“Contarnos, sin patrón ni rotativas”

“Contarnos, sin patrón ni rotativas”

El blog Las Chicas de Puntal es una historia de mujeres periodistas, pioneras de la profesión que escriben en primera persona sus recuerdos de hace 40 años. Un proyecto impulsado por Mónica Ambort, sobre lo que define como «una época dorada».

Por Gabriela Weller

Mujeres periodistas que participaron de los comienzos de Puntal se unieron para contar sus historias con la excusa del aniversario 40 de este diario de Río Cuarto. No es que la fecha no sea importante, pero con la lectura del blog Las chicas de Puntal se intuye la necesidad de sentarse y escribirse, más allá de la efeméride.

Que un diario en papel cumpla 40 años no es un dato menor. Sin embargo, han sido las trabajadoras y no los propietarios quienes le han hecho el mejor homenaje con estas historias diversas, de periodistas retiradas o que cambiaron de profesión, de colegas que siguen empeñadas en el oficio o vinculadas a la comunicación de una u otra forma, que se encontraron todas en los inicios de Puntal.

Un 9 de agosto de 1980

Aunque Las Chicas de Puntal es un trabajo colaborativo, el alma mater fue Mónica Ambort, la reconocida periodista cordobesa que nació un 9 de agosto. En ese ejercicio de memoria y balance tan comunes al cumplir un año más, Mónica volvió su mirada cuarenta años atrás, cuando inició su carrera profesional en ese periódico. Coincidencias de la vida, el diario de Río Cuarto nació precisamente un 9 de agosto, de 1980.

La ocasión despertó en Mónica el deseo de bucear en sus recuerdos, releer sus notas, recuperar fotos de esa época. Y en eso estaba cuando recibió la durísima noticia de la muerte de Alejandra Elstein, una compañera de aquella redacción. 

Pandemia mediante, gran parte de la plantilla del diario se reencontró en las redes para compartir la noticia y el dolor por la pérdida de una periodista emblemática de Río Cuarto. Compartiendo recuerdos y anécdotas, en un posteo en el muro de Facebook del humorista Jericles, Titi Isoardi recordó que junto a Alejandra hicieron una prueba de selección en el diario y que un jefe les dijo que sólo se quedaría la mejor. Lejos de competir –según el mandato del estereotipo del género y las reglas del mercado– se abroquelaron y trabajaron como una sola. Ambas quedaron en la plantilla. “Soy íntima amiga de Titi, recuerda Mónica, y sin embargo no conocía la anécdota. ¡Cuántas cosas desconocemos de gente que tenemos cerca! Y entonces pensé: tenemos que contar la historia de las chicas de Puntal. Le escribí a Titi en el mismo muro de Jericles, y así nació la idea del blog Las Chicas de Puntal.”

Hacer memoria y escribirla

Pero una cosa es la idea, el deseo, y otra muy diferente es convertirlos en realidad. Consultada acerca de la materialización del proyecto, Mónica sonríe y recuerda el denominador común de la práctica periodística: sobre el cierre, un clásico. Reconoce que temía las respuestas al solicitar que se pusieran a escribir con la presión de salir antes de la fecha del aniversario del diario. Pero evidentemente, lo que para algunas era una necesidad o un desafío, para todas fue una gran ilusión. “Lejos de sacarme corriendo, todas las chicas estuvieron encantadas y se pusieron a escribir contra reloj. Incluidas las hijas y la sobrina de las que ya no están. Fueron muy conmovedores esos largos reencuentros al teléfono −un oasis en medio de la pandemia− y la actualización del cariño que nos unía”, recuerda la principal impulsora del proyecto.

Los relatos que integran Las Chicas de Puntal son variopintos. Con mayor o menor énfasis en el contexto sociopolítico; con humor; mas o menos nostálgicos y con estilos muy diferentes, todas las autoras consiguen reconstruir el ambiente único de la redacción de un periódico de los 80, para recordar o para imaginar, según la edad de quien esté leyendo.

Dice Mónica que “leer esos relatos es como volver a estar en la redacción y en nuestras vidas de esa década, bisagra a la democracia del 83. No conozco una producción semejante de compañeras de otros medios. Es una historia vívida de periodismo y difícilmente alguien nos la contaría; está bueno que nos la hayamos contado nosotras”. Será por eso que algunas compañeras docentes prometieron incorporarlo como material bibliográfico de sus cátedras.

