La maravillosa señora Maisel: el humor en clave de género

La maravillosa señora Maisel: el humor en clave de género

Se trata de una comedia ambientada en los Estados Unidos de fines de los 50 que conjuga un trabajo actoral sorprendente con una producción muy lograda e indaga en los inicios de la Segunda Ola del feminismo.

Por María José Quiroga

La escritora norteamericana Betty Friedan publicó -a principios de los 60- La mística de la feminidad, un libro que le valió el Premio Pulitzer en 1964 y que se convirtió, en su momento, en una obra clave en la historia del pensamiento feminista liberal. Allí planteó una visión de las mujeres como seres que configuran su identidad individual en el marco de sus relaciones sociales afrontando lo que denominó “el problema que no tiene nombre” y que se manifiesta en patologías favorecidas por la imposición de estereotipos que -en la sociedad estadounidense de la posguerra- relegaban a la mujer a su papel de esposas y madres ajenas a todo lo que ocurriera fuera del hogar. Durante los 50 y a principios de los 60 Estados Unidos se había convertido en una sociedad en la que las jóvenes integraban una generación de madres y amas de casa con estudios universitarios. El cuestionamiento a su rol en una sociedad industrial que se abría a un clima contracultural dio origen a lo que se llamó La Segunda Ola del Feminismo, que reinvindicó la sexualidad y los derechos de las mujeres.

Es precisamente en ese contexto bisagra en el que se desarrolla la historia de “La maravillosa señora Maisel”, la serie de Amazon dirigida por la directora y guionista Amy Sherman Paladino y producida por Daniel Palladino, su marido. La protagonista es Miriam «Midge» Maisel (Rachel Brosnahan), una especialista en literatura rusa que ve frustradas sus expectativas de conocer en la universidad a mujeres con quien compartir sus ideas y termina conociendo a un hombre, Joel Maisel (Michael Zegen), con quien termina casándose. Así, se convierte en una madre y ama de casa que convive en un suntuoso departamento del Upper West Side, en Nueva York, con sus dos hijos y, piso de por medio, con sus padres, una pareja de clase media alta neoyorquina. Todo esto hasta que Joel la abandona por otra mujer y ella es “colocada” en un mundo de hombres al descubrir su vocación por la comedia: el stand up, género típicamente estadounidense, popularizado entre las décadas del 30 y el 50 en nights clubs controlados por la mafia donde se incluían en el show pequeños monólogos protagonizados por comediantes, hombres en su enorme mayoría.

En ese terreno, que sólo una década después sería explorado por cómicas mujeres, decide aventurarse Midge, primero secretamente y luego con la fuerte oposición de todos los integrantes de su familia judía, para quienes “lo que pasa en la casa es privado” y no materia de exposición en bares nocturnos de dudosa higiene y reputación. Ella quiere hacerse cargo de su destino lo que, para su madre, es equivalente a la prostitución. Midget no se inventa un personaje, como sí hace su contrincante -Sophie Lennon (Jane Lynch)- una actriz que estudió la obra de Strindberg y que, sobre el escenario, construye el estereotipo de una mujer de los sectores populares, excedida en peso gracias al relleno bajo su ropa, convirtiéndose en una caricatura del género femenino. “Bob Hope no necesita un personaje porque es hombre” le espeta Lennon. Por el contrario, la Sra. Maisel dice “yo solo soy yo” y sus monólogos son, consecuentemente, reflexiones personales sobre su vida cotidiana en los que expresa un temprano feminismo, casi inconsciente, que genera un claro apoyo entre las mujeres.

En las distintas entregas, la serie tiene varios guiños, tanto hacia al propio género humorístico como respecto de ese nuevo feminismo en el que los hombres ya no pueden conformar a sus esposas con el regalo del último modelo de licuadora para mantenerlas tranquilas en su casa. Entre el impresionante reparto y la variedad de personajes que incluye la serie aparece el propio Lenny Bruce (Luke Kirby), que no es otro que uno de los grandes maestros del stand up, quien en su vida real sufrió frecuentes arrestos por su lenguaje y su estilo provocativo y directo. Incluso, en una de las primeras escenas, Midge comparte un calabozo con él luego de ser apresada por mostrar sus tetas en el escenario.

En uno de los capítulos, Maisel ironiza sobre las sufragistas estadounidenses de mediados de 1800 que habían adoptado el blanco como el color que las distinguía sugiriendo que sus ropas claras recargaban la tarea del lavado para las propias mujeres. En los pequeños diálogos con el público que caracterizan a la comedia, ella también satiriza sobre la pastilla anticonceptiva (popularizada después de los 60) y no se priva de expresar sus preferencias políticas al manifestar su apoyo a la candidatura de Kennedy, que le ganó a Nixon en 1960 la presidencia de los Estados Unidos. “Me puse los zapatos de mi marido -exclama en una de sus presentaciones- me estoy divorciando pero me quedaré con sus putos zapatos. Ahora entiendo por qué los hombres dominan el mundo: porque no usan tacones”.

La serie también hace un homenaje a Jane Jacobs, la teórica del urbanismo que se destacó por su activismo en la organización de movimientos sociales en contra de los modelos de planificación que destruyen el espacio público y crean ciudades que no son habitables para mujeres, niños o personas vulnerables, primero en USA y luego en Canadá. En un capítulo en el que Midge pasea por el Soho (un barrio que habitualmente no frecuenta en esa época una neoyorquina de clase alta) se encuentra y participa casi involuntariamente de una protesta de mujeres encabezada por la propia Jane, en la que se oponen a la obra del Lower Manhattan Expressway, una autovía que (de haberse construido) se habría llevado por delante parques y lugares históricos de la ciudad.

“La maravillosa señora Maisel”, la gran vencedora en la entrega de los Emmy en 2018 y acreedora de numerosos premios, incluye un reparto multitudinario de excelentes actores y sorprende por la ambientación de época tanto en exteriores como en interiores y por un vestuario extremadamente cuidado. El personaje de Brosnahan es hipnótico y el dúo que componen con su representante Susie Myerson (Alex Borstein) es un derroche de gags y diálogos absolutamente desopilantes a veces e ingeniosos siempre.

Ficha técnica

Dirección y producción: Amy Sherman Palladino y Daniel Palladino
Amazon Prime Video
Tres temporadas: primera y tercera de ocho episodios y la segunda, compuesta por diez.
Tras varios retrasos en la producción de la cuarta temporada por la pandemia, en enero de este año comenzó el rodaje en la ciudad de Nueva York.
Para mayores de 18 años.