Alejandra Vigo, o el feminismo conservador

Alejandra Vigo, o el feminismo conservador

Aunque armó su carrera política en torno a los derechos de las mujeres, la dirigenta peronista votó en contra de la legalización del aborto. El peso de las encuestas en los barrios de Córdoba, la relación del gobierno provincial con las iglesias y la propia trayectoria de la diputada nacional explican la decisión.

Por Bettina Marengo

Que lo decidió Schiaretti en la mesa chica del gobierno, porque las encuestas aconsejaban definiciones conservadoras; que fue un gesto a los sectores religiosos y a cierto empresariado cercano a Hacemos por Córdoba; que la legalización del aborto no está en su ADN político porque ni la izquierda nacional del FIP, donde militó en su juventud, ni el Sindicato de Amas de Casa (SACRA), donde hizo volumen como dirigenta, ni el peronismo clásico en el que se asume, lo bancan. Que fue, en definitiva, una expresión de cordobesismo de una política profesional que quiere ser senadora de la Nación.

Desde que la diputada Alejandra Vigo, perfil cincelado desde hace años en la reivindicación de los derechos de las mujeres, votó en contra de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), los sectores pañuelo verde buscaron explicaciones para lo que consideraron, de mínima, una defección.

Un poco de todo lo anterior hay.

El voto de Vigo fue la única abstención cuando en 2018 la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ILE de la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito. Significó un golpe duro para las mujeres del arco peronista-feminista-progresista que la diputada logró acercar y, en algunos casos, reclutar. Al fin de cuentas, la presidenta del PJ Capital había tomado varios de los reclamos históricos del feminismo y los impulsó como políticas y programas desde la Secretaría de Equidad de la Provincia o desde sus roles legislativos.

Acciones como el programa Córdoba con Ellas, las salas cuna, la recuperación del cuarto mes de licencia por maternidad pago, los planes de protección para mujeres embarazadas y sus hijos, los planes de empleo, la creación del Ministerio de la Mujer y el Polo de la Mujer para trabajar en contra de la violencia, o la incorporación de la violencia de género en el programa médico obligatorio de las obras sociales, la convirtieron en una referenta de género con poder y recursos. O, en el ámbito de la cultura, la creación de la editorial Las Nuestras y la iniciativa Lideresas, desde donde tejió vínculos con organismos internacionales con línea pro aborto, como la ONU, y promocionó a mujeres “verdes” de distintos espacios.

A la diputada, ese perfil le sirvió para hacer un diferencial respecto del gobierno de José Manuel de la Sota, cuyo principal mérito de género fue la ley Riutort del 50 y 50 en cargos legislativos, para ir a buscar el voto de las mujeres a los barrios de la Capital, y para posicionarse en un nivel supraestatal en la temática mujeres.

Dos años después de la abstención, el colectivo feminista de Córdoba esperaba que la esposa de Schiaretti diera el paso que le faltaba y apoyara el proyecto de legalización del aborto que había presentado, esta vez, un gobierno peronista. El error estuvo en equiparar “políticas para las mujeres” con feminismo, posiblemente.

Las brevas no estaban maduras. No sólo su voto fue negativo en la sesión del 10 de diciembre pasado, sino el de toda Córdoba Federal, el único bloque de la Cámara baja que rechazó la IVE en forma unánime, pese a que el diputado Carlos Gutiérrez había expresado a un grupo de dirigentas de la Campaña su posición a favor. Vigo, siempre silenciosa en este tema, seguramente intuyó que la decisión no iba a ser individual.

Cuando un gobernador mueve quirúrgicamente sus cuatro votos en el Congreso para dar mensajes políticos adentro y afuera de su provincia, como lo hizo Schiaretti durante todo 2020, cabe preguntarse qué quiso decir el Panal con una posición homogénea que no habilitó la libertad de conciencia que la política liberal, se supone, impone en estos temas.

