Cerca del cielo: mujeres lideran la misión aeroespacial Saocom 1B

Cerca del cielo: mujeres lideran la misión aeroespacial Saocom 1B

El satélite Saocom 1B, cuyo lanzamiento está previsto para el 28 de agosto y que llevará al espacio una compleja tecnología de observación de la Tierra que no existía en el país, se caracteriza por la presencia de mujeres en lugares estratégicos. Para empezar, el proyecto es liderado por una ingeniera electrónica de 39 años que coordina un equipo de altísimo nivel.

Por Josefina Edelstein* 

Las mujeres abocadas al trabajo en la industria aeroespacial y con puestos técnicos y jerárquicos eran tan escasas que, pocos años atrás, se contaban con los dedos de la mano. Pero desde la creación del satélite Saocom 1A, lanzado en 2018, la ciencia y tecnología argentinas llevan el sello de muchas mujeres con roles decisivos en el desarrollo de este tipo de misiones. El Saocom 1B, cuyo lanzamiento está previsto para el 28 de agosto y que llevará al espacio una compleja tecnología de observación de la Tierra con importantes mejoras respecto de los sensores ópticos usuales, también se caracteriza por la presencia de mujeres en lugares estratégicos.

En vísperas del lanzamiento del nuevo satélite, que está a punto de despegar de Cabo Cañaveral (Estados Unidos), El Tajo conversó con varias de las mujeres que participan en áreas claves de esta misión. En plena adrenalina, mientras aguardan que el satélite se lance al espacio, cuentan qué significa su inserción en esta industria y describen sus trayectorias en una carrera donde “lavar los platos” sigue siendo un destino recomendado a las jóvenes estudiantes.

Para algunas, el trayecto no tuvo barreras de género, pero admiten que continúa existiendo una visión machista en las aulas de las carreras de Ingeniería y, más aún, en las ingenierías “pesadas” como mecánica, electrónica o aeronáutica, donde hay sesgos en la formación que condicionan el desarrollo profesional. Todavía el acceso a esas disciplinas implica más dificultades para las mujeres que buscan integrar un universo dominado por varones.

En cambio, otras profesionales asumen que, efectivamente, tuvieron que esforzarse mucho más que sus compañeros varones en el desempeño de los puestos de trabajo, pese a que enfrentaron exactamente los mismos desafíos y contaban con las mismas capacidades que ellos.

La experiencia de la ingeniera aeronáutica Sabrina Tántera, responsable de integración y ensayos mecánicos del proyecto Saocom, muestra esa inequidad: “En los siete u ocho años que llevo en la empresa aeroespacial Veng [perteneciente a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae)], he intentado con mucho, pero mucho esfuerzo y trabajo de excelencia posicionarme en un lugar donde creo que los varones no necesitan hacer tanto para llegar”. Y agrega: “Tengo la impresión de que eso sucede, sobre todo, en las áreas de gestión, donde te dicen ‘vos, hasta ahí’, y en general estas áreas quedan en manos masculinas”.

Tántera ingresó a Conae en 2013 y junto a sus compañerxs armó el Laboratorio de Integración y Ensayos (LIE), ubicado en el Centro Espacial Teófilo Tabanera, en Falda de Cañete (a 30 kilómetros de Córdoba capital). Allí se construyó la antena radar que le permitirá al satélite tomar las imágenes con un objetivo primordial: contar con un mapa de humedad del suelo de la Pampa húmeda, pero que también se piensa aplicar en zonas áridas y semiáridas.

Disponer de ese mapa brindará información precisa para conocer la humedad de los suelos, el riesgo de inundaciones y estimar rendimientos, entre otros aspectos. Eso será posible gracias al Radar de Apertura Sintética (SAR, por sus siglas en inglés), capaz de atravesar las nubes, la vegetación y parcialmente el suelo, y obtener datos con grandes beneficios para la producción agropecuaria. Los datos se miden pixel a pixel, de un modo preciso, y ayudan a mejorar las decisiones de los productores para sembrar, fertilizar, cuidar la sanidad de los cultivos y gestionar el agua.

“En mi caso, gestioné la parte mecánica de los ensayos y de la integración de la antena SAR”, explica Tántera. Cuando la terminaron, distintos equipos del LIE trasladaron la antena a Invap (en Bariloche), donde la integraron a la estructura mecánica que la soporta y así quedó conformado el satélite Saocom.

Micromachismos que persisten

Tras quince años de recorrido con el Saocom, Josefina Peres es hoy la jefa del proyecto y atribuye su posición a la experiencia que adquirió en este tiempo. “Tuve la suerte de atravesar todas y cada una de las etapas de un proyecto como este, que es muy largo y grande. Fui adquiriendo conocimientos profundos de la tecnología radar, y la práctica me dio el plus de encontrarme con problemas, lo que me proporcionó experiencia. Todo eso fue mi puerta de entrada a la ingeniería en sistemas del radar de Saocom”, describe la ingeniera electrónica.

