«Digan clítoriiiis»: foto de la desigualdad de género en los medios

«Digan clítoriiiis»: foto de la desigualdad de género en los medios

Desde hace 25 años, la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana realiza un monitoreo internacional para analizar la presencia y la representación de las mujeres en las noticias. Pese a que se ha avanzado en paridad y casi la mitad de las personas que trabajan en los medios son mujeres, siguen siendo escasamente consultadas a la hora de opinar sobre temas “duros”.

Por Pate Palero

El monitoreo “Quién hace las noticias” de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC, por sus siglas en inglés) es el análisis más antiguo y extenso sobre la representación de las mujeres en los medios de comunicación. En 1995 se realizó por primera vez y fue insumo para el Capítulo J de la Plataforma de Acción de Beijing, referido al logro de la igualdad de género a través de los medios de comunicación. Cada cinco años, moviliza a más de 3 mil personas que -desde diferentes países- trabajan de manera voluntaria para sacar la “foto” que ilustra la desigualdad de género.

En el diario no hablan de tí

“Conchita sigue firme en Melbourne” fue uno de los escasos títulos periodísticos que aquel miércoles 18 de enero de 1995 mencionaba a una mujer como protagonista en la edición impresa de El País de España. La tenista española Concepción Martínez Bernat seguramente ignoraba que su nombre formaría parte de la pesquisa que voluntarios y voluntarias de 71 países de todo el mundo encaraban en la radio, la televisión y los periódicos. Los más de 50 mil registros analizaron cómo era la presencia de las mujeres en relación con la de los hombres, los prejuicios de género y los estereotipos en el contenido de los medios de comunicación. La información relevada se sistematizó a toda velocidad para elaborar el primer informe “Global Media Monitoring: Women’s Participation in the News” (GMMP). Había que llegar a la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer con un insumo novedoso, concreto y contundente. Y así fue. Los datos se presentaron en el Foro de ONG de Mujeres, que tuvo lugar en paralelo a la Cumbre convocada por la Organización de las Naciones Unidas del 4 al 15 de septiembre de 1995 en Beijing.

La idea de “sacar una foto” de la representación de mujeres y de hombres en los medios de comunicación el mismo día y en todo el mundo, se concibió por primera vez en Bangkok en 1994 (Ver nota: El día que nos pusimos gafas violeta)

La Declaración de Bangkok fue el primer
antecedente de la incidencia de las mujeres en las políticas de comunicación
con perspectiva de género.

La WACC fue una de las organizaciones que promovieron aquel primer monitoreo, y la que ha sostenido durante 25 años el registro periódico, para analizar el avance de la igualdad de género en la representación mediática.

Un mundo, ¿muchas voces?

La creación de la WACC en 1968 fue fruto de un proceso de deliberaciones sobre el impacto de la comunicación en las sociedades del siglo XX. Los efectos de la propaganda en sus diferentes formatos y con sus distintas estrategias -ya sea en los sistemas capitalistas como en los socialistas- movilizó a múltiples organizaciones (muchas de ellas identificadas con diferentes credos religiosos) a reclamar para que la comunicación sirviera al bien público. Por eso, cada una de sus iniciativas se fundó en la convicción de que los medios debían ser una herramienta para fortalecer las democracias y el paradigma de los derechos humanos, velando por el respeto a la igualdad y el pluralismo.

A lo largo de toda su historia, la WACC ha tenido una fuerte presencia en Latinoamérica, apoyando varios proyectos: radios comunitarias, visibilización de las poblaciones indígenas y acceso a las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) para poblaciones en situación de vulnerabilidad.

La Asociación sumó su adhesión al Informe MacBride (1980) “Many Voices, One World“, que analizaba el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC). Cuatro años después, creó el Programa «Mujeres en la comunicación» para «promover la justicia y la igualdad para las mujeres a través de proyectos de comunicación», que será la antesala de las diferentes acciones que culminarán en el Monitoreo Global de Medios.

Pasó el tiempo, la cuarta ola empezó a tomar forma, los feminismos del mundo alzaron su voz y cada cinco años se repite la misma pregunta: “¿Quién hace las noticias?” / “Who make the news”. La respuesta no suele ofrecer grandes sorpresas.

Mujeres invisibles

Argentina se incorporó al relevamiento en 2000, con Dafne Sabanes Plou (ver nota: El día que nos pusimos gafas violeta) y Claudia Florentín Mayer en la coordinación nacional. Actualmente, Claudia continúa coordinando el capítulo argentino junto a Marcela Gabioud (que se sumó en 2005) y María Soledad Ceballos (en 2020). Por estos días, el equipo se prepara para dar a conocer algunos detalles del último monitoreo.

