Con p de papers y pañales

Con p de papers y pañales

Por Jimena Massa y Gabriela Weller

La cantidad e importancia de los papers  -las publicaciones científicas, en la jerga académica- es tal vez el indicador más valorado en relación a la “productividad” de lxs investigadorxs. “Nosotrxs no podemos avanzar en la carrera sin publicar, explica la doctora en Astronomía Carolina Scharalambous. “Para acceder a una beca de pos doctorado, por ejemplo, te exigen dos papers en revistas internacionales con referato. Y a las dificultades para producir se le suman las propias del sistema de publicaciones científicas” que, en determinadas áreas del conocimiento, funciona con grandes editoriales oligopólicas que cobran entre 15 y 30 dólares para acceder a un artículo. En ocasiones, además, es necesario pagar por publicar.

En Argentina, en términos generales, las investigadoras publican menos artículos en revistas de calidad y visibilidad nacional e internacional que sus colegas hombres (excepto en ingenierías y tecnologías), según datos publicados por el ministerio de Educación en 2018.

El de las publicaciones científicas es un ámbito ilustrativo de las asimetrías de género. Y una de las causas que podrían explicar la desigualdad en la cantidad de papers es el tiempo que las mujeres dedican al maternaje. A eso se le suman otras tareas de cuidado y el trabajo doméstico que, según la Encuesta sobre Trabajo no Remunerado y Uso del Tiempo (Indec 2013), implica para las mujeres casi el doble de tiempo (6.4 horas diarias) que para los varones (3.4 horas diarias). La cantidad de horas diarias que las mujeres dedican al trabajo no remunerado en Córdoba es similar entre quienes tienen estudios universitarios y quienes nivel primario (5.3 y 5.6 horas diarias, respectivamente).

“Los índices de producción difieren porque somos las mujeres quienes estamos sujetas a una doble jornada de trabajo: la producción científica y los trabajos de cuidado y domésticos. Esta situación emerge con claridad en las parejas de investigadorxs. En general, son los varones quienes pueden escribir, asistir a congresos, hacer estancias en el exterior e investigar a tiempo completo. Incluso, entre las parejas más deconstruidas”, explica Lorena Capogrossi, que investiga, precisamente, desigualdades de género en las relaciones de trabajo.

La doctora en Ciencias Químicas Maria Angélica Perillo dirige desde 2019 el Conicet Córdoba. Es decir, el centro científico tecnológico que congrega a todas las unidades ejecutoras radicadas en la provincia. Cuenta que en las llamadas “ciencias duras”, es frecuente la existencia de parejas de investigadorxs de la misma área. “Veo que hay mucha endogamia. Y en relación a las desigualdades, en mi área veo que depende mucho de los caracteres; existen parejas que se acompañan mucho y van progresando paralelamente. También conozco el caso de una pareja en la que ambos son investigadores superiores y sé que uno de sus hijos les reprocha haberse sentido ‘abandonado’ por la dedicación de sus padres a la carrera académica”.

Más allá de las diferencias individuales, Perillo cree que “es más fácil cuando ambos se dedican a la misma actividad”. Y en cuanto a las desigualdades, admite que “no es lo mismo ser becaria que directora de tesis, ya que eso cambia mucho la posibilidad de enfrentar obstáculos”.
Ya el informe Desigualdades en las trayectorias científicas, elaborado para el directorio de Conicet, señaló con claridad las dificultades que la falta de políticas de cuidado (licencias por maternidad, servicios de guardería, etc) implica para la carrera académica de las mujeres. “Es posible que algunas opten por la postergación de la maternidad en función de promocionar en la carrera científica”, dice el informe.

Considerando esta situación, el organismo adoptó medidas que tienden a la equidad de género, como prorrogar hasta un año después del parto el plazo para la entrega de los informes que deben presentar las investigadoras, prolongar las becas por el tiempo de la licencia por maternidad y la extensión de la edad para el ingreso a la carrera de investigadora según el número de hijxs.

La productividad en la pandemia

Durante el aislamiento social preventivo y obligatorio que impuso la pandemia de coronavirus, la sobrecarga de trabajo de las mujeres se hizo más intensa, obligándolas a hacer malabares para asumir en forma simultánea el cuidado de lxs hijxs, el apoyo escolar, las tareas domésticas y el propio trabajo remunerado, todo dentro de la misma casa.
“Las trabajadoras de la ciencia nos vimos sobrepasadas por el trabajo de cuidado y doméstico y, en muchos casos, tuvimos que suspender las investigaciones. Pero las evaluaciones y los criterios productivistas no se han adaptado a estas realidades que nos atraviesan”, agrega Capogrossi.

La realidad que describe la investigadora de Conicet – UNC parece formar parte del universo que se describe en notas periodísticas publicadas en Estados Unidos – en The Lily y en Inside Higher Ed – acerca de cómo el aislamiento está afectando la productividad de las académicas. Quienes editan revistas científicas comenzaron a notar que, semanas después del inicio de la cuarentena generalizada, estaban recibiendo menos papers de mujeres. Al mismo tiempo, algunas editoriales observaron que los varones estarían publicando hasta un 50 % más que antes del coronavirus.

Una encuesta reciente realizada por investigadoras de Conicet y UNC abordó el tema de los cuidados, el uso del tiempo y la realización de los trabajos desde que se inició la cuarentena. A través de un cuestionario que respondieron 550 personas, la gran mayoría mujeres, el relevamiento mostró que la situación de aislamiento social obligatorio no sólo pone al descubierto y visibiliza la desigual carga de cuidados, sino que la acentúa aún más.