“Además -continúa- siempre me gustó la parte de los fierros, así que cuando terminamos el diseño me dieron la responsabilidad de los ensayos y de la puesta a punto del radar, y así empecé a viajar muchísimo a Córdoba y Bariloche. A la vez, tuve frecuente contacto con proveedores, lo que me permitió crecer hasta que me dieron la jefatura del proyecto”.

Florencia Bene coordina la operación del Saocom. Trabaja desde el centro de control de emisión, donde un equipo de personas comanda las actividades del satélite y su conexión con las estaciones terrenas alrededor del mundo para descargar los datos que se irán recogiendo y, que de hecho, ya lo hacen con el Saocom 1A.

Bene indica que su género no fue un impedimento para desarrollarse en la Conae y que siempre tuvo las mismas oportunidades que sus compañeros. No obstante, aclara que sabe que las barreras existen y señala que “es notable que en las carreras de Ingeniería haya muchos más varones que mujeres”. Lo dice por experiencia, ya que cursó Ingeniería en Sistemas de Información y es jefa de trabajos prácticos en una materia en la UTN – Regional Córdoba.

Se ríe cuando reflexiona sobre su entorno laboral: “Por suerte, en la misión Saocom hay presencia de mujeres y considero que los equipos mixtos trabajan mejor y son más eficientes que si sólo estuvieran integrados por varones”.

Consultada sobre el aporte femenino, dice: “Creo que tenemos una característica, no innata, pero sí aprendida socialmente, de una mejor capacidad para la comunicación. También un sentido de la responsabilidad muchas veces diferente. No quiero generalizar, pero es lo que noto y quizá sea por eso que somos tres las mujeres que estamos en puestos de coordinación”.

Las otras dos son Laura Moreschi y Yanina Iberra. La primera está a cargo de las actividades de ingeniería de vuelo, cuya responsabilidad es dirigir las maniobras para que el satélite evite una colisión con chatarra espacial, entre otras cuestiones. En tanto, Iberra es la responsable del procesamiento de las imágenes que se descargan del satélite.

Romina Solorza es geógrafa, está haciendo el doctorado en Geología y su puesto es de técnica en la sub gerencia de Aplicaciones y Productos para la misión Saocom. A partir de los datos que arroja el satélite, trabaja en aplicaciones relacionadas con la tierra como la fusión de nieve, los glaciares, procesos de remoción en masa, deslizamientos y monitoreo del océano. En este caso, su tarea consiste en generar aplicaciones que permitan detectar objetos en el mar, como barcos ilegales o manchas de petróleo.

“Desde el punto de vista personal, mi trabajo y desarrollo son gratificantes porque siempre quise seguir esta línea”, comenta Solorza.  En su formación de grado encontró la chispa que disparó su elección de trabajo: “En la facultad me mostraron el tema de teledetección, entre otros, y tuve la posibilidad de seguir ese camino”, indica.

En cuanto a su desarrollo profesional en la Conae, dice que no tuvo barreras y que tampoco sufrió discriminación, “pero, como en todos lados -señala- hay micromachismos y es una lucha constante al respecto”.

Enajenarse para ser parte

En las universidades donde se formaron, siempre los varones eran amplia mayoría entre lxs estudiantes, situación que se mantiene en la actualidad. En algunos casos, transitaron materias siendo las únicas mujeres en el curso o soportaron violencia verbal y disciplinamiento machista por parte de los docentes.

Mientras se especializaba en motores en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), a Sabrina Tántera le dijeron, sin sutilezas, que “la mujer tenía que estar para lavar los platos”.

Desde chica le gustaron “los fierros” y aprendió mecánica de motores en talleres y en circuitos de competición, donde sentía que tenía que comportarse como un varón para poder pertenecer. “Me costó mucho entender que podía hacer mi trabajo desde lo femenino”, cuenta. “Tuve que sanar mucha parte de mi femineidad -agrega- para poder estar en los puestos que fui ocupando”.

Por su parte, Josefina Peres, que estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad de Buenos Aires (UBA), relata que había un dicho que sostenía que las mujeres ingresaban vestidas de una forma y salían ataviadas acorde al estereotipo masculino. “Creo que era para mimetizarnos con los hombres, como si fuera una condición para sentir que teníamos el mismo código y tratar de pasar más desapercibidas en la manada”, acota.

Conciencia de género

Estas profesionales de la industria aeroespacial saben que son referentes para las mujeres que se están formando y también para sus propias pares. De distintas maneras, tienen conciencia de lo que implica desarrollarse en un universo históricamente dominado por varones. Y también tienen claro que la misión Saocom está conformada por una generación que viene cambiando la visión androcéntrica y patriarcal en la gestión de la ciencia y la tecnología.