Cerca de la dirigente minimizan las especulaciones y hablan de feminismo sin aborto y de una cuestión generacional. Sostienen que el peronismo clásico no defiende derechos individuales sino colectivos, que el PJ cordobés nunca tuvo en agenda el aborto, y que Vigo pertenece a “una generación que peleó por derechos sociales”. Cuando se retruca que los derechos de género son, justamente, de género y no individuales, desafían a que alguien encuentre alguna declaración pública de la dirigente a favor de la legalización del aborto. “Nunca expresó apoyo”, resaltan cerca de ella. Es cierto. Pero también lo es el abrazo de Hacemos por Córdoba al epítome de los derechos individuales, el hombre de la soja. 

Política para amas de casa

La hoy “primera dama” llegó a Córdoba desde su San Juan natal a fines de los 70. Era la menor de cinco hermanas y, una de ellas, Elida, la acercó al Frente de Izquierda Popular (FIP), expresión de la izquierda nacional liderada por el historiador Jorge Abelardo Ramos que apoyó al Perón de 1973. En los 90, el partido se zambulló en el menemismo y se disolvió. Ya en democracia, Vigo se sumó a la militancia del Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina (SACRA), que se planteaba como objetivos el reconocimiento económico a la tarea del hogar, la jubilación, y una obra social propia.

Vigo presidió la filial Córdoba entre 1999 y 2007. Tuvo alta incidencia en la creación de Ossacra, la obra social, que recibió el primer empuje durante la presidencia de Carlos Menem. Esa organización “femenina”, de mujeres de familia con hijos, que se referenciaba en Evita Perón, y donde la palabra aborto no tenía ninguna cabida, fue su primera base electoral y su plataforma de proyección política. En lo personal, la historia dice que en una reunión del SACRA realizada en el ex hotel Nogaró conoció a Schiaretti, entonces funcionario nacional, al que habían invitado para pedirle financiamiento para obras. 

El resto es conocido. A fines de los 90, Schiaretti se acercaría a De la Sota en la alianza Unión por Córdoba, sobre la base de un acuerdo con Menem que la propia Olga Riutort se encargó de agradecer en redes sociales tras la muerte del riojano. El oficialismo provincial sustentado en las figuras del ex renovador trocado en privatizador, y del hombre ahijado por la Fundación Mediterránea, se afianzó hasta nuestros días mediante una alianza con el empresariado más concentrado de la provincia, donde el Opus Dei tiene sus representantes, el sector rural y el Arzobispado que conduce Carlos Ñáñez.

Encuestas y calzas negras

Hay varias lecturas sobre cómo se decidió el voto en bloque del schiarettismo en contra de la IVE. Se sabe que el gobierno provincial mide la opinión de los cordobeses hasta para asumir determinadas actitudes (“¿Qué tipo de relación debería tener Schiaretti frente al gobierno nacional?”, es una pregunta que se repite en los sondeos que el jefe de Hacemos por Córdoba recibe cada viernes). La palabra del asesor Roberto Sposetti, quien se jacta de leer la calle, se escucha y mucho. El rechazo se habría resuelto en una reunión virtual de la mesa chica, encabezada por el gobernador, en la que se mostraron y se analizaron finito los resultados de varias encuestas. “La mayoría de los cordobeses, sobre todo las mujeres a las que Vigo les habla, no estaba de acuerdo con legalizar el aborto”, sintetizó un informante. “Ni pañuelos celestes ni pañuelos verdes, nosotras en el territorio somos calzas negras”, graficó una dirigente de la ciudad de Córdoba, en clave de estereotipo barrial.

La diputada finaliza su mandato a fin de 2021 y, en los comicios de este año, irá por una banca en el Senado, en una elección que no será fácil para el gobierno. “No va poder pisar los barrios si vota a favor”, prometió una dirigente y autoridad del PRO Córdoba que se mueve con sectores religiosos. El rechazo fue también una señal de no seguidismo al gobierno nacional para una provincia anti K, en un tema donde la Casa Rosada no necesita el apoyo del peronismo cordobés para avanzar. De hecho, aseguran que Wado de Pedro, el ministro del Interior, desdramatizó el asunto y lo entendió en clave de política interna.

Una fuente muy cercana a Schiaretti, que no desacuerda con la IVE, le dijo a esta cronista que “en todo el interior (del país), me parece que este no es un tema, sino sólo del activismo”. Sin embargo, en comparación con “todo el interior”, Córdoba fue una de las provincias que menos votos afirmativos aportó en Diputados y, decididamente, el peronismo mediterráneo fue el más conservador de la Región Centro.