Puntal, Mónica Ambort entrevista a fiscal Strassera.
Foto Estela Zogbe. Archivo Mónica Ambort

Años de plomo y composición en frío

Puntal nació con la marca en el orillo de Carlos Hugo Biset, un audaz y poderoso empresario de Río Cuarto, cabeza de un holding que incluía varias empresas agroindustriales y la radio LV16. Periodísticamente, el proyecto surgió de Enrique Nores Bodereau, director de prensa de la dictadura de Juan Carlos Onganía e integrante de la familia propietaria de Los Principios, el diario de la derecha eclesial cordobesa. Con una línea editorial claramente conservadora, Puntal se erige como una apuesta empresarial audaz: incorporó una gran cantidad de personas jóvenes, algunas recién egresadas de la carrera de Comunicación de la Universidad Nacional de Río Cuarto y en particular muchas mujeres. Además, introdujo nuevas tecnologías que revolucionaron los medios y el oficio periodístico. Un gran acontecimiento para esa ciudad y para esos tiempos.

Mónica Ambort recuerda aquellos días con sentimientos encontrados. “Era 1980… faltaba para Malvinas, pero la dictadura había perdido cohesión. Sin embargo, antes que un proyecto político –avizorando una eventual apertura democrática– me parece que Puntal fue un plan netamente empresarial. Era la época de la reconversión tecnológica, del offset, de la composición en frío, del fin del plomo. Un bum en el periodismo gráfico. ”Quizás existió una relación entre el nacimiento de un diario moderno con un plantel de gente tan joven”. Pero también, afirma Mónica, “la idea de que la gente joven es más maleable y puede pagársele menos, además de que la juventud es un buen atributo para una empresa con tecnología innovadora”.

Error de cálculo, nada de sumisión

Hubo una incorporación importante de gente que venía de la universidad y, como hasta hoy, la mayoría eran mujeres. Sin embargo, igual que sigue ocurriendo ahora a pesar de los 40 años transcurridos, para los cargos de conducción fueron elegidos todos varones.

“Estaban los hombres piolas, cuenta Mónica, muchos compañeros y varios jefes; y otros hombres jefes (y soldados rasos) que no eran tan agradables. Algunos atrasaban bastante, dicho hoy cariñosamente. Les jóvenes éramos muy irreverentes y toda autoridad generaba rebeldía.” Pero, según sus recuerdos, la tónica general era la alegría y el entusiasmo. “En el diario nos divertíamos mucho. Había varones que eran jefes de secciones íntegramente constituidas por mujeres, muy queridos por todas”.

También existían los de siempre, convencidos que naturalmente las mujeres hacen cosas de mujeres, modas o cultura y espectáculos. “Calcularon mal”, dice Mónica. “Nosotras hicimos de todo. Y mucho más de lo permitido. Aunque jefa mujer había solo en el suplemento femenino primero, y en el de fin de semana recién muchos años después”. 

Mónica Ambort relata que “en la selección del personal no se privaron de algunos comentarios inapropiados, como dudar de las habilidades de Titi Isoardi para conducir un auto o, como si fuera gracioso, decirle a Bibiana Fulchieri que debía hacer de todo, incluso barrer”. Pero lo cierto es que en la plantilla había muchas mujeres, salvo en armado y rotativa, áreas siempre muy masculinas. Recuerda Ambort que en Córdoba La Voz del Interior era todavía un coto cerrado de varones, pero ya había existido el Tiempo de Córdoba, en cuya redacción hubo varias periodistas geniales. Y afirma: “No fuimos la primera camada de mujeres periodistas, pero sí la generación de mujeres que se incorporó masivamente a las redacciones”.

Para Mónica “Puntal es un recuerdo amoroso, una época dorada”. La mayoría veinteañeras, haciendo realidad el sueño de trabajar en un medio y, para muchas, el de abrazar una profesión ingrata o dura, pero siempre apasionante.

La tranquera abierta del machismo

Llegadas a este punto es imposible no preguntar por el feminismo, o por esa otra palabra que últimamente se escucha mucho, el empoderamiento. Mónica responde sin dudar: “La desigualdad de género no era un tema del que habláramos; no aparecía explícitamente en nuestra agenda de cotilleo cotidiano. La desigualdad estaba naturalizada, pero sí señalábamos algunas cosas, como que una sección cien por ciento femenina, como fotocomposición, fuera comandada por un varón”. Y recuerda que, aunque en el ambiente de trabajo primaba el compañerismo, no faltaban los chistes machistas y los comentarios sobre los cuerpos femeninos. Todo muy naturalizado, dice Mónica: “A mí me irritaban los chistes y los micromacartismos sobre las mujeres, pero los sobrellevaba en silencio, y probablemente a varias nos pasaba lo mismo. Pero yo prefería callar, para no ser más rara de lo que ya era”. 