“Las mujeres siguen asumiendo las viejas tareas del hogar y los cuidados, y ahora también las nuevas que aparecen con la pandemia, como la enseñanza en el hogar y seguimiento escolar diario de sus hijas e hijos, el cuidado de un familiar mayor que lo necesita, o el teletrabajo, que en la práctica habilita a la demanda permanente y sin horarios fijos”, apunta Paola Bonavitta, investigadora del Conicet y una de las realizadoras de la encuesta, quien además integra un equipo de investigación en el Área de Feminismos, Género y Sexualidades (Femges), del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC.

La mayoría de las mujeres consultadas en la encuesta sienten que son cuidadoras de tiempo completo, trabajan más y están más cansadas durante la cuarentena que antes de que se dispusiera esta medida sanitaria. Además, la mitad duerme entre una y tres horas menos de las ocho necesarias para descansar adecuadamente, y se percibe mentalmente agotada. La situación de las investigadoras no es diferente.
“El sistema científico tiene un modo muy neoliberal de evaluar porque mide en términos de productividad la actividad de les investigadores y becaries. Y en esa lógica de papers en serie, las mujeres quedamos rezagadas si maternamos o estamos a cargo del trabajo doméstico -continúa Capogrossi- No tenemos posibilidad, una vez que llegamos a nuestros hogares, de sentarnos a terminar un artículo o un libro que nos quedó pendiente porque se nos requiere para esa doble jornada que mencionaba antes. Imaginemos lo que ocurre en la actualidad cuando debemos pasar 24 horas en el hogar. La producción, en algunos casos, baja a cero”.

Licencias y estrategias gremiales

El gremio de los docentes e investigadores universitarios de Córdoba (Adiuc) elaboró un informe en marzo de este año, a partir de la nueva realidad impuesta por la pandemia. En él se afirma que lxs docentes universitarixs fueron convocadxs a desarrollar su trabajo “en un nuevo escenario, ajeno al marco de regulaciones vigentes: el de la educación en entornos virtuales, en condiciones de aislamiento en los hogares, junto a las familias, también afectadas por esta situación”. Y agrega que existe “una disposición mayoritaria favorable a dar continuidad a los procesos educativos en las actuales condiciones”.

Sin embargo, esta buena disposición a la que hace referencia Adiuc no implica igualdad de posibilidades. El propio texto lo dice, solicitando a cada unidad académica que informe “sobre la posibilidad de licencias especiales por tareas de cuidado y, sobre todo, garantizar los mecanismos para agilizar este tipo de tramitación de derechos”. Es decir, una solicitud extra, con el objetivo de reforzar lo aprobado por el Ejecutivo nacional en cuanto a licencias con goce de sueldo para el cuidado de hijxs y/o adultxs mayores.

Desde los primeros días, la secretaria gremial de Adiuc, Leticia Medina, advirtió la complejidad de la situación, agravada en el caso de las mujeres. “Se percibe un malestar generalizado y hemos tenido reclamos en el cuerpo de delegados, sobre todo de las facultades y áreas más feminizadas. Es que para las mujeres docentes se ha vuelto virtual su trabajo y virtual la educación de sus hijos. La carga es abrumadora”.

Sin embargo, al cierre de esta edición, Medina señaló que no se recibió ninguna tramitación particular de licencias por cuidados. “Esto dice mucho sobre el modo en que nos tomamos las tareas que tenemos. Hay muchísima sobrecarga de trabajo, distribuida de manera muy desigual; siempre lo fue, pero ahora más”. Y agregó: “Las docentes nos hemos arremangado, en una lógica laboral muy propia de la docencia, y en particular de la docencia universitaria, en la que no hay límites al trabajo, ocupa todo el día, toda la semana, toda la vida”.

De lxs 8230 docentes que trabajan en la UNC, 2300 están afiliadxs a Adiuc. Y si bien el gremio no tiene datos acerca del número de docentes con hijxs a cargo, a principios del año entregó 1362 bolsones escolares. Es decir, la cantidad de niñxs en edad escolar que requieren de cuidados es significativa.

Con un alto costo personal, en solitario o apoyándose exclusivamente en los equipos de cátedra, con un nivel de agotamiento que pone en riesgo la salud mental, la docencia universitaria ha sostenido la enseñanza y la contención de lxs estudiantes. Las consecuencias en la calidad de la educación, en los criterios de evaluación y en los derechos laborales, serán materia de estudios posteriores. Lo que es innegable hoy, tanto para el gremio como para las investigaciones que se están llevando a cabo -quizás por primera vez con sujetos reales en situación de laboratorio- es el agotamiento general y, particularmente, el de las mujeres.

“Ya tenemos evidencia de los efectos que está produciendo esta situación en el ánimo, en la capacidad de resolver las situaciones que van apareciendo, en la posibilidad de un abordaje colectivo de estos problemas”, describe la dirigente gremial. Lamentablemente, continúa, “estamos tan atareadas en resolver cada una de las dificultades y de los desafíos que impone esta situación que casi no queda tiempo para la reflexión colectiva y para la planificación del próximo paso”.

Según la representante de Adiuc, “esto viene para largo, y hay ciertas cosas que se están instalando que van a ser duraderas y en particular la educación virtual. Entonces eso requiere que empecemos a pensar más allá de la excepcionalidad, pensar nuevas formas de organización y regulación del trabajo, de evaluación, distintos desafíos que tenemos por delante, para poder afrontar con más herramientas estas situaciones que hoy estamos resolviendo a fuerza de voluntad, con mucho costo físico y psíquico, y de manera demasiado individual”.

Ilustración de Eunice Foote, la mujer que descubrió el efecto invernadero y cayó en el olvido.