¿De qué proyecto de vida me hablás?

¿De qué proyecto de vida me hablás?

El entorno brinda pocas posibilidades para desarrollar un proyecto de vida para las jóvenes humildes de Traslasierras. Nosotras les insistimos mucho con la terminalidad de la escuela, pero sabemos que muchas de ellas, una vez que tienen el título vuelven al horno de ladrillo, al trabajo doméstico en sus casas o en casas ajenas.

Ojo, hay pibas que despegan de ese destino atávico: estudian enfermería, computación, algún terciario, y eso sin la escuela sería imposible. Pero las oportunidades de formación y trabajo siguen siendo muy pocas.

También hicimos una experiencia con una fundación que nos ofreció becas para solventar carreras universitarias para chicas de la zona. Propusimos a dos, que eran muy buenas estudiantes. No eran mamás, pero las conocíamos porque eran hermanas de chicas que sí venían a Jakairá. Ellas postularon y accedieron. Pero no pudieron sostenerlo, y no por el rendimiento académico. No soportaron la ciudad, la distancia con su familia, la soledad, el sentirse diferentes…

A veces pensamos que el obstáculo es meramente económico, pero una vez más tenemos que hablar de las barreras simbólicas: la construcción de autonomía, de autoconfianza, la inclusión efectiva…

Las personas no nacen con un “chip” de múltiples opciones. La capacidad de elegir se entrena en la familia, en la escuela, en el entorno… Si nacés en un contexto de pocas opciones, tus “elecciones” estarán más restringidas.

¿Cómo se salda eso? ¿Cómo se sortean todas esas desigualdades que dejan a nuestras chicas en semejante desamparo?