Disclosure: ser trans más allá de la pantalla

Disclosure: ser trans más allá de la pantalla

Está disponible en la plataforma Netflix (por ahora) Disclosure, el documental que recorre desde las voces trans / travestis las presencias y ausencias de este colectivo en la pantalla hollywoodense y en la producción cultural estadounidense. Una joya televisiva para no perderse.

Por María Soledad Ceballos

Una hora y cuarenta y siete minutos de un documental que es necesario mirar para comprender y aprender cómo las representaciones trans / travestis (TT) han alimentado la usina cultural yanqui siendo, a la vez, subrepresentadas y estigmatizadas. Disclosure: ser trans más allá de la pantalla (Estados Unidos, 2020) ofrece voces y sentires de actrices, actores, directoras y directores trans y travestis, todes elles protagonistas y hacedores de producciones populares que, tal vez sin notarlo, todes hemos visto alguna vez. Y en los términos de la producción hollywoodense, hemos consumido.

El documental dirigido por Sam Feder sorprende, y sorprende para bien, porque por primera vez se puede ver y escuchar a artistas trans, hablando sobre lo que ha sucedido con la historia del cine y la tv estadounidense; sobre lo que se miraba, decía y hacía en relación a las cuerpas TT en esa industria de entretenimiento.

Disclosure presenta una opinión profundamente crítica, trazando un recorrido sobre lo que buena parte del mundo ha visto: desde Bugs Bunny hasta escenas de Grey’s Anatomy. Para quien forma parte de la comunidad TT, y que también ha consumido todo aquello que les artistas trans proponen como mirada, el documental interpela de inmediato. Disclosure, cuya traducción al castellano es Revelación, expone las formas de verse, pensarse y decirse del propio colectivo travesti y trans.

Las expresiones y sentimientos de quienes dan testimonio y el recorrido histórico de las presencias y ausencias TT en los consumos culturales de la gran industria trazan un mapa inabarcable sobre los modos de visibilizar. Se ponen en evidencia las apropiaciones de los discursos ajenos, los robados de las sombras en las que históricamente estuvieron las travas y las personas trans; y, además, la utilización del ballroom, esa cultura estadounidense nacida en los 60 pero que explota en los 80 y 90 entre las comunidades negras y latinas homosexuales, transexuales y queer.

Entre otras relaciones, cuando aparece Madonna bailando se deja ver cómo la música pop le debe muchísimo al ballroom y al movimiento artístico de las comunidades afro y trans estadounidenses, evidenciando la invisibilización y homogeneización que produce la máquina picadora de formas y discursos que es la pantalla grande (y la no tan grande, también).

Disclosure cita a Pose (2018), disponible también en Netflix, cuando los cuerpos trans bailan o cuando son partícipes de los concursos de belleza. Ese baile tan cinematografiado fue baile de resistencia, de celebración de las sexualidades disidentes, no heteronormadas, frente a la estigmatización racista.

También Paris is burning, aquella película rodada en 1985 y estrenada en 1990, es blanco de críticas. Merece ser vista con la perspectiva de los derechos y las libertades de hoy. Otra referencia ineludible sobre la que hablan y sienten actrices, actores, directorxs, guionistas, todxs de la comunidad TT, es Boy’s don’t cry (1999), que ha quedado en la retina dolorosa de lxs espectadores del mundo al relatar esa historia de la vida real.

A medida que transcurren los minutos, es posible recordar cosas ya vistas que bien pueden ponerse bajo la luz de la crítica que plantea este documental. Es inevitable remitirnos a nuestra historia como espectadoras; volver a revisar los propios consumos de la producción hollywoodense. Una producción que, con su impronta imperialista, ha influido -consciente o inconscientemente- en la construcción de nuestra subjetividad. En este universo, el documental se cruza con experiencias sonoras o auditivas personales que es conveniente revisitar.

El raconto de la presencia de actrices trans en series y películas dispara una valoración retrospectiva sobre determinadas representaciones. El colectivo TT viene cuestionando con mucha fuerza el modo en que los actores vestidos de mujeres y la personificación de las personas trans en la pantalla han apelado sistemáticamente a la risa y al humor para su visibilización.

En ese sentido, es posible establecer una relación entre las producciones culturales del colectivo trans estadounidense con el resto del mundo. Y también es posible pensar lo que muestra el cine latinoamericano o europeo sobre nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros deseos.

La inmensa Laverne Cox plantea una duda que podría entenderse como pregunta guía, para siempre, para casi todo: “¿Qué significa acceder a culturas de la que no formas parte y contar esas historias? ¿Cómo creamos una relación crítica para aprender?”

Disclosure tiene tanta información que merece verse dos o tres veces porque hay muchos detalles para volver a indagar. Es una muy buena propuesta. Y dan ganas de más. Una sugerencia final: ver el documental con el dedo pulgar en el botón de pausa, una libreta y una lapicera para anotar todas las recomendaciones y lecturas que se desprenden y se citan en este material.

No dejen de mirar Disclosure; porque no podemos darnos el lujo de no asistir a la crítica que la industria yanky hace sobre sí misma. Y porque ya se viene diciendo hace tiempo: a la clandestinidad -y a las sombras- no volvemos más.

Agradecimiento a la periodista y activista trans Casandra Sand.