De vocaciones y estereotipos

De vocaciones y estereotipos

Las desigualdades de género en la ciencia comienzan en la base de la trayectoria académica, cuando llega el momento de elegir la carrera universitaria. En Argentina, sólo el 33 % de las mujeres estudia carreras STEM (la sigla, en inglés, refiere a “ciencias, tecnología, ingeniería y matemática”) y sólo hay un 28 % de científicas de estas áreas en el mundo. Los números surgen del informe “Descifrar el código”, publicado en 2019 por Unesco, y que inicia con el siguiente dato: sólo 17 mujeres han ganado el Premio Nobel de física, química o medicina desde que Marie Curie lo obtuvo en 1903, en comparación con 572 hombres.


Nacida en Varsovia, Marie Curie fue la primera mujer científica en recibir el Premio Nobel y la primera catedrática de la Universidad de la Sorbona de París

El bajo porcentaje de mujeres en las carreras STEM se corresponde con la menor cantidad de estudiantes de esas áreas en general. En 2016, del total de opciones universitarias, el 12 % de las mujeres y el 31 % de los varones habían elegido ese tipo de carreras.

“En una clase de Análisis I de la licenciatura en Ciencias de la Computación es normal que haya una sola mujer entre 130 estudiantes”, comenta la astrónoma Carolina Scharalambous, docente en Famaf. El foco, otra vez, son los prejuicios y  estereotipos de género que desalientan a niñas y mujeres a estudiar “ciencias duras”.

En las universidades es evidente la feminización de ciertas carreras, las del ámbito de las humanidades y las ciencias sociales, sobre todo, y la presencia prácticamente nula de las mujeres en las ingenierías. Por ello no sorprenden los datos en cuanto a investigación, donde las científicas están subrepresentadas: sólo el 2% en ingeniería mecánica y en las ingenierías eléctrica/electrónica/de la Información apenas llegan al 17%. En cambio, el porcentaje de mujeres investigadoras crece notablemente en salud y ciencias sociales, entre el 60 y el 70%.

Córdoba: participación de las mujeres, según área de conocimiento

Fuente: D’Onofrio, M. G. y M. V. Tignino (2019); Jornadas “Desigualdades de Género en el Sistema Científico-tecnológico”.
Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología (MECCYT); Córdoba.

“No creo que existan temas o áreas de investigación de mujeres y de varones. Lo que sí creo es que las jerarquizaciones de género en algunos sectores están más marcadas que en otros, porque hay espacios donde las estructuras patriarcales operan de manera muy intensa. Esto ha provocado la configuración de territorios masculinizados y territorios feminizados también dentro de la ciencia, como decimos quienes investigamos el tema del trabajo”, explica la investigadora del CIECS (Conicet – UNC), Lorena Capogrossi.

Para traducir el concepto de “territorio masculinizado”, la investigadora cuenta una anécdota: “Una compañera me comentaba espantada las expresiones machistas que tuvo que soportar en una formación en género dictada en un cursillo de nivelación en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Estudiantes de 18 o 19 años naturalizan la idea de que los varones son mejores para ciertas ciencias y las mujeres para otras. Y esa división es cultural y no exclusiva del ámbito científico”.

Como ejemplo de la vigencia de los estereotipos, Capogrossi señala que “si hacemos una revisión de las fotos de la prensa cuando se habla de cualquier temática vinculada a la ciencia, veremos que los protagonistas son varones”. Y añade: “Eso nos muestra que estas diferenciaciones son tanto simbólicas como materiales. Porque no sólo es quiénes se ven o a quiénes se representa sino también quiénes acceden a los recursos”.

En la UNC ya existe la inquietud de pensar la política científica en clave de género. La titular de la Secyt, Carla Giacomelli, advierte que el problema de las desigualdades comienza antes de iniciar la carrera científica, y considera que el desafío es promover las vocaciones tempranas en relación a las llamadas ciencias duras. “El año pasado realizamos una actividad para analizar esta situación en la universidad pública, y actualmente estamos en contacto con la Unidad Central de Políticas de Género de la UNC para ver qué y cómo podemos articular iniciativas que reduzcan las asimetrías”, explicó la funcionaria.

En el ámbito del ministerio de Educación de la Nación existe un Banco de acciones en género y ciencia, donde se almacenan iniciativas de distintas universidades y organismos científicos destinadas a reducir las desigualdades de género. Por la UNC figuran el Plan de Acciones contra las violencias de la Unidad Central de Políticas de Género, que existe desde 2015, y el reglamento de becas de Secyt que se implementó en 2017. Este último contempla licencias por maternidad, paternidad, guarda o tenencia provisoria con fines de adopción  con el objetivo de fortalecer la equidad de género en las carreras científicas.