Hannah Gadsby: Nanette y Douglas

Hannah Gadsby: Nanette y Douglas

Conocí a Hannah Gadsby en su rol de actriz, en “Please like me”, una de mis series preferidas. No tiene un papel protagónico, pero sus gestos y sobre todo su ritmo me impactaron. Ahora en Netflix dos de sus apariciones haciendo stand up.

Por Rocío Revuelta*

Hannah Gadsby es hipnótica. Es encantadora.  En “Nanette”, combina varias escenas potentes de su vida, con muchas referencias a los clichés del formato stand up. Va hasta el borde -pero sin cansar- describiendo las exigencias que pesan sobre quienes se atreven a hacer comedia. Y encima son mujeres. Y encima lesbianas.

Tensiona, hace reír, dan ganas de prenderse un cigarrillo o buscar la placa de relajación al mismo tiempo que te hace escupir el té de la risa. Sabe que tiene toda nuestra atención. La controla a su voluntad. Es impecable haciéndolo.

Repasando algunos momentos cumbres del arte moderno y contemporáneo, recupera anécdotas de “los grandes referentes del arte”, todos varones. Delinea otra de las formas en que el patriarcado,  y el odio por lo que escape a sus mandatos, se filtra en nuestros devenires.

Describe la obsesión de la sociedad por insultar y golpear todo aquello que por libre, distinto, y/o auténtico es rechazado, machacado, masticado y escupido. Pero, de nuevo, cada tanto te das cuenta que se te llenaron los ojos de lágrimas, pero te estás riendo. Hermoso y convulso.

Alimentando un estado de piel de gallina sostenido, Hannah expone las marcas que la sociedad  dejó sobre su cuerpo. Lo irreversible de todas esas cicatrices. Su deseo imposible de que no existieran. El odio inoculado. Las miradas hostiles sobre sus hombros. La decisión de que otrxs sepan que no están solxs.

Douglas, es el segundo stand up que Gadsby hizo para Netflix. Después de Nannete las expectativas eran altas, y aquí el primer spoiler: logra colmarlas.

Hannah está extrañada, no deja de manifestar sorpresa ante la buena recibida que tuvo su show anterior. Hannah está expectante de qué fue a buscar el público en esta oportunidad.

Desde Estados Unidos les habla a lxs yanquis y se ríe de ellxs; se ríe y les advierte que no les va a gustar lo que van a ver, pero les invita a quedarse, a ponerse cómodos y a no enojarse (tanto).

Con guiños a la saga Harry Potter, reclama y deschava al patriarcado, a la falta de conciencia del otrx, al trabajo no pago que recae sobre los cuerpos de las mujeres y a la pesada realidad de que hayan sido hombres los que le pusieron nombre a todas las cosas.

Esta edición también está atravesada por su pertenencia al espectro autista. Parodiando un monólogo, rememora su recorrido hasta hacerse con el diagnóstico: autista de alto funcionamiento. Con su tono gracioso/doloroso repasa algunos episodios de su niñez y madurez que pudo comprender al ser diagnosticada, hace apenas cuatro años. Esto lejos de ser una excepción, es una norma lamentable: la mayoría de las mujeres autistas son diagnosticadas en su adultez.  Punto para el patriarcado: en varones se detecta antes. Y el principal supuesto de este desfase es que las mujeres, acostumbradas a adaptarse, desde niñas hacen un esfuerzo mayor por encajar y disimular la angustia y el estrés que experimentan en ciertas circunstancias.

Se burla de sus haters, les agradece que su odio sea su alimento, y va dejándoles pequeños anzuelos durante la hora que dura el show. Probablemente se apuntarán una troupe de nuevos odiadores, ya que dispara, y sin titubear, contra lxs antivacunas.

Hanna Gadsby se propone una meta clara: vino a alterar nuestra confianza. Negar que lo logra, y la sutileza con que lo hace, es haber mordido el anzuelo: perdiste, careta.

(*) Rocío Revuelta estudió Comunicación Social en la ECI, hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la UNC. Forma parte de la Red Par – Periodistas por una Comunicación no Sexista, y hace unos años colabora con No Tan Distintas – Mujeres en Situación de Vulnerabilidad Social. Piensa que el infierno debe ser un lugar sin libros, turrones ni placas de relajación.