“Los micromachismos están en todas partes”, advierte Romina Solorza y recuerda que cuando fue a dar un taller sobre el uso de imágenes satelitales para mujeres que están ingresando en la ciencia de datos, “en el bar del lugar del evento, un grupo de hombres grandes dijo que se trataba de ‘brujas de datos’”. Quiso responderles, pero prefirió no enfrentar a varones de otra generación. En cambio, dice que su lucha cotidiana vale la pena por su hija de siete años. “Siento que ella no va a tener que lidiar con eso en su trabajo o profesión y así me quedo tranquila”, expresa.

Una gran referente para muchas de sus propias pares es Josefina Peres. “En breve va a concluir un hito con el lanzamiento del Saocom 1B, porque implica haber desarrollado tecnología que no existía en el país, y es un logro de mujeres y hombres formados con muy alto nivel”, señala. Y agrega: “Somos muchas las mujeres que estamos trabajando dentro del universo sesgado que tenemos y creo que eso es alentador”.

En cuanto a la perspectiva de género, se considera una aprendiz, porque hoy se da cuenta de actitudes machistas que soportó y que eran totalmente naturalizadas y hasta parecían graciosas. “Hubo compañeros en la facultad que me decían que había sacado una buena nota porque era mujer”, recuerda. También, en una cena con compañeros varones durante un viaje de trabajo, le dijeron que con ella se podía hablar como uno más y que hasta se olvidaban de que es mujer. “En ese momento me sentí halagada y ahora me parece insólito, y soy consciente de que hay que romper esas estructuras”, señala.

En su rol de jefa del proyecto Saocom, Peres asume que tiene que gestionar las actividades, los puestos y roles atenta a la perspectiva de género. “Estoy en ese proceso en cuanto a cuidar esta perspectiva, haciéndome responsable, evitando naturalizar lo que yo atravesé y marcando lo que sea necesario”, concluye.

* Periodista especializada en ciencia y salud. Docente universitaria. Integrante de la Red PAR y de la RADPC. Camino la vida con perspectiva de género. Ciclista intermitente.

Quiénes son las que vuelan alto

Josefina Péres (39 años)

Jefa del proyecto Saocom de la Conae.

Ingeniera electrónica, graduada en la UBA. Responsable del equipo de ingeniería de los satélites Saocom. Trabaja en Conae hace 15 años. Durante los primeros cinco, fue ingeniera de sistemas y de procesamiento de imágenes SAR para el proyecto SARAT (SAR Aerotransportado de Conae). Desde el 2011 trabaja en el proyecto Saocom; fue responsable del Instrumento SAR durante la fase de construcción y ensayos, y actualmente es la jefa del proyecto. Además, desde 2019 es la subgerenta de Proyectos Satelitales de la Conae.

Sabrina Laura Tántera (41 años)

Responsable de Integración y Ensayos Mecánicos del proyecto Saocom de la Conae.

Ingeniera aeronáutica, graduada en la UNC. En 2013 ingresó a Conae a través de la empresa Veng SA como parte del equipo de ingeniería en el área de ensayos mecánicos para el desarrollo de los modelos estructurales y de vuelo de la antena radar SAR del Saocom 1A y 1B.

A partir del año 2015 es responsable del área de integración y ensayos mecánicos del Laboratorio de Integración y Ensayos (LIE) de la Conae en Córdoba, donde actualmente se desarrollan diversos proyectos satelitales y para otras industrias.

Florencia Bene (30 años)

Coordinadora de Operación de la misión Saocom de la Conae.

Ingeniera en sistemas de información, graduada en la Universidad Tecnológica Nacional – Facultad Regional Córdoba. En 2015 ingresó a Veng SA como ingeniera de Operaciones para Conae, desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera. Trabaja en la definición de los procesos y procedimientos operativos previos a la puesta en órbita del satélite. En 2018, con el lanzamiento del Saocom 1A pasa a coordinar el equipo de Operaciones, que es el responsable de velar por la ejecución exitosa de los procedimientos operativos y el funcionamiento correcto de los sistemas del segmento de Tierra.

Romina Solorza (41 años)

Profesional técnica de la Subgerencia de Aplicaciones y Productos para la misión Saocom. Licenciada en Geografía, graduada en la Universidad Nacional del Comahue, y magíster en Aplicaciones Espaciales de Alerta y Respuesta Temprana a Emergencias, de la Conae y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Trabaja en la Conae desde el año 2012; en la Gerencia de Observación de la Tierra se desempeña desarrollando aplicaciones y productos para el estudio y monitoreo del medio ambiente, en particular en océanos y geología.