Puntal, Mónica Ambort entrevista a Alicia Moreau de Justo. Archivo Mónica Ambort

Años después, durante una estancia de trabajo en Buenos Aires, la periodista pudo constatar las diferencias. “La redacción de Clarín sí que era un horror. Los hombres estaban siempre de cacería, sobre todo con las becarias jóvenes. En Puntal, a pesar de algún cavernícola, machista y discriminador, éramos todes bastante amigues”.

En cuanto a los contenidos, la política ocupaba un rol central. “Eran los 80 y a mí me preocupaban especialmente los crímenes del terrorismo de Estado”, recuerda Mónica. “Pero mucho antes del debate sobre el divorcio, y de que otros medios tomaran el tema, nosotras escribimos notas sobre la necesidad del divorcio vincular y los riesgos del aborto clandestino. Y cuando Claudia Deserafino asumió la jefatura de un suplemento, crecieron los temas feministas.

Memoria y balance positivos

“¡Somos 40 años más viejas, eso es lo que empeoró!”, contesta entre risas la periodista. “Es una broma, yo estoy contenta de ser vieja”. Y afirma que ella y sus compañeras “están regias”. Se define a sí misma y a sus colegas como mujeres vitales, hacedoras, andariegas y afirma que “es una alegría encontrarnos tan bien (…) Y reencontrar a las que murieron, en sus hermosas hijas y en una sobrina. Para mí, y creo que para casi todes los de la generación fundadora, Puntal es como la infancia. Un tiempo feliz, aun cuando haya habido sufrimiento”. 

En algo que ya ha sido descripto como la subjetividad de la mujer en permanente construcción, Mónica Ambort rememora: “Debí trabajar adentro mío para sobreponerme a los micromacartismos (por analogía a micromachismos) que sufrí por mis posiciones políticas, por las notas que hacía, por mi modo de ser. Feminista, de izquierda, sufriente de la dictadura militar, estudianta de la Escuela de Ciencias de la Información de Córdoba, irreverente, sin familia… Un combo, en una sociedad muy conservadora. Sin embargo, siento amor por ese tiempo. Sobreviví gracias a enormes compañerismos. Invalorables solidaridades, dentro y fuera del diario”. 

Para bien y para mal

Acerca de qué mejoró en relación a aquellos años, la impulsora del blog no duda en afirmar que “se terminó la dictadura cívico militar, hubo Justicia y hay memoria, eso es lo principal”. Y en cuanto al trabajo, la facilidad del acceso al archivo. “En Puntal no teníamos archivo de contenidos. Un padecimiento para mí. Sólo fotos. Entonces, a favor, lo bueno de Internet, de Google y de las redes sociales: pudimos hacer el blog Las Chicas de Puntal porque ya no necesitamos exclusivamente de una empresa para publicar… Y por supuesto, el feminismo en primera plana de la agenda social”. Confía en que ya no se tome como algo “natural” que todos los jefes sean varones. “Y si en las redacciones hay comentarios machistas, dice, hay escrache. El crimen pasional desapareció del discurso periodístico, y hasta los medios más conservadores debieron hacerse eco de la avanzada de las mujeres. Ya no hay miedo de decirse feminista públicamente”.

Qué cosas fueron a peor, según la mirada de Mónica, y a esta altura insoslayables: la hiperconcentración de los medios, la precarización del trabajo periodístico, la deshumanización, la banalización, la falta de rigor periodístico. Y casi como una advertencia, afirma que también en las redacciones hay “peligrosos machistas camuflados, como si fueran feministas de la primera ola. Pero ya lo sabemos, ocurre en todos los grandes movimientos transformadores de la historia”.

Liliana Lamberghini, Bibiana Fulchieri, Alicia Vagnola, Miriam Magnoli, Graciela Esnaola, Raquel Boito, Estela Zogbe, Marta Maezo, Titi Isoardi, Claudia Deserafino y Patricia Rossia, además de Mónica Ambort, quien aclara que de alguna manera también participaron Zulema Marques, Mercedes Dama, Alejandra Elstein y Ana Solá, “vivas en nuestra memoria.” Son las narradoras de sí mismas y de una época del periodismo cordobés que conviene no olvidar. Una especie de Recuérdalo tú y recuérdalo a otras.