles para volver a su casa, pero igual dan. Relegan. En vez de estar escuchando música o leyendo, postergás.

Luces en la oscuridad

Su estilo despojado sólo admite como joya un colgante plateado con la forma del pañuelo de Abuelas y Madres. El compromiso con la lucha por memoria, verdad y justicia es su brújula. El mapa que parece haberla orientado en la compleja orografía de la política cordobesa.

¿Y vos qué relegaste?

-Muchas cosas, pero todas personales. A mí me gusta mucho leer, me hubiera gustado poder leer más. Y me gusta ver películas, pero llego a mi casa y me duermo. No tengo tiempo. El año pasado perdí a mi vieja y antes a mi hermano, fueron tiempos muy desgastantes. Hoy tengo más tiempo, pero igual llego a mi casa y tampoco lo hago. Llego muy cansada. Por ejemplo, en un rato nos vamos a hacer el programa de radio. Voy a llegar a mi casa a las 9 de la noche. Y a veces te preguntás: ¿para qué?

Eso: ¿para qué? ¿Qué te respondés?

-Para mantener vivas algunas cuestiones. Si todos abandonamos lo que estamos haciendo, ¿te imaginás? Amnistía tiene el lema “en la oscuridad, una vela alumbra”. Y es así, si todxs abandonan la ilusión, ¿quién podrá sostener la idea de un mundo mejor? No digo que lleguemos a cambiar todo nosotrxs. Pero siempre alguien tiene que quedar.

¿Quiénes han sido tus lucecitas en la oscuridad?

-Compañeros y compañeras que tuve. Hoy recordaban a una compañera que estudiaba Historia, y la mataron en La Perla: Magdalena Hualde. Le decíamos “Pampita”, porque era de La Pampa. Cuando yo cursé ese primer año de Historia, el encargado de todo era un compañero que se llamaba Luis Leiva, también lo mataron en La Perla. Estudiaba cine, era muy cristiano y siempre nos ponía el ejemplo de Cristo y decía que nosotros -como él- teníamos que estar dispuestos a dar la vida. Y siempre pienso ¿qué diría “el Negro”? Cuando empecé a participar en lo sindical, y cada tanto, lo vuelvo a pensar… ¿qué diría Luis? Y las lecturas. Yo no conocí a Atilio (López), o a (Agustín) Tosco, pero los he leído y son fundamentales para mí. Sí lo conocí a (Raimundo) Ongaro. Me llamaba siempre, charlábamos sobre el contexto político. Hasta el mes anterior de su muerte, en 2016, me llamaba al teléfono fijo del gremio.

Y a vos, ¿cómo creés que te van a recordar?

-Yo siempre les digo a las compañeras y los compañeros que se van incorporando al gremio: lo que se van a llevar, es lo que me voy a llevar yo. Que la gente cuando te encuentre en la calle te salude, te abrace, te trate bien y te diga -como mucha gente que a veces me encuentro-: “Me quedé en banda, pero ustedes lucharon por mí”. No quiero que nadie crea que nosotros hemos acordado con la empresa nada. Que sepan que no he traicionado, que no he vendido a nadie; nada que no sea defender los intereses de los trabajadores. Puedo tener errores, me puedo equivocar, pero no será a sabiendas.

Entre los pesos pesados de la CGT

Ilda Bustos comenzó militando en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y en la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Durante más de 30 años formó parte de la conducción de la Unión Obrera Gráfica, a donde llegó durante los conflictos gremiales del desaparecido Diario Córdoba. Integró el bloque de Unión por Córdoba como legisladora provincial entre 2015 y 2019, y desde noviembre pasado es la secretaria Adjunta de la normalizada CGT Córdoba, hoy conducida por José Pihen.

La tan esperada unidad del movimiento obrero cordobés no se condice con la notoria inacción de las cúpulas desde que Juan Schiaretti garantizó su última victoria. Y no es que el contexto -cuando no el Gobierno- les haya privado de motivos, precisamente. Ilda es muy cauta para hablar del escenario gremial y de sus pares, pero a lo largo de la entrevista va dejando caer, como cuentas sueltas, algunas preocupaciones.

De hecho, ella forma parte de los sindicatos que no tienen vínculos con el Estado y que más le reclaman a la CGT la actitud combativa que abandonó allá lejos y hace tiempo. Frente a algunos cuestionamientos a liderazgos sindicales sospechados de personalismo o autoritarismo, la dirigente reflexiona sobre algunas aperturas, alianzas y delegaciones de poder que no siempre favorecen la unidad. Por otra parte, el traspaso generacional parece encontrar pocos herederos. “Muchos jóvenes parecen haber perdido la ilusión de cambiar las cosas, la confianza en la posibilidad de cambiar la realidad”, agrega.

Y el uso del universal masculino explícito no es casual. El “techo de cristal” de la CGT le ha resultado infranqueable a una líder que ostenta más de 30 años lidiando con los pesos pesados de la clase trabajadora. “Para mí el ser mujer nunca fue un escollo. Ni siquiera en nuestra Federación Nacional, de la que fui Adjunta pese a haber sido una de las primeras mujeres en participar de un congreso. El primer escollo que yo encuentro por la condición de mujer es en la CGT. En la CGT, sí”.

La repregunta quedará atravesada y pendiente para un próximo encuentro. La charla se extendió y se acercaba el inicio de “Un programa de miércoles”, por FM Gen. Pronto se encendería la luz roja y, una vez más, Ilda en la conducción.

Las otras

Sin maquillaje, ni tacos, ni indumentaria a la moda. El único rasgo que acompaña su femineidad cis es una pequeña carterita negra. Ningún otro dirigente se exhibiría con un detalle de ese tipo. En las notas, en las fotos, en el escenario de cada marcha, Ilda lleva cruzada la tira de su carterita. No se la sacará para la entrevista previa, de pie, para la tv. No se la sacará mientras conversa con el grabador adelante. No se la sacará para posar sentada en el mismo escritorio que registran otras fotografías, en otras entrevistas, con la misma carterita.

El otro rasgo de género es la referencia sorora a “las otras”. En diferentes momentos las va citando como cómplices de diferentes luchas. Soledad García, Keka Bossio, Leticia Medina, Irina Santiesteban, son algunos de los nombres de otras “chicas superpoderosas” en un camino que es menos solitario de lo que aparece en las secciones políticas de los diarios.