Jóvenes feministas católicas*

Jóvenes feministas católicas*

Laura Villanueva y Natalia Rodríguez integran el área ecuménica de Católicas por el Derecho a Decidir y la Red de Jóvenes. En el artículo repasan demandas y debates de las nuevas generaciones de activistas cristianas feministas y disidentes.

“¿Se puede ser feminista y católica?”. Es la pregunta más frecuente que recibimos al iniciar este camino de militancia. No sólo respondemos afirmativamente, sino que sostenemos que nuestra identidad feminista es, para nosotras, una consecuencia directa de la experiencia cristiana. Nos cuestionan por la identidad católica romana y también por la identidad feminista. La jerarquía eclesial tensiona nuestra existencia. Y para muchos otros espacios, somos una contradicción: por nombrarnos feministas y permanecer en una institución hegemónica y patriarcal. Las contradicciones -o más bien disidencias- no son nuevas.

Desde hace siglos, en la iglesia católica romana conviven diferentes prácticas y entendimientos sobre lo que implica el seguimiento de Jesús: desde Santa Teresa de Jesús, quien criticó la desigualdad entre hombres y mujeres que la iglesia predicaba y aún predica; hasta María Jesús de Ágreda y Sor Juana Inés de la Cruz, quienes a través de sus escritos transgredieron las ideas de la época. Más cerca de nuestro tiempo, durante la dictadura militar en Argentina, se escuchó la voz profética de Enrique Angelelli que junto a laicos y laicas comprometidas con la justicia social conformó una “corriente tercermundista” que les significó persecución, prisión, torturas, exilio o muerte.

Fue también en esa época, entre los años 70 y 80, cuando surgió la Teología de la Liberación, una mirada crítica que puso en evidencia las contradicciones generadas por situaciones de discriminación o injusticia hacia adentro de las iglesias y ofreció alternativas de interpretación de las escrituras sagradas que significaron prácticas liberadoras para muchas personas.

Frente a otras interpretaciones bíblicas que hacen una lectura condenatoria sobre las identidades de género y sexualidades disidentes es que se vuelve clave reivindicar una lectura en clave de liberación de las escrituras sagrados. Tal lectura dio origen a la teología feminista que nace de “la toma de conciencia de las mujeres acerca de la disparidad entre las interpretaciones tradicionales heredadas sobre su identidad y función dentro de la comunidad humana y su propia experiencia sobre sí mismas en la vida real”. Así lo afirma la   teóloga feminista y bioética Margaret Farley. También Ivone Guevara, Marcella Althaus-Reid, Elsa Tamez, Marilú Rojas y Nancy Cardozo hicieron aportes de gran relevancia como teólogas feministas latinoamericanas. Nosotras nos reconocemos herederas de esa teología, que a su vez nace dentro de la iglesia como una heredera de la teología de la liberación.

Herederas y activistas

Las católicas romanas salimos al diálogo con otras cristianas que también reclaman cambios dentro de sus iglesias. A pesar de ser mayoría, seguimos sin tener visibilidad y sin ser escuchadas. Pero cada vez son más las mujeres que se organizan para integrar movimientos sociales por los Derechos Humanos. Y al hablar de Derechos Humanos hablamos también de Derechos Sexuales y Reproductivos. Como Católicas por el Derecho a Decidir, adherimos a la afirmación hecha por Marilú Rojas Salazar, teóloga feminista católica: nosotras “estamos defendiendo dejar de sacrificar otra vez a las mujeres en aras de un discurso patriarcal. (…) El derecho a decidir pasa por la corporalidad, por el sufrimiento de muchas mujeres que en su mayoría son pobres. Cuando hablamos de una Teología de la Liberación en América Latina tendríamos que hablar también de una Teología de la Liberación Feminista que tome en cuenta la principal opción de los pobres, pero sabiendo que el sujeto más pobre entre los pobres son las mujeres. Si queremos ser coherentes y estamos a favor de la vida, necesitamos también estar a favor de la vida de las mujeres”.

Conformamos espacios ecuménicos que no evitan discutir todo lo concerniente a nuestras instituciones, asumiendo que no tienen el monopolio de la verdad, de la salvación o de la gracia. Nos congregamos, oramos, dialogamos, reflexionamos, tomamos decisiones, creamos y co-creamos otras posibilidades de agenciamiento. Formamos comunidades solidarias, sororas y amorosas que caminan nuevos senderos en búsqueda de liberación.

Así también nació la Red de Jóvenes Católicas por el Derecho a Decidir y “Las Magdalenas”, grupo de reflexión teológica feminista. Fue durante el 2017, tras algunas reuniones entre adultas y jóvenes católicas de Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Formosa, Chaco y Córdoba. Nos movía y mueve el deseo y el compromiso con la justicia sexual y (no) reproductiva. Como expuso Marta Alanis, fundadora de Católicas por el Derecho a Decidir Argentina y referente histórica de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en el Congreso de la Nación: “Nosotras, mujeres católicas, estamos a favor de la despenalización y legalización del aborto, porque las mujeres católicas abortamos”.

Visibilizar nuestras vivencias y que se escuchen nuestras voces sobre los derechos sexuales y (no) reproductivos como católicos y católicas teje puentes para otras personas. Nombrarnos como mujeres católicas, lesbianas, trans, travestis, no binaries, maricas, entre otres, es alzar la voz para contrarrestar los discursos y prácticas de odio y violencia hacia nuestras demandas y existencias de la jerarquía eclesial.

Sabemos que nos seguirán preguntando sobre nuestras identidades y celebramos las preguntas que movilizan y cuestionan. Enunciamos desde una interseccionalidad que nos atraviesa, como mujeres racializadas, mujeres marrones nacidas en el norte del país. Militamos desde la fe por los Derechos Humanos. Y seguiremos insistiendo en nombrarnos desde nuestras historias.

Creemos en la transformación de las estructuras dominantes, de la sociedad y del Estado, así como también sostenemos los reclamos por justicia social, racial, ambiental y de género. Para ello, nos seguiremos encontrando en las calles, a través de las redes sociales durante este tiempo de pandemia y en los diversos espacios de construcción desde las bases. Es una decisión que guarda también la memoria y la tradición de quienes transitaron este recorrido antes que nuestra generación. Somos herederas; también activistas que acompañan los cambios de su generación.

Esperamos contra toda esperanza que, así como hoy la teología de la liberación es reconocida por el Papa Francisco, en un futuro tal vez también el clamor de justicia que elevamos las mujeres y las personas de la diversidad sexo-genérica sea escuchado. No bajaremos los brazos. Los feminismos llegaron para transformar todas las instituciones, también las eclesiales.

* Católicas por el Derecho a Decidir