Marcela Gabioud, Claudia Florentín Mayer y María Soledad Ceballos
conformaron el equipo coordinador 
GMMP2020 Argentina

Gabioud adelanta algunos datos generales: “El monitoreo está dividido en dos grandes partes. Una tiene que ver con el análisis de la noticia, de acuerdo al Capítulo J de la Plataforma de Beijing, que establece la observancia de la participación de las mujeres en los medios de comunicación; y -por otro lado- se identifica a las personas que reportan las noticias, que es la parte del artículo que habla del trabajo de las periodistas y de las comunicadoras dentro de la estructura de los medios (…) El número que más subió es el de periodistas y reporteras en la prensa: este año tenemos casi paridad 48/52. No sucede lo mismo cuando se trata de sujetas en la noticia; ese índice tarda mucho más en cambiar: en 1995 el porcentaje de las mujeres era de 17 por ciento, y actualmente es de 27. En 10 años avanzamos sólo 10 puntos”. La explicación no requiere de mucha traducción: “Eso tiene que ver netamente con el patriarcado (…). La validación de nuestra palabra como portadoras de conocimiento es algo que todavía tenemos que conquistar. Esto también se da en otros ámbitos: en la academia, en la investigación, en los congresos. Se trata de la propia voz de la mujer. Nosotras podemos decir cosas, tenemos un saber, pero nadie nos pregunta como fuentes de información; no nos transformamos en fuentes”.

Nuevos escenarios, nuevas preguntas

Si bien la observación tiene una metodología global que permite el cruzamiento de datos y la elaboración de diagnósticos generales, también se ha ido adaptando a las particularidades que exige cada escenario. Marcela Gabioud ha participado de los encuentros donde se discuten aspectos metodológicos y de contenido, previos a la implementación de los últimos relevamientos. “En los monitoreos actuales, cada región pudo incorporar preguntas específicas que tuvieran que ver con su realidad. Y esto es interesante porque da cuenta de las particularidades territoriales, y a su vez de la variedad de los escenarios. América Latina sumó la consulta sobre la presencia de identidades indígenas en los medios de comunicación, y Argentina propuso preguntar por las de diversidad sexo genéricas, si la persona que aparece en la noticia se identificaba como integrante de la comunidad LGBTIQ. Europa, por ejemplo, incorporó la consulta sobre personas mayores”.

La evolución del monitoreo también ha dado cuenta de la aparición e incidencia de las redes sociales. Por eso, desde 2010, los instrumentos para la observación incluyeron sitios informativos on line y la red del pajarito. A su vez, en el relevamiento 2020 la inédita situación sanitaria mundial obligó a que los instrumentos incluyeran un ítem sobre el lugar de las mujeres en la información referida al Coronavirus. Al respecto, el informe preliminar publicado en marzo confirma que “en Internet, las mujeres son menos visibles en las historias relacionadas con la pandemia que en las noticias que no pertenecen a ese grupo, especialmente en América Latina y Asia. En Argentina, los portales de noticias incluyen a las mujeres sólo en el 23 por ciento de las notas publicadas y el 18 por ciento son escritas por ellas. En Twitter aparecen como fuentes en un 25 por ciento, y lo hacen como redactoras en un 35. En televisión, el lugar de las mujeres como sujetas o fuentes aparece mejor rankeado en temas de Covid-19, con un 30 por ciento. El aumento que tuvieron en muchos países los índices de audiencia televisiva durante la pandemia podría haber conllevado un relativo incremento en el valor de la palabra de las mujeres en ese medio. También en la radio la brecha se redujo respecto de los registros del 2015.

Las mujeres y los hombres que más aparecen como personas expertas en Coronavirus en las noticias televisivas son especialistas en salud, pero solo 1 de cada 3 son mujeres. La composición del género de las personas expertas es parcialmente una deformación del mundo “real”, en el que las mujeres constituyen la mayoría de trabajadoras en el sector de la salud.

Una marea de gente

El estudio sobre género más extenso en el tiempo y en el espacio en los medios de comunicación del mundo se sostiene mayoritariamente con trabajo voluntario. Miles de personas alrededor del planeta ponen su tiempo personal al servicio de un proyecto colectivo tendiente a modificar la desigualdad en la comunicación. Cada una de las regiones tiene una coordinación general, que nuclea a las responsables nacionales. Y cada país, a su vez, cuenta con la adhesión de entre 20 y 30 personas para registrar los diferentes medios y completar las planillas de relevamiento. Actualmente, unos 120 países se suman a la experiencia, por lo que el número de personas voluntarias podría estimarse en unas 3 mil. “En los primeros años se trataba de personas pertenecientes a comunidades religiosas (sobre todo protestantes) comprometidas con las problemáticas de las mujeres, posteriormente se fueron sumando comunicadoras. En 2010 se incluyeron periodistas feministas interesadas en la temática (como la Red PAR), y últimamente hicimos convocatorias abiertas, y se incorporaron varones que trabajan en radios comunitarias, o comunicadores y comunicadoras del campo popular. También grupos de estudiantes de carreras de Comunicación. Es una buena experiencia: participar del monitoreo te cambia absolutamente la percepción sobre los medios de comunicación. No se vuelve a mirar de la misma forma”, aclara Gabioud.

Por otra parte, la masificación en el acceso a la conectividad ha permitido que el día en el que se realiza el monitoreo, las y los voluntarios se vinculen en una tarea común desde lugares muy distantes. “Compartimos fotos, y es muy impresionante ver a otras personas de múltiples colores e idiomas, haciendo lo mismo que vos, deseándote suerte, o avisando que ya terminaron o que tuvieron alguna catástrofe ambiental o un tema central que modificó la agenda. En los últimos 10 años esto nos permitió acercarnos, pese a estar a miles de kilómetros de distancia, y esa ‘cercanía’ hace que no te sientas aislada haciendo esto y que te percibas como parte de un movimiento enorme que pulsea para tratar de ver qué pasa en los medios y de hacer algo para cambiarlo”, finaliza afirmando la coordinadora del capítulo argentino de GMMP.