Esperanza que se esparce con el viento

Esperanza que se esparce con el viento

Siempre presente en los eventos populares, poniendo su voz al servicio de los derechos humanos, la Tere Ferrero es una de las cantantes cordobesas que debieron desarrollar su carrera artística sorteando las adversidades de un contexto que naturalizaba la desigualdad. Con un tremendo caudal sonoro y un tono inigualable -que le valieron reconocimiento de Chabuca Granda y Mercedes Sosa- sus interpretaciones ilustran una época, y sus recuerdos retratan a una generación.

Por Tere Ferrero

Infancia popular

Nací en el ’54, en la Maternidad Nacional. Mi mamá era modista, aunque sólo cosía para nosotros. Mi papá: obrero de Feigin. Fui la única mujer entre cuatro hermanos. Vivíamos en el barrio Providencia, en una casa humilde, de laburantes, de la que mi madre estaba muy orgullosa porque decía que la teníamos gracias a Evita. Ella fue la primera mujer que admiré en mi vida, y la sigo admirando… quizás de tanto escuchar a mi mamá decir aquella frase.

Desde chica siempre me gustó cantar en los actos en la escuela, y paralelamente disfrutaba ir los domingos a la iglesia, para cantar. Hoy me sonrío pensando que después me volví atea, cuando empecé a sentir la religión como una opresión.

En la escuela, formé parte del coro que organizó la profe de música. En una actuación vino a escucharnos Herbert Diehl y me invitó a cantar en el Coro de Niños Cantores de Córdoba. Fui a unos pocos ensayos, por cosas de la vida, quizás no me podían llevar.

Pero sí, la escuela, fue la ocasión para conformar un cuarteto vocal de niñas, que cantábamos folclore, acompañadas de un bombo. Éramos sólo mujeres, porque las escuelas todavía no eran mixtas. Recuerdo que mi mamá nos hizo la ropa para actuar, porque nos invitaban a diferentes ciudades. Esas fueron mis primeras incursiones, aunque yo las vivía como un juego en aquel momento.

Tere Ferrero fue la voz líder de Quetral, el emblemático grupo cordobés que difundió la cultura latinoamericana desde mediados de los ’70

“Quetral” como refugio

Unos años después, mi hermano mayor formó un grupo de música pop, junto a mis primos. Ensayaban en casa y a mí me fascinaba estar, escucharlos, verlos actuar. Yo ya sentía que eso me apasionaba.

Para el ’76 yo había perdido a mi mamá y luego a mi papá, me había casado con el “Zurdo” (Ricardo) Roqué, y mi hermano nos alentó para que formáramos el grupo “Quetral”. No era fácil en aquel momento; buceamos y recopilamos música de Latinoamérica. Unos primos que vivían en Venezuela, por ejemplo, nos mandaban temas, que íbamos aprendiendo. Así, la primera vez que cantamos informalmente en el legendario “Tonos y Toneles”, fue todo un suceso. A todo el mundo le gustó. Era una expresión nueva, que salía del folclore autóctono, para hacer algo más étnico, latinoamericano.

Lo contradictorio fue que aunque era un momento muy complicado, fue la etapa en la que más trabajamos. Había mucha necesidad de la gente de sentirse identificada. Y “Quetral” permitió eso.

Junto a Ricardo «Zurdo» Roqué, Sergio Korn y Chiri Montero recorrieron Latinoamérica como ‘Quetral’

El tesoro de Chabuca y Mercedes

Entre mis logros y recuerdos, los mayores tuvieron que ver con la posibilidad de haber conocido a grandes mujeres a través de la música. De gira en Perú, en enero del ‘83 conocimos a Chabuca Granda. Fuimos a cenar a su casa en Miraflores. Me deslumbró su simpleza, su sencillez. En esa ocasión ella valoró nuestro trabajo y elogió mi interpretación. Creí que me moría cuando me dijo que era muy difícil cantar sonriendo y con expresividad. Quedó tan a gusto que nos pidió permiso para grabarnos, y guardó ese registro en su casa. Nos contó que debía operarse en EEUU, pero que después de eso vendría a Argentina y emprenderíamos proyectos juntos. Sin embargo, unos meses después, el 8 de marzo, falleció durante la intervención quirúrgica. Me quedó su recuerdo, que es de los más hermosos que conservo.

