Ambiente masculinizado y violencia de género

Ambiente masculinizado y violencia de género

Por razones estructurales, la razón, la inteligencia y la objetividad son vistas como masculinas. Esas nociones que impregnan el sentido común también condicionan las trayectorias científicas y marcan las disputas de poder dentro del campo de la ciencia.

En Argentina, las mujeres tienen una muy baja representación en los puestos de toma de  decisiones de los ámbitos académico y científico tecnológico. La presencia de mujeres en las posiciones jerárquicas disminuye notablemente, reflejando desigualdades en los mecanismos que regulan la entrada y promoción organizacional en la ciencia y en el reconocimiento social de los talentos femeninos.

Según el informe “Desigualdades de género de las trayectorias científicas” (2016) realizado a nivel nacional para el directorio del Conicet, “en los órganos directivos la participación de las mujeres es muy baja, pudiendo afirmarse que ésta es una institución dirigida por varones. Una hipótesis es que el modelo patriarcal actúa en el sentido de facilitar a los hombres mayores posibilidades de conseguir recursos, modelo que el Conicet reproduciría”.

En la UNC las mujeres son mayoría en todos sus estamentos. Sin embargo, esa superioridad numérica no se refleja en los cargos de mayor jerarquía, dedicación y/o decisión. Según un informe de UNCiencia, que aborda “la desigualdad laboral en el ámbito universitario, desde una perspectiva de género” las estudiantes mujeres tienen un mejor desempeño que los hombres tanto en las calificaciones como en el tiempo en que obtienen el título. Pero algo pasa en el camino a la hora de acceder a los puestos mejor remunerados o de mayor jerarquía.

El “techo de cristal”, según la titular de Secyt, Carla Giacomelli, es prácticamente irrompible para las mujeres que tratan de llegar a  lugares de decisión. Como ejemplo, señala que la Facultad de Ciencias Exactas nunca tuvo una decana (sí vicedecanas), Famaf sólo tuvo una y Ciencias Químicas apenas dos. En los cargos de gestión, vale recordar que tras cuatro siglos de historia de la UNC, la primera mujer rectora fue Carolina Scotto (2007-2013). Y su presencia facilitó la inclusión de más mujeres en las áreas jerárquicas de la gestión, durante los dos mandatos que duró su gestión.


Fuente: D’Onofrio, M. G. y M. V. Tignino (2018); Indicadores diagnósticos sobre la situación de las mujeres en ciencia y tecnología en Argentina y Banco de acciones en género y ciencia. Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología (MECCYT); Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El estudio Un potencial con barreras: la participación de las mujeres en el área de ciencia y tecnología en Argentina, señala que ya en la vida profesional, “al intentar acceder, mantener y promoverse en una posición laboral, la mayoría de las mujeres enfrentan barreras vinculadas a estereotipos de género”. Entre las principales se encuentran: un ambiente masculinizado, prácticas rígidas, que no permiten equilibrio entre la vida personal y profesional, y diferencias en la valoración de las capacidades técnicas.

Además del “techo de cristal” (segregación vertical), en el ámbito laboral las mujeres experimentan los efectos del “piso pegajoso” (segregación horizontal), una metáfora que hace referencia al proceso en el cual ellas quedan en los puestos de trabajo de menor calificación sin poder avanzar hacia aquellos de mayor calificación. La metáfora del “techo de cristal”, en cambio, refiere a la barrera invisible resultante de una compleja trama de estructuras en las organizaciones dominadas por varones que impide a las mujeres acceder a lugares destacados.

“Ambos tipos de segregación se producen por la escasa presencia femenina en las ramas de actividad vinculadas a las ‘ciencias duras’ (tecnología, ingeniería y matemática) y por los estereotipos de género que enfrentan tanto al intentar acceder, mantener y promoverse en una posición laboral, como a la hora de obtener puestos de  responsabilidad y de tomar decisiones que tengan una mayor incidencia en el ámbito científico y tecnológico”, continúa el estudio Un potencial.

A lo anterior se le suman las violencias de género que también existen en el campo científico y que se traducen en múltiples situaciones, favorecidas por la desigual concentración de poder. “Tenemos registrados casos de acoso laboral y sexual de directores a becarias, de investigadores a investigadoras, exigencias desmedidas, maltratos a aquellas personas que deciden maternar o que deben pedir licencia por cuidados”, dice la especialista en antropología del trabajo, Lorena Capogrossi. Y agrega, “en el ámbito del Conicet es relativamente reciente la constitución de instancias que permitan prevenir y mediar en estos casos y la formación de estos espacios ha provocado una visibilización de situaciones terribles, a veces soterradas por muchas décadas”.

Ilustración del libro Mujeres en la ciencia, de Rachel Ignotofsky