El tándem Schiaretti-Vigo optó por una ecuación de realpolitik: era menos oneroso perder imagen frente al “activismo” y el núcleo verde, que votos de los sectores más amplios que hacen diferencia numérica en una elección.  “No podíamos regalar el medio”, admitió una “viguista”. En general, las encuestas marcaban una franja ancha de personas a favor de interrumpir el embarazo “en determinadas condiciones”, como violación, peligro de vida de salud de la gestante, o contextos de alta vulnerabilidad, pero no como un derecho sólo limitado por las semanas de gestación.

No a la libertad individual

Ese “término medio” se vio reflejado en la propuesta alternativa y testimonial de despenalización que la legisladora presentó en el Congreso, que defendió con el argumento de que el aborto “no es un derecho de la mujer sobre su cuerpo ni el ejercicio de la libertad individual”, sino un drama, que el principio del derecho al aborto “consagra una visión individualista sobre el tema” y que una “mala relación” no puede resolverse con un aborto. El proyecto tuvo letra del ministro de Salud Diego Cardozo, pañuelo celeste de la primera hora, y cayó como una bomba en el movimiento feminista de Córdoba.

Como la abstención del 2018, el argumento de la despenalización fue el punto intermedio para coincidir con la jugosa zona gris de los no irreductibles a favor o en contra, que no se molestarían con la posición final de oposición a la legalización.

En cualquier caso, el PJ siguió en silencio el proceso desde la presentación de la iniciativa en el Parlamento hasta su sanción. Si bien las mujeres más jóvenes se nuclearon en “Peronistas por la IVE”, también hubo nuevas generaciones en “Peronistas por la Vida”, las dos agrupaciones que nacieron del debate. Pero no llegaron a conformar un verdadero clima de debate en el partido de gobierno, más allá de algunas expresiones en redes sociales y de una escuálida marcha organizada por dirigentes cristianos, los funcionarios municipales María José Viola y Juan Domingo Viola. La pandemia ayudó, pero la parálisis partidaria y la verticalidad son sellos del oficialismo provincial. Aseguran que Vigo evitó encuentros con representantes de ambas posiciones para evitar “intentos de incidencia”.

Ni hizo falta. Hay sectores en Córdoba que no necesitan ser recibidos por el poder.

Pastores y prédica radiofónica


En Córdoba, las iglesias fueron un factor central en la disputa de poder por la aprobación de la ILE. Y la vinculación del gobierno provincial con el Arzobispado quedó expuesta cuando Ñáñez ganó sin batallar la pelea por las misas presenciales en el contexto de las restricciones por el Covid. El oficialismo contó también con dos jugadores poderosos, Mario Pereyra, el influencer más grande que tuvo Córdoba, y su histórico gerente, Carlos Molina, hombre vinculado al catolicismo más reaccionario, que desde la radio Cadena 3 multiplicaron por millones la pauta publicitaria y el mensaje antiabortista.

Las iglesias evangélicas no tuvieron que remar para crecer en los barrios de la Capital. Se sabe de la alianza del ex intendente Luis Juez, conocido “pañuelo celeste”, con Medea y, actualmente, de los acuerdos territoriales de Martin Llaryora, también anti aborto legal, con Cita con la Vida, la iglesia evangélica más grande de Córdoba. Su pastor líder, Carlos Belart, es un hombre de consulta de políticos de diferentes camisetas partidarias que ya tuvo sus encuentros con el intendente capitalino.

Como sea, católicos y evangélicos saltaron por encima de la Reforma del siglo XVI y organizaron juntos las marchas “por la vida” y las vigilias celestes. Ya habían operado juntos para paralizar seis años en la Justicia el protocolo del Aborto No Punible. Igual que el colectivo feminista, los religiosos pusieron en foco el voto de Vigo. “No nos conformamos con la abstención, queremos el rechazo”, dijo un pastor evangélico que supo arengar la marcha cordobesa contra el gobierno nacional por la frustrada nacionalización de Vicentin.


Foto principal: Lideresas – Gobierno de Córdoba.