También admiré mucho a Mercedes. Fue mi primer referente, como la de todas las contraaltos. Ella fue una maestra para nosotras. Por lo que representaba y por cómo cantaba. La conocimos en Francia, a fines de ese mismo año. Estábamos terminando una gira en Toulouse y nos enteramos que Mercedes iba a actuar en un teatro de esa ciudad. Nuestro representante, Oscar Oviedo, nos propuso quedarnos un día más para conocerla.

Al otro día fuimos a verla, me acompañaron al camarín antes de que ella actuara. A mí me temblaban los pies… el alma… todo. Mientras ella se vestía, se ponía unas botas, me preguntaba por nosotros. Comía frutas, me ofrecía… Hablamos de las elecciones (que habían sido en el mes de octubre) y ella me dijo que había votado a Alfonsín. Le dije que yo no, y ella me respondió: “Es que los peronistas ya se han mandado varias cagadas”.

Cuando salí del camarín, yo no podía contarles a los “chicos” lo que había hablado con ella, porque no paraba de llorar. Ella actuó y los franceses, que son bastante fríos, la ovacionaron, emocionados.

Allí comenzó una gran amistad. Una vez, yo volvía de trabajar en el colegio y cuando entrando a casa me esperaba el Zurdo con el teléfono en la mano: “Es Mercedes”. Me quería felicitar por el disco que habíamos grabado. Me dijo que “No Valentín” era una obra de arte, y que le había fascinado mi interpretación del tango de Hamlet Lima Quintana.

Cuando ella celebró sus 30 años de carrera con tres recitales en el Luna Park, lo invitó al Zurdo para acompañarla. Y la tercer noche, su manager me pidió que subiera a entregarle unas flores mientras cantaba “María, María”. Cuando subí, me pasó el micrófono y me dijo: “Cantá”. Casi me muero, se me salía el corazón.

Cuando terminamos le agradecí y le conté que me había sentido morir… y me respondió: “no te podés morir, tenés tres hijos”.

Estos recuerdos son los que atesoro.

Junto a Chabuca Granda, en su casa de Miraflores, planearon proyectos en conjunto que se vieron truncados tras la temprana muerte de la cantante peruana

“Mujer, si te han crecido las ideas…” *

Como mujer yo siempre me sentí “mimada”, porque fui la única hermana mujer, la única integrante femenina de Quetral y ahora la madre de un hogar de tres hijos varones… Si bien era en el marco de una cultura patriarcal, donde los hombres me trataban como “la nena”, “la mujercita”, sí reconozco que tuve la suerte de poder participar. Más allá de que debí pelear por mi lugar (respecto a los arreglos, al repertorio, etcétera), mi voz era escuchada. Digo “la suerte” porque los grupos musicales siempre tenían una presencia mayoritariamente masculina. Eso ocurre hasta hoy, aunque la presencia de mujeres ha crecido gracias a la lucha que tuvimos.

En el contexto patriarcal, yo -por ejemplo- no pude dedicarme a la música y debí buscar un trabajo con relación de dependencia. Mi actividad durante 17 años como preceptora en una escuela, me permitió acceder a ingresos, a costa de postergar mi carrera artística. Me hubiera gustado depender sólo de la música, estudiar, componer… Pero como familia, debimos distribuir las oportunidades laborales y la atención de la casa. Siempre compartimos todo con el Zurdo, pero las condiciones eran esas: él trabajó muchos años como percusionista en La Barra, y eso no podía ser al revés.

De cualquier manera, disfruté y sigo disfrutando. Nunca dejamos de hacer música. Seguí cantando siempre. Y todavía la “gola” da. Puedo seguir expresándome, y eso es muy importante. Quizás porque nací un 13 de agosto, igual que Fidel Castro, siempre sentí que la construcción era colectiva. Así como, también, siempre creí que cantar era resistir.

“Cantar es resistir”. Siempre presente en los eventos solidarios y defendiendo los derechos humanos, Tere Ferrero pone en su voz la esperanza que se esparce con el viento


* La canción “Mujer” de Gloria Martin, fue uno de los temas que identificó a Tere Ferrero en sus actuaciones, pese a lo cual no quedó registro discográfico